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El Color
La luz visible está formada por vibraciones electromagnéticas
cuyas longitudes de onda van de unos 350 a unos 750 nanómetros
(milmillonésimas de metro). La luz blanca es la suma de todas
estas vibraciones cuando sus intensidades son aproximadamente
iguales. En toda radiación luminosa se pueden distinguir dos
aspectos: uno cuantitativo, su intensidad, y otro cualitativo,
su cromaticidad. Esta última viene determinada por dos
sensaciones que aprecia el ojo: la tonalidad y la saturación.
Una luz compuesta por vibraciones de una única longitud de
onda del espectro visible es cualitativamente distinta de una
luz de otra longitud de onda. Esta diferencia cualitativa se
percibe subjetivamente como tonalidad. La luz con longitud de
onda de 750 nanómetros se percibe como roja, y la luz con
longitud de onda de 350 nanómetros se percibe como violeta.
Las luces de longitudes de onda intermedias se perciben como
azul, verde, amarilla o anaranjada, desplazándonos desde la
longitud de onda del violeta a la del rojo. Véase Movimiento
ondulatorio.
El color de la luz con una única longitud de onda o una banda
estrecha de longitudes de onda se conoce como color puro. De
estos colores puros se dice que están saturados, y no suelen
existir fuera del laboratorio. Una excepción es la luz de las
lámparas de vapor de sodio empleadas en ocasiones para la
iluminación de calles y carreteras, que es de un amarillo
espectral casi completamente saturado. La amplia variedad de
colores que se ven todos los días son colores de menor
saturación, es decir, mezclas de luces de distintas longitudes
de onda.
2 COLORES PRIMARIOS
El ojo humano no funciona como una máquina de análisis
espectral, y puede producirse la misma sensación de color con
estímulos físicos diferentes. Así, una mezcla de luces roja y
verde de intensidades apropiadas parece exactamente igual a
una luz amarilla espectral, aunque no contiene luz de las
longitudes de onda asociadas al amarillo. Puede reproducirse
cualquier sensación de color mezclando aditivamente diversas
cantidades de luces roja, azul y verde. Por eso se conocen
estos colores como colores aditivos primarios. Si se mezclan
luces de estos colores primarios con intensidades
aproximadamente iguales se produce la sensación de luz blanca.
También existen parejas de colores espectrales puros, que si
se mezclan aditivamente, producen la misma sensación que la
luz blanca, por lo que se denominan colores complementarios.
Entre esos pares figuran determinados amarillos y azules, o
rojos y verdes azulados.
Todos los objetos tienen la propiedad de absorber y reflejar
ciertas radiaciones electromagnéticas. La mayoría de los
colores que experimentamos normalmente son mezclas de
longitudes de onda que provienen de la absorción parcial de la
luz blanca. Casi todos los objetos deben su color a los
filtros, pigmentos o pinturas, que absorben determinadas
longitudes de onda de la luz blanca y reflejan o transmiten
las demás; estas longitudes de onda reflejadas o transmitidas
son las que producen la sensación de color, que se conoce como
color pigmento.
Los colores pigmento que absorben la luz de los colores
aditivos primarios se llaman colores sustractivos primarios.
Son el magenta —que absorbe el verde—, el amarillo —que
absorbe el azul— y el cyan (azul verdoso), que absorbe el
rojo. Por ejemplo, si se proyecta una luz verde sobre un
pigmento magenta, apenas se refleja luz, y el ojo percibe una
zona negra. Los colores sustractivos primarios pueden
mezclarse en proporciones diferentes para crear casi cualquier
tonalidad; los tonos así obtenidos se llaman sustractivos. Si
se mezclan los tres en cantidades aproximadamente iguales,
producen una tonalidad muy oscura, aunque nunca completamente
negra. Los primarios sustractivos se utilizan en la fotografía
en color: para las diapositivas y negativos en color se
emplean tintes de color magenta, cyan y amarillo; en las
fotografías en color sobre papel se emplean tintas de estos
mismos colores; también se usa tinta negra para reforzar el
tono casi negro producido al mezclar los tres colores
primarios.
Nuestra percepción del color de las partes de una escena no
sólo depende de la cantidad de luz de las diferentes
longitudes de onda que nos llega de ellas. Cuando sacamos un
objeto iluminado con luz artificial —que contiene mucha luz
rojiza de altas longitudes de onda— a la luz del día —que
contiene más luz azulada de longitudes de onda cortas— la
composición de la luz reflejada por el objeto cambia mucho.
Sin embargo, no solemos percibir ningún cambio en el color del
objeto. Esta constancia del color se debe a la capacidad del
sistema formado por el ojo y el cerebro para comparar la
información sobre longitudes de onda procedente de todas las
partes de una escena. Edwin Herbert Land, físico
estadounidense e inventor del sistema de fotografía
instantánea Polaroid Land, demostró los cálculos enormemente
complejos que lleva a cabo el ‘retinex’ (como llamó Land al
sistema formado por la retina del ojo y el córtex cerebral)
para lograr la constancia de color.
El ojo y el cerebro también pueden reconstruir los colores a
partir de una información muy limitada. Land realizó dos
diapositivas (transparencias) en blanco y negro de una misma
escena, una vez con iluminación roja para las longitudes de
onda largas y otra con iluminación verde para las longitudes
de onda cortas. Cuando ambas se proyectaron en la misma
pantalla, usando luz roja en uno de los proyectores y luz
verde en el otro, apareció una reproducción con todos los
colores. El mismo fenómeno tenía lugar incluso si se empleaba
luz blanca en uno de los proyectores. Si se invertían los
colores de los proyectores, la escena aparecía en sus colores
complementarios.
3 ABSORCIÓN DEL COLOR
No se conoce bien el mecanismo por el que las sustancias
absorben la luz. Aparentemente, el proceso depende de la
estructura molecular de la sustancia. En el caso de los
compuestos orgánicos, sólo muestran color los compuestos no
saturados (véase Química orgánica), y su tonalidad puede
cambiarse alterándolos químicamente. Los compuestos
inorgánicos suelen ser incoloros en solución o en forma
líquida, salvo los compuestos de los llamados elementos de
transición.
El color también se produce por otras formas que no son la
absorción de luz. Las irisaciones de la madreperla o de las
burbujas de jabón son causadas por interferencia. Algunos
cristales presentan diferentes colores según el ángulo que
forma la luz que incide sobre ellos: este fenómeno se denomina
pleocroísmo. Una serie de sustancias muestran colores
diferentes según sean iluminadas por luz transmitida o
reflejada. Por ejemplo, una lámina de oro muy fina aparece
verde bajo luz transmitida. Las luces de algunas gemas, en
particular del diamante, se deben a la dispersión de la luz
blanca en los tonos espectrales que la componen, como ocurre
en un prisma. Algunas sustancias, al ser iluminadas por luz de
una determinada tonalidad, la absorben e irradian luz de otra
tonalidad, cuya longitud de onda es siempre mayor. Este
fenómeno se denomina fluorescencia o, cuando se produce de
forma retardada, fosforescencia (véase Luminiscencia). El
color azul del cielo se debe a la difusión de los componentes
de baja longitud de onda de la luz blanca del Sol por las
moléculas de gas de la atmósfera. Una difusión similar puede
observarse en una sala de cine a oscuras. Visto desde un lado,
el haz de luz del proyector parece azulado debido a las
partículas de polvo que hay en el aire. Véase también
Daltonismo; Óptica; Radiación.
Artículo enviado
por Elvira Saucedo Marco, León, España.
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