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Historia
evolutiva de las aves
Los primeros fósiles identificados como aves vinculan su
ascendencia a los reptiles, posiblemente a dinosaurios
terópodos de pequeño tamaño del periodo triásico (hace entre
245 y 208 millones de años). El primer fósil de ave que se
conoce es Archaeopteryx, que tiene un tamaño parecido
al de una paloma pequeña. Se han encontrado siete especímenes
completos o parciales —y una única pluma— en los estratos de
roca caliza de Solnhofen, en Alemania, y todos proceden del
periodo jurásico superior. Esta especie posee una mezcla de
las características anatómicas de los dinosaurios y de las
aves. Si estos esqueletos primitivos no hubieran mostrado
huellas de plumas, exactamente iguales a las de las aves
actuales, los fósiles podrían haberse identificado como unos
dinosaurios algo peculiares y de pequeño tamaño. El
Archaeopteryx se diferencia de las aves actuales en que
tenía dientes, garras en los dedos anteriores y en que las
vértebras caudales no estaban fusionadas. Éstas formaban una
cola larga y parecida a la de un lagarto, pero tenía un par de
plumas ribeteando cada hueso. Sin duda, las plumas
evolucionaron a partir de las escamas reptilianas, pero no se
tienen las pruebas fósiles para conocer el modo de transición
de una estructura a la otra. Por otro lado, algunos rasgos del
esqueleto de Archaeopteryx son típicos de las aves
actuales y no reptilianos. Aunque Archaeopteryx es el
ave más antigua conocida hasta la fecha no se piensa que sea
la antecesora del resto. Actualmente existe una gran
controversia sobre el grupo de reptiles que dio origen a las
aves aunque el reciente hallazgo de dos dinosaurios con plumas
descubiertos en la provincia de Liaoning en China parece
indicar que las aves son descendientes de dinosaurios
terópodos.
Desde el descubrimiento de Archaeopteryx se han
descrito varias supuestas aves de mayor antigüedad aunque
ninguna ha resultado ser un ave. El hallazgo que mayor
atención ha producido ha sido Protoavis texensis. Este
fósil se descubrió en 1986 en Texas, Estados Unidos, en
sedimentos con 225 millones de años de antigüedad, siendo por
tanto 75 millones de años más antiguo que Archaeopteryx.
Hasta 1991 no se publicó una descripción formal aunque
incompleta del ejemplar. La ausencia de plumas, entre otras
razones, ha conducido a que este fósil no sea aceptado como
ave por la comunidad científica internacional aunque la
controversia continúa.
Uno de los aspectos más interesantes de la evolución de las
aves es el origen del vuelo. Aunque no cabe duda de que
Archaeopteryx era capaz de volar, al ser el ave más
antigua, las discusiones sobre el origen del vuelo están
centradas en él. Según la teoría arbórea, las protoaves
trepaban por los troncos de los árboles, saltando de rama en
rama y a otros árboles. Al principio utilizarían las alas
únicamente para planear usando la fuerza de la gravedad como
propulsor para finalizar volando activamente mediante el
batido de las alas. Esta teoría estaría apoyada por las
costumbres arbóreas de Archaeopteryx y por su capacidad
para trepar por los troncos indicada por las uñas de sus dedos
anteriores. Siguiendo a la teoría corredora, las protoaves
serían rápidos corredores bípedos que utilizarían las alas
bien para equilibrarse al saltar y correr o para capturar
presas animales con ellas usándolas a modo de red. Las alas
aumentarían la distancia a la que estos cazadores podrían
saltar facilitando su huida de un depredador. Esta teoría se
vería apoyada por el hecho de que las aves provienen de
dinosaurios bípedos corredores y de que las plumas se
originaron antes que el vuelo, según muestra el hallazgo de
dinosaurios emplumados de China. Ninguna de las dos teorías
está completamente aceptada.
En el periodo cretácico (145-65 millones de años) se
encontraban presentes cuatro grandes grupos de aves fósiles de
los que sólo uno sobrevivirá a la extinción de finales del
cretácico. Las masas continentales estaban dominadas por el
grupo de los Enantiornites que poseían una morfología
intermedia entre Archaeopteryx y las aves modernas. Las
principales diferencias entre este grupo y el ave más antigua
están relacionadas con una mejora en la habilidad para volar.
Los Enantiornites estaban distribuidos por toda la Tierra y
los hallazgos más antiguos apenas los separan 10 millones de
años con Archaeopteryx. En España han aparecido varias
especies de Enantiornites, especialmente en el yacimiento
lacustre de Las Hoyas, en la provincia de Cuenca. El primero
de ellos fue descubierto en 1988 y fue denominado
Iberomesornis romerali; en 1992 se describió la especie
Concornis lacustris en la misma localidad. Estas aves
poseían los huesos de los hombros y de la cola iguales a los
de las aves actuales, pero con la pelvis y las extremidades
posteriores primitivos. Los fósiles procedían del periodo
cretácico, hace entre unos 130 y 120 millones de años. El
descubrimiento de otro fósil con una anatomía intermedia se
anunció en China en el año 1990. En la provincia de Liaoning
se encontró un ave fósil del tamaño de un gorrión que,
probablemente, sólo era entre 10 y 15 millones de años
posterior a las primeras aves. Sus alas y su cola eran más
parecidas a las de las aves existentes, pero sus costillas, su
pelvis y sus extremidades posteriores eran aún primitivos. Las
zonas costeras y marinas estaban pobladas por dos tipos
distintos de aves acuáticas cuyo esqueleto se diferenciaba muy
poco del de las actuales. Sin embargo, todavía tenían dientes
y colas más largas. Los Hesperornitiformes se parecían
superficialmente a un colimbo gigante y eran no voladores. Los
Ictiornitiformes eran semejantes a las gaviotas actuales,
tanto en tamaño como en estilo de vida. El último grupo de
aves cretácicas y el único que pasó al siguiente periodo
geológico es el denominado ‘limícolas de transición’, que dio
origen a la mayoría de las aves modernas.
Al principio del periodo terciario (65-1,6 millones de años)
se produce una enorme y rápida diversificación de las aves a
partir de los ‘limícolas de transición’ de tal modo que en
apenas 5-10 millones de años aparecen todos los grupos de aves
actuales. El último grupo en aparecer fue el de los
Paseriformes, a mediados del terciario.
El periodo cuaternario, que se inició hace cerca de 1,6
millones de años, se divide en dos épocas: el pleistoceno y el
holoceno (que abarca el presente); la transición se sitúa hace
unos 10.000 años. La mayoría de las especies de aves actuales,
u otras muy parecidas, evolucionaron durante el plioceno y el
pleistoceno. Algunas desaparecieron por completo, posiblemente
debido a las rigurosas fluctuaciones climáticas originadas por
el avance y el retroceso de los grandes glaciares que tuvieron
lugar durante el pleistoceno.
La extinción es un proceso natural de la evolución y, sin
duda, algunas especies se han extinguido a partir de la
aparición de la especie humana. Desde el inicio de la historia
escrita, de las casi 10.000 especies de aves conocidas hasta
entonces han desaparecido, al menos, 75. La mayoría han sido
exterminadas por los seres humanos, o por lo animales que
éstos han introducido en todo el mundo; o bien se han
extinguido debido a que la actividad humana ha alterado de
forma drástica el medio, de modo que las aves no pudieron
sobrevivir. Desde la segunda mitad del siglo XX, la
deforestación de bosques, el drenaje de pantanos y marismas y
la destrucción de otros hábitats han sido tan frecuentes (en
especial en los trópicos), que resulta imposible calcular
cuántas especies de aves se han perdido.
Clasificación de las aves
La clasificación de las aves es discutible incluso entre los
expertos. En general, la asociación de las especies
emparentadas no entraña dificultades, pero a escalas
superiores las relaciones filogenéticas son cada vez más
imprecisas. Se discute sobre la relación que existe entre los
diferentes órdenes de aves actuales y entre éstos y los
descubiertos a través de los fósiles. La polémica se agudiza
cuando se encuentran fósiles nuevos o se desarrollan técnicas
distintas para el estudio de las aves.
Las primeras
clasificaciones se basaron por completo en la anatomía; en la
actualidad se están revelando con la ayuda de los datos
obtenidos en campos como la bioquímica, la genética y la
conducta comparada. Del mismo modo, las características
anatómicas se están revisando en un esfuerzo por determinar
cuáles son más primitivas y cuáles más evolucionadas. La tabla
de los órdenes de las aves que acompaña a este artículo
representa una de las diversas organizaciones que se han
propuesto.
Distribución de
las aves
Las aves habitan en todos los continentes y en casi todas las
islas del mundo y están adaptadas a todos los hábitats
ecológicos. Varias especies viven en desiertos estériles en
apariencia, en la Antártida, en las junglas, encima de la
línea de la vegetación en las altas montañas, en pantanos y
marismas, en las costas rocosas, en los bosques y campos y en
las ciudades.
Aunque la mayoría de las aves son móviles debido a su
capacidad para volar, las diferentes especies tienen una
determinada distribución geográfica, que puede abarcar desde
varios continentes hasta una única isla de pequeño tamaño. Dos
de las especies más ampliamente distribuidas son el halcón
peregrino y la lechuza común, cuyos nidos se han encontrado en
todos los continentes, excepto en la Antártida. Por contraste,
los sílvidos de Semper sólo se han localizado en la pequeña
isla de Santa Lucía, al oeste de la India, donde podrían estar
a punto de extinguirse. A veces, una familia entera de aves
tiene una distribución limitada. Así ocurre con algunas que
sólo se localizan en Sudamérica, África o Australia. Otras
cinco están confinadas en la gran isla de Madagascar, en el
océano Índico y cuatro más, entre ellas los desaparecidos moas,
se conocen sólo en Nueva Zelanda. La familia con la
distribución más limitada contiene una única especie, el cagú.
Éste es un ave con cresta, de color gris y del tamaño de un
pollo grande que se encuentra sólo en la isla de Nueva
Caledonia, en el Pacífico. Sólo una familia está restringida a
Asia (incluyendo las islas adyacentes al sur y al oeste)
mientras que no existen familias exclusivas de Europa y
Norteamérica, aunque suele concederse la categoría de familia
a los pavos (dos especies de las zonas templadas y tropicales
de Norteamérica), en lugar de considerarles una subdivisión de
la familia de los faisanes.
Varias familias de aves se localizan en todo el mundo en zonas
cuyas condiciones ecológicas son similares. Los colimbos y las
alcas se crían en las regiones subárticas y septentrionales
templadas de Norteamérica, Europa y Asia. Algunas familias
—entre las que destacan aquéllas a las que pertenecen las
anhingas, los loros y los trogones— habitan en las zonas
tropicales de Norte y Sudamérica, África y Asia, y las dos
primeras han alcanzado Australia.
Adaptaciones de
las aves
En general, todas las aves comparten un esquema corporal
similar, aunque existen variaciones en el tamaño y las
proporciones. Las modificaciones para adaptarse a los
diferentes tipos de vida están relacionadas con las distintas
facetas de la supervivencia: búsqueda y captura de alimentos,
evasión de los enemigos y protección de los huevos y crías.
Las aves de mayor tamaño se encuentran entre el grupo que
forman la subclase Ratites, las cuales han perdido la
capacidad de volar y poseen unas extremidades posteriores
potentes para correr. La mayor de todas ellas es el avestruz,
que se aproxima a los 2,5 m de altura y 167 kg de peso. Las
más pequeñas son los colibríes del hemisferio occidental,
entre los que destaca el diminuto colibrí abeja de Cuba. Este
pájaro mide solamente 3 cm desde la punta del pico hasta la
punta de la cola. Las crías recién salidas del cascarón no son
mayores que las abejas obreras. Los colibríes son la única
especie de pájaros que vuela hacia atrás (retroceden desde las
flores de cuyo néctar se han estado alimentando), realizando
verdaderas acrobacias aéreas. Sin embargo, sus patas traseras
y sus pies son demasiado débiles para caminar o saltar y
siempre deben volar de una posición a la siguiente.
Muchas aves persiguen a sus presas buceando, pero ninguna está
tan adaptada para esta tarea como el pingüino. Sus alas se han
modificado de un modo total y se han convertido en unas aletas
rígidas como remos, parecidas a las de una marsopa. Los
pingüinos, que son torpes en la tierra, utilizan sus alas para
bucear con tanta eficacia como otros pájaros lo hacen para
volar. La mayoría de las especies de aves buceadoras —como
colimbos, somormujos y zampullines, cormoranes y algunos
patos— se impulsan con sus potentes pies, aunque algunos
utilizan sus alas para equilibrarse. Casi todas las aves
nadadoras o buceadoras tienen los dedos de los pies conectados
por unas membranas epidérmicas que originan unas paletas muy
eficientes. En algunas especies acuáticas, como en los
somormujos y las fochas, los dedos no están conectados por
membranas, sino que en las proximidades les salen unos grandes
lóbulos o colgajos.
El orden Procelariformes,
se compone sólo de especies marinas con ‘nariz en forma de
tubo’: los albatros, los petreles (véase Proceláridos)
y las pardelas. Anidan en tierra, normalmente en islas, aunque
pasan la mayor parte del año en el mar, donde se alimentan de
peces e invertebrados. En este grupo de aves hay mayor
diversidad de tamaño que en cualquier otro orden. Incluye
desde los petreles de las tempestades, que tienen el tamaño de
un gorrión, hasta los albatros viajeros, que son los pájaros
marinos más grandes, con una envergadura de alas que supera
los tres metros y medio.
El grupo conocido como aves rapaces o de presa incluye el
orden de los búhos, que son cazadores nocturnos, y un orden de
cazadores diurnos al que pertenecen los gavilanes, las
águilas, los halcones y los buitres carroñeros. Todos son
comedores de carne (excepto un buitre africano que se alimenta
de nueces de palma), aunque en las especies de menor tamaño,
la ‘carne’ consista en insectos e incluso algunos se alimenten
sólo de peces. Estas aves están dotadas de picos potentes y
afilados y, excepto los buitres, tienen las patas traseras
adaptadas para agarrar, ya que acaban en unas zarpas o garras
curvas y cortantes.
Diversas familias de aves se han adaptado a una alimentación
basada en insectos voladores y han desarrollado unas alas
largas y una boca de abertura amplia (aunque con frecuencia
tienen picos pequeños). Para esta forma de vida, los más
evolucionados son los vencejos, pertenecientes al orden de los
Apodiformes, que significa ‘sin pies’. Estos pájaros tienen
unos pies tan diminutos que son incapaces de posarse como lo
hacen los colibríes y sólo pueden aferrarse a las superficies
verticales. Aunque no están estrechamente relacionados, los
vencejos se parecen a las golondrinas. Estas últimas son
pájaros cantores paseriformes (capaces de posarse). Los
chotacabras tienen una boca enorme para capturar a los
insectos voladores; a su alrededor presentan una fila de
plumas largas como pelos llamadas cerdas rictales. Es posible
que estas plumas actúen como una especie de trampa para las
moscas. Algunas familias de aves, como los mosquiteros
americanos, comprenden especies que suelen atrapar a los
insectos en las alas y otras que sólo lo hacen en ocasiones.
Las especies que capturan a sus presas durante el vuelo tienen
unas cerdas rictales largas, mientras que en aquellas que los
obtienen de las hojas y ramitas, son pequeñas y finas o
carecen de ellas.
Los pájaros carpinteros golpean los árboles no sólo para
excavar los huecos para sus nidos, sino también para
comunicarse entre sí por medio de un tamborileo. Poseen
cráneos muy gruesos y un sistema para amortiguar los golpes en
los músculos de su cuello y tórax.
El plumaje de las
aves
El plumaje o el conjunto de las plumas de las aves desempeña
diversos papeles. Los de colores intensos, que a veces
presentan plumas ornamentales, son importantes en las
exhibiciones de cortejo para atraer a la pareja. De igual
modo, los machos lo exhiben para tratar de intimidar a otros
que compitan por las hembras o por el territorio.
Algunas aves
están camufladas y se asemejan a su entorno para escapar de la
atención de los posibles depredadores. A veces adoptan una
postura que intensifica la coloración protectora. Las garzas
que viven en los pantanos, llamadas avetoros, se inmovilizan
con sus cuellos rayados y sus picos largos apuntando en línea
recta hacia arriba, con lo que acentúan su semejanza con los
juncos circundantes. Las lechuzas tienen un plumaje similar a
la corteza de un árbol.
Además,
suelen cerrar sus grandes ojos y estirarse tanto que pueden
pasar por una rama achaparrada rota. En muchas especies de
aves, como en la mayoría de los patos y los faisanes, los
machos adultos tienen colores brillantes, mientras que las
hembras y las crías, más vulnerables, se confunden con el
fondo. Otras especies, entre las que destacan los chorlitos,
tienen un patrón de camuflaje que contrasta de forma brusca
con el entorno. Esto hace que, cuando el ave está parada, se
difumine su perfil y sea difícil de reconocer (es el mismo
principio utilizado por las cebras).
Las plumas protegen a todos las aves contra el frío, ya que el
aire que actúa como aislante queda atrapado entre ellas. Las
especies que deben soportar inviernos especialmente duros
generalmente tienen un plumaje más denso que sus parientes de
climas más uniformes. Existen tres especies de perdices
nivales. Son pequeños lagópodos de las tundras árticas y las
montañas altas y las únicas aves que, al igual que algunos
mamíferos como los armiños, adoptan un recubrimiento de color
blanco, casi puro, que las hace invisibles en la nieve. Las
aves nadadoras tienden a tener plumas corporales duras que
repelen el agua, detrás de las cuales se extiende una capa
densa de plumas cortas y vellosas llamadas plumón. Las
excelentes propiedades aislantes del plumón, en especial el de
patos y gansos, lo hacen un material apreciado para la
elaboración de prendas de abrigo, edredones y sacos de dormir.
La mayoría de las aves adultas mudan, es decir, pierden y
reemplazan todas sus plumas, al menos una vez al año. Sin
embargo, en algunas aves de gran tamaño, como águilas y
grullas, la muda de las plumas de vuelo de las alas puede
prolongarse hasta dos años. Estas estructuras están sujetas a
desgaste físico, se decoloran y se vuelven quebradizas tras
largas exposiciones a la luz del sol. En la muda, las plumas
nuevas crecen en los folículos epidérmicos y empujan hacia
afuera a las plumas viejas ya muertas. A menudo, los ciclos de
muda se correlacionan con otros. Por ejemplo, en la mayoría de
las especies migradoras, el plumaje nuevo crece después de la
reproducción y antes de la emigración del otoño.
Sentidos de las aves
La mayoría de las aves tienen ojos relativamente grandes, en
especial, aquéllas que son activas a la luz débil del alba y
del atardecer, o las que viven en la profundidad de los
bosques. Al igual que los seres humanos, las aves pueden
percibir los colores. Esto se deduce tras observar el
importante papel que el color del plumaje desempeña en sus
vidas. Con unas pocas excepciones, los ojos de las aves se
localizan a los lados de la cabeza y no en su parte delantera.
Por esta razón, tienen una percepción pobre de la profundidad,
aunque pueden ver un porcentaje mayor de su entorno sin girar
la cabeza. Los ojos de los búhos están situados en el plano
frontal de ésta, pero no pueden moverse en sus órbitas y, para
mirar hacia los lados, el animal tiene que dirigir la cara
hacia el objeto que le interesa. Incluso estas aves necesitan
un poco de luz para poder ver. Los que cazan en una semi o
total oscuridad, por ejemplo en cuevas o edificios viejos,
utilizan el oído más que la vista.
Como para los búhos, el oído es un sentido esencial para la
mayoría de las aves. Se comunican entre sí de diferentes
maneras a través de voces y suelen reconocer a su pareja y a
sus crías por el sonido más que por la vista. La mayoría de
las aves oyen una escala de sonidos parecida a la que percibe
el oído humano. Sin embargo, algunas especies de pequeño
tamaño no oyen los sonidos graves, pero pueden detectar
frecuencias más altas. Por el contrario, los grandes búhos y
algunas otras especies pueden oír notas demasiado graves para
la escala de audición humana.
El guácharo, de origen sudamericano y parecido al chotacabras,
así como otras especies de Asia y el Pacífico, anida en el
fondo de las cuevas en una oscuridad casi total. Maniobra con
la localización del eco. Chasquean sonidos que rebotan en las
paredes y cuando éstos regresan hasta el oído del animal, un
sistema cerebral parecido a un radar les indica la dirección y
la distancia del obstáculo. Muchos murciélagos poseen un
sistema similar de percepción de sonidos, pero no se ha
encontrado en ningún otro grupo de aves.
El sentido del olfato está muy desarrollado sólo en
determinadas especies de aves para las cuales es muy
importante. En la familia de los buitres americanos sólo el
buitre pavo y el buitre rey tienen unos órganos olfatorios
bien desarrollados. El olfato y la vista les sirven para
localizar animales muertos de los que se alimentan. Tanto el
buitre negro, como su pariente el cóndor, y el buitre
eurasiático (que aunque no está relacionado con los anteriores
es similar desde el punto de vista ecológico), tienen el
olfato poco desarrollado. Los petreles, albatros y pardelas
tienen un olor fuerte y oleaginoso, por lo que no es de
sorprender que su olfato sea importante. Los indicadores, aves
que se encuentran en África y Asia, son de tamaño pequeño y
están algo relacionadas con los pájaros carpinteros. Se
alimentan de las larvas de las abejas y de su cera y localizan
las colmenas por el olfato. Los kiwis, las aves del grupo de
las Ratites de menor tamaño, son casi ciegos y también
localizan su alimento (gusanos y otros invertebrados) a través
del olfato. Se caracterizan por tener las ventanas de la nariz
en la punta del pico.
Se sabe poco acerca del sentido del gusto en las aves, aunque
los experimentos realizados con pollos y palomas domésticas
muestran que tienen preferencia por determinados sabores. Sin
embargo, a diferencia de los mamíferos, las aves tienen pocas
papilas gustativas en la lengua.
Aunque se ha estudiado poco, se sabe que las aves tienen
sentido del tacto y que sus ojos son muy sensibles a él.
Cuando se toca el globo ocular de un ave, se despliega un
tercer párpado llamado membrana nictitante, que recorre la
superficie ocular limpiándola de partículas de suciedad y de
restos de comida. Esta membrana es transparente en parte y
cubre los ojos de las aves nadadoras o buceadoras cuando están
bajo el agua.
Las aves tienen un magnífico sentido del equilibrio y pueden
percibir pequeñas vibraciones. Esto es vital tanto para
mantenerse posados en lugares inestables como para corregir
las corrientes de viento y aire cuando están volando.
El ciclo vital
de las aves
El ciclo vital de las aves está estrechamente relacionado con
las estaciones. En las zonas árticas y templadas de los dos
hemisferios, norte y sur, existen cuatro estaciones anuales:
primavera, verano, otoño e invierno. Pero en muchas regiones
tropicales y subtropicales, sólo existen dos: la lluviosa y la
seca (o, incluso, dos de cada por año). La llegada de las
lluvias afecta a las aves de diversas formas. Aparece la
vegetación nueva que algunos utilizan para construir sus nidos
y se incrementan las poblaciones de insectos. Se forman lagos
temporales y charcas que rebosan de plantas y animales que les
sirven de alimento. Sin embargo, para algunas especies, la
estación seca es más favorable para anidar y alimentar a sus
crías. Algunas aves acuáticas tropicales construyen sus nidos
en las islas arenosas que sólo emergen cuando desciende el
nivel del agua de los grandes ríos, como el Amazonas.
Apareamiento y nidificación de las aves
Suelen ser pocas aves las que permanecen con la misma pareja a
lo largo del año y de un año al siguiente. Incluso, aunque una
pareja pueda unirse varios años, la relación entre los
miembros o la unión de pareja debe renovarse o reforzarse al
comienzo de cada época de reproducción. Esto se lleva a cabo
con exhibiciones visuales, auditivas o de ambos tipos. Algunas
exhibiciones visuales de cortejo son complicadas y, como
ocurre en las garzas, se utilizan plumas especializadas. En
otras especies, como los patos, la unión de pareja se
establece siguiendo una serie de movimientos muy
estereotipada.
Si uno de
los dos miembros no responde con la demostración correcta, la
secuencia se rompe. Entre las exhibiciones auditivas está el
‘canto a dúo’ que llevan a cabo las especies de varias
familias de aves, como la familia Pícidos y la familia a la
que pertenecen los chochines, entre las que se encuentra el
pájaro carpintero. Las llamadas de machos y hembras se
alternan en una sucesión tan exacta, que podría parecer que la
fuente del sonido es una única ave. En algunas especies no
existe una verdadera relación de pareja. Los machos se exhiben
entre ellos compitiendo por el derecho a emparejarse con
tantas hembras como sea posible. Esta reunión de machos se
produce en las aves del paraíso, en los pavos reales salvajes,
en algunos correlimos, en algunos lagópodos y en una familia
de pájaros tropicales de pequeño tamaño llamados manaquines.
Las aves ponen sus huevos en sitios tan variados como el suelo
desnudo o nidos muy elaborados. Los de los pájaros tejedores
de África y Asia se consideran entre los objetos más
intrincados que se conocen en el reino Animal. Los nidos se
construyen con una gran variedad de materiales fáciles de
conseguir: hierba, ramitas, cortezas, líquenes, fibras
vegetales, hojas, pelos de mamíferos, telas de arañas, lodo,
algas marinas, conchas marinas, guijarros e, incluso, saliva
de los propios pájaros. También pueden usar objetos como
trocitos de papel, plástico y cuerdas. Muchas aves despluman
la parte de su abdomen que se alinea con el nido, de modo que
el trozo de piel expuesta (llamada parche de la nidada) ayuda
a calentar los huevos. El número de huevos por nido varía
según las especies, entre uno y una docena o más. En la
mayoría de las especies los progenitores se turnan para
incubar los huevos o lo hace sólo la hembra. Sin embargo, en
algunas especies los papeles que desempeñan los dos sexos se
invierten y tanto la incubación de los huevos como la
alimentación de las crías corre a cargo de los machos. En
estas aves, también al contrario de lo normal, la hembra suele
ser más grande y su plumaje tiene unos colores más intensos
que el del macho.
Migración
de las aves
En las regiones árticas y templadas algunas especies de aves
residen durante toda su vida en el área de cría, aunque la
reproducción en sí misma es un fenómeno que ocurre entre la
primavera y el verano. La mayoría de las aves tropicales
también pasan en la misma zona el año entero. Algunas de
éstas, cuando la estacionalidad es mínima, pueden anidar casi
en cualquier momento. Sin embargo, la mayoría de las especies
de regiones árticas y templadas, así como algunas tropicales,
emigran, es decir, realizan movimientos estacionales regulares
alejándose y regresando a su área de cría. Es posible que
únicamente se trasladen durante el invierno desde las montañas
muy expuestas hasta los valles protegidos. El extremo opuesto
es la migración a larga distancia que realizan cada año muchas
especies. La más destacable es la del charrán ártico que
emigra desde las latitudes septentrionales de Eurasia y
Norteamérica hasta las aguas subantárticas.
Las migraciones de aves a larga distancia suscitan la
interesante cuestión de cómo pueden encontrar el camino.
Algunos vuelan sólo durante la noche y otros lo hacen sobre
los océanos uniformes, por lo que no pueden utilizar las
marcas de tierra como se cree que ocurre con algunos
emigrantes diurnos. En la actualidad, se sabe que no existe un
sistema de navegación único. Algunas especies parecen guiarse
por los dibujos estelares y otras por la inclinación del Sol.
Al menos algunas de ellas pueden detectar la radiación
ultravioleta, el campo magnético terrestre y vibraciones
sonoras muy profundas, como las originadas por las olas de los
océanos distantes. Sin embargo, todavía son una incógnita los
mecanismos sensoriales efectivos por los que las aves traducen
las señales del medio en ayudas para la navegación.
Uno de los métodos más utilizados para estudiar los
desplazamientos de las aves es el anillamiento científico.
Esta técnica consiste en la individualización de las aves
mediante una anilla metálica que lleva grabado un código
numérico o alfanumérico único y una dirección de contacto
conocida como remite. La recuperación, es decir el posterior
control del ave, es la información primaria que proporciona el
anillamiento. Los marcajes más modernos, mediante
radiotransmisores seguidos por satélite, han aumentado
considerablemente nuestros conocimientos sobre la migración,
al permitir seguir día a día a las aves en sus viajes
migratorios. |
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