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Barómetro
Un barómetro de mercurio ordinario está formado por un tubo de
vidrio de unos 850 mm de altura, cerrado por el extremo
superior y abierto por el inferior. Cuando el tubo se llena de
mercurio y se coloca el extremo abierto en un recipiente lleno
del mismo líquido, el nivel del tubo cae hasta una altura de
unos 760 mm por encima del nivel del recipiente y deja un
vacío casi perfecto en la parte superior del tubo. Las
variaciones de la presión atmosférica hacen que el líquido del
tubo suba o baje ligeramente; al nivel del mar no suele caer
por debajo de los 737 mm ni subir más de 775 mm. Cuando el
nivel de mercurio se lee con una escala graduada denominada
nonius y se efectúan las correcciones oportunas según la
altitud y la latitud (debido al cambio de la gravedad
efectiva), la temperatura (debido a la dilatación o
contracción del mercurio) y el diámetro del tubo (por los
efectos de capilaridad), la lectura de un barómetro de
mercurio puede tener una precisión de hasta 0,1 milímetros.
Un barómetro más cómodo (y casi tan preciso) es el llamado
barómetro aneroide, en el que la presión atmosférica deforma
la pared elástica de un cilindro en el que se ha hecho un
vacío parcial, lo que a su vez mueve una aguja. A menudo se
emplean como altímetros (instrumentos para medir la altitud)
barómetros aneroides de características adecuadas, ya que la
presión disminuye rápidamente al aumentar la altitud.
Para predecir el tiempo es imprescindible averiguar el tamaño,
forma y movimiento de las masas de aire continentales; esto
puede lograrse realizando observaciones barométricas
simultáneas en una serie de puntos distintos. El barómetro es
la base de todos los pronósticos meteorológicos.
Artículo
publicado por Marc Esteve
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