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2 TAMAÑOS Y ÓRBITAS DE LOS ASTEROIDES
Ceres, clasificado como planeta enano desde agosto de 2006, ha
sido considerado siempre el mayor de los asteroides conocidos,
con un diámetro de unos 950 kilómetros. Vesta y Palas tienen
diámetros de unos 500 km; aproximadamente 200 asteroides
tienen diámetros de más de 100 km, y existen miles más
pequeños.
La masa total de todos los asteroides del Sistema Solar es
mucho menor que la de la Luna. Los cuerpos más grandes son más
o menos esféricos, pero los que tienen diámetros menores de
160 km suelen presentar formas alargadas e irregulares. La
mayoría, independientemente de su tamaño, tardan de 5 a 20
horas en completar un giro sobre su eje. Algunos asteroides
tienen ‘compañeros’. En 1993 la sonda espacial de la NASA
Galileo, en su viaje hacia Júpiter, detectó por primera vez la
presencia de un satélite en torno a un asteroide, el 243 Ida,
y en la actualidad ya se han descubierto más de 30 de estos
pequeños cuerpos.
Algunos científicos piensan que los asteroides pudieran ser
los restos de un planeta que resultó destruido. Pero se cree
que lo más probable es que ocupen el lugar en el Sistema Solar
en donde se podría haber formado un planeta de tamaño
considerable, lo que no ocurrió por las influencias
disruptivas de Júpiter. Quizá en un principio existieran unas
pocas docenas de asteroides que posteriormente se fragmentaron
por colisiones mutuas hasta producir el número actual.
Los llamados asteroides Troyanos están situados en dos nubes,
una que gira 60° por delante de Júpiter, en el plano de su
órbita, y la otra 60° por detrás. En 1977, el asteroide Quirón
fue descubierto en una órbita entre la de Saturno y la de
Urano. A comienzos de la década de 1990 se descubrió que unos
75 asteroides (los asteroides de Amor) cruzaban la órbita de
Marte, unos 50 (los asteroides de Apolo) cruzaban la órbita de
la Tierra y menos de 10 (los asteroides de Atón) tienen
órbitas menores que la de la Tierra. Uno de los mayores
asteroides interiores es Eros, de forma alargada, con una
longitud de unos 34 km. Un extraño asteroide de Apolo, Faetón,
de unos 5 km de ancho, se acerca al Sol más que cualquier otro
asteroide conocido (20,9 millones de kilómetros). También se
le relaciona con el regreso anual de la corriente de meteoros
de Géminis.
3 COMPOSICIÓN DE LA SUPERFICIE
Se cree que la mayoría de los meteoritos recuperados en la
Tierra son fragmentos de asteroides. Las observaciones de
asteroides mediante espectroscopia telescópica y por radar,
parecen apoyar esta hipótesis. Los científicos creen que los
asteroides, al igual que los meteoritos, se pueden clasificar
en varios tipos.
Las tres cuartas partes de los asteroides visibles desde la
Tierra pertenecen al tipo C, y parecen estar relacionados con
una clase de meteoritos conocidos como condritos carbonáceos.
Se considera que son los materiales más antiguos del Sistema
Solar, con una composición que refleja la de las primitivas
nebulosas solares. De color muy oscuro, probablemente causado
por su contenido en hidrocarburos, presentan pruebas de haber
adsorbido agua de hidratación. Así pues, a diferencia de la
Tierra y de la Luna, nunca se han reblandecido o recalentado
desde que se formaron.
Los asteroides del tipo S, relacionados con los meteoritos
pétreos-ferrosos, constituyen aproximadamente el 15% del
total. Mucho más raros son los objetos del tipo M, que
corresponden por su composición a los meteoritos ferrosos.
Compuestos de una aleación de hierro y níquel, representan los
núcleos de los cuerpos planetarios reblandecidos y
diferenciados, a los que los impactos despojaron de sus capas
externas.
Unos pocos asteroides, entre ellos Vesta, quizá estén
relacionados con la clase más extraña de meteoritos: los
acondritos. Estos asteroides parecen tener en su superficie
una composición ígnea semejante a la de muchos torrentes de
lava terrestres y lunares. Por ello, los astrónomos están
razonablemente seguros de que Vesta, en algún momento de su
historia, se reblandeció de forma parcial. Los científicos se
muestran desconcertados ante el hecho de que algunos de los
asteroides se hayan reblandecido y otros no. Una posible
explicación es que el primitivo Sistema Solar contuviera
ciertos isótopos concentrados, muy radiactivos, que hubieran
generado el calor suficiente para reblandecer los asteroides.
4 EXPLORACIÓN
Algunos de los asteroides que se acercan a la Tierra son
objetivos relativamente fáciles para las misiones espaciales.
En 1991 la sonda Galileo captó el primer plano de un
asteroide. Las imágenes muestran que el pequeño cuerpo 951
Gaspra está salpicado de cráteres y revelan la existencia de
un manto de material detrítico o regolito que cubre la
superficie del asteroide.
En 1996 la NASA lanzó la sonda Near Shoemaker, que entró en
órbita del asteroide Eros en febrero de 2000 y, un año más
tarde, se posó sobre su superficie. Esta misión permitió
obtener datos importantes sobre su corteza, su composición
química y su gravedad, lo que contribuyó al esclarecimiento de
su origen, en los primeros tiempos del Sistema Solar.
En 1999 la sonda Deep Space 1, lanzada por la NASA para probar
nuevas tecnologías espaciales, pasó muy próxima al asteroide
Braille. Las mediciones realizadas por la sonda revelaron que
la composición de este asteroide era muy similar a la de
Vesta.
El 9 de mayo de 2003, la agencia japonesa ISAS (Institute of
Space and Astronautical Science), en la actualidad JAXA (Japanese
Aerospace Exploration Agency), lanzó la sonda Muses-C,
rebautizada como Hayabusa, con destino al asteroide Itokawa,
de unos 500 m de largo. Se trata de la primera misión
destinada a tomar muestras de un asteroide y traerlas de
vuelta a la Tierra. La sonda se posó por primera vez sobre
Itokawa el 20 de noviembre de 2005; aunque permaneció sobre su
superficie unos 30 minutos, no pudo lanzar el proyectil que le
habría permitido recoger las muestras de polvo. Seis días
después, Hayabusa alcanzó de nuevo el asteroide y, según
informó la agencia JAXA, logró recoger muestras de su
superficie, si bien la propia agencia aclaró que el éxito de
la captura no se podrá confirmar hasta el regreso de la sonda
a la Tierra, previsto para 2010. El análisis de las
fotografías y los datos enviados por la sonda hace pensar a
los científicos que el asteroide es un “montón de escombros
rocosos” en vez de una única gran roca. La superficie presenta
unas zonas muy lisas, como mares de arena, y otras rugosas,
con pocos cráteres de impacto. Los principales componentes del
asteroide parecen ser olivino y piroxeno.
Artículo enviado
por Mª José Barberá Cotina
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