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El equipo de esquí
El equipo básico de esquí, aunque con algunas variaciones, es
similar para todas las formas de esquí. Los esquíes están
fabricados con franjas de madera, metal o materiales
sintéticos, que permiten acoplarse a unas botas diseñadas para
ello. La unión se consigue a través de unos dispositivos
llamados ataduras o fijaciones, que permiten regular la fuerza
del enganche.
La
superficie de la suela del esquí es de materiales muy
resistentes y deslizantes, y se mantienen con la aplicación de
ceras especiales que aumentan la velocidad de deslizamiento,
dependiendo de las condiciones de la nieve. Los esquíes son de
distinta longitud de acuerdo con la altura, el peso del
esquiador y la modalidad que se practique, y por lo general
varían entre 1,8 y 2,1 m de largo. Su anchura también varía
desde 7 hasta 10 cm en el extesquí delantero (espátula), se
estrechan ligeramente hacia el centro y vuelven a ensancharse
un poco hacia el extesquí trasero (cola). La espátula suele
estar curvada hacia arriba para evitar clavarse en la nieve.
Los esquíes de la modalidad alpina son más cortos y anchos que
los utilizados para la modalidad de fondo.
Las botas de
esquí, de suela plana, son una parte importante del equipo;
para el esquí alpino se usan botas de cuero rígido o plásticos
especiales y para el esquí nórdico se utilizan materiales más
ligeros y flexibles con la parte superior de cuero o nailon.
En la modalidad alpina las ataduras sujetan las botas por la
puntera y el talón con unos mecanismos que proporcionan
flexibilidad y seguridad, y saltan en caso de caída,
permitiendo que se desenganche la bota. Para el esquí de fondo
se enganchan sólo en la puntera, dejando libre el talón para
permitir el movimiento arriba y abajo en la zancada. Los
bastones —que suelen tener una longitud entre 1,2 y 1,5 m— se
usan para mantener el equilibrio y facilitar los movimientos.
Están hechos de tubo ligero, metal o fibra, y tienen puños y
correas para facilitar el agarre, así como un pequeño disco en
la punta para apoyarse en la nieve.
El esquí alpino
Las cuatro modalidades de pruebas de esquí alpino varían en el
tipo de pista y la forma en que debe ser cubierta.
El descenso
En este tipo de carrera el objetivo es deslizarse por una
pendiente muy inclinada en el menor tiempo posible, para lo
que es conveniente mantener una trayectoria lo más recta
posible. Se requiere equilibrio y coordinación de brazos y
piernas, ya que se pueden alcanzar velocidades superiores a
los 140 kilómetros por hora.
El esquiador
debe mantenerse en la pista y pasar entre una serie de
señalizaciones llamadas ‘puertas’, que están colocadas de
forma estratégica. Golpear e incluso tirar una puerta no
descalifica al corredor, siempre que haya pasado por dentro de
la misma. La prueba de descenso está considerada como la
prueba reina del esquí alpino.
El eslalon
Un segundo tipo de carreras de esquí alpino es el eslalon.
Aunque también es una prueba de descenso por una pendiente, el
esquiador debe ejecutar muchos movimientos en zig zag para
superar las marcas (palos), que se encuentran situadas a lo
largo de toda la pista y a corta distancia unas de otras. El
promedio de longitud de una pista es de 536 m y el desnivel se
encuentra entre 140 y 200 metros.
El esquiador
debe maniobrar a través de un número de puertas que suele
oscilar entre un mínimo de 45 hasta un máximo de 75. La
carrera se disputa en dos mangas, donde suele variarse el
recorrido cambiando la situación y el número de palos; el
esquiador que consiga el mejor tiempo acumulado de las dos
mangas es el vencedor. Son esenciales rapidez y agilidad, ya
que la superficie de la pista presenta muchas irregularidades.
El eslalon
gigante
Un tercer tipo de carrera de esquí alpino es el eslalon
gigante, que se introdujo en las pruebas internacionales de
esquí alpino al finalizar la II Guerra Mundial en 1945.
Básicamente, difiere del eslalon en la longitud de la pista,
que suele ser de unos 1,6 km, y en el desnivel, que oscila
entre 300 y 400 metros. Las pistas para mujeres son un poco
más cortas. También se corren dos mangas y vence el mejor
tiempo acumulado.
El eslalon súper
gigante
En 1983 se introdujo en el esquí internacional la prueba de
eslalon supergigante, una combinación de las pruebas de
eslalon y descenso. Giros largos y majestuosos efectuados a
gran velocidad hacen esta prueba muy atractiva para los
espectadores. La carrera se decide en una sola manga.
El esquí nórdico
o de fondo
El esquí de fondo pone mayor énfasis en la resistencia y la
fuerza que en la velocidad. No obstante, en las competiciones,
el promedio de tiempo que se tarda en cubrir una carrera de
15 km es de unos 50 minutos; para la carrera larga, de unos
48 km, se emplean unas 2 horas y 45 minutos. Las distancias
habituales de las carreras de fondo oscilan desde los 5 hasta
los 50 kilómetros. Las pistas están señaladas con marcas de
colores para que los esquiadores sigan una ruta similar. Las
variaciones en altura son pequeñas, ya que el movimiento
fundamental es horizontal y no vertical.
Históricamente, las carreras de esquí de fondo provienen de la
necesidad de un medio de transporte. En su vertiente no
competitiva, es un deporte en el que pueden participar juntos
mayores y jóvenes. Aunque no se adapta muy bien a terrenos muy
arbolados, se puede practicar en cualquier zona que se
encuentre cubierta de nieve.
Los fundamentos del ‘paso de patinador’, técnica utilizada en
el esquí de fondo, combinan un paso con un pie para
impulsarse, mientras se realiza un deslizamiento con el otro.
Estos pasos se alternan de forma suave y rápida. El bastón de
una mano se planta en la nieve mientras la pierna opuesta
comienza el impulso. Distintas variaciones del paso básico
sirven para ascender o descender y permiten la maniobrabilidad
necesaria e incluso proporcionan cierto descanso. En la
técnica de deslizamiento, desarrollada en la década de 1980,
el esquiador se mueve de un lado a otro impulsándose con el
lado interno del esquí.
Salto de
trampolín
Tradicionalmente, el salto de trampolín se considera una parte
de la competición de esquí nórdico y ha llegado a ser muy
popular en el siglo XX. El saltador se desliza por una
superficie preparada, bastante inclinada, hasta el punto de
despegue; la distancia del salto se mide desde el borde del
punto de despegue hasta el punto donde los esquíes del
saltador tocan la nieve en el aterrizaje. Se conceden puntos
por la distancia conseguida y por el estilo en la ejecución
del salto.
Para
minimizar la inevitable subjetividad al calificar el estilo,
los jueces utilizan un sistema muy complejo de evaluación. El
éxito del saltador depende más del equilibrio y la
coordinación que de la habilidad para saltar. El objetivo
último es el control del movimiento durante el vuelo y un
aterrizaje preciso, de forma que desde el inicio del salto
hasta el final del aterrizaje pueda ser visto como un todo
continuo. En la competición olímpica hay dos pruebas de salto
de trampolín: 70 y 90 metros.
Esquí de estilo
libre
El estilo libre (también denominado artístico o acrobático) se
compone de tres disciplinas: ballet, figuras y saltos.
Ballet. Disciplina parecida
al patinaje artístico que consiste en un programa de saltos,
giros y pasos deslizantes, ejecutados al ritmo de la música,
durante un máximo de 2 minutos y 15 segundos. Una pista de
ballet tiene una longitud de 260 m y una anchura de 40 metros.
El programa se juzga por la dificultad técnica, coreografía y
ejecución del esquiador.
Figuras. Prueba que consiste
en efectuar giros muy calculados a gran velocidad sobre una
pista con una pendiente muy pronunciada y plagada de bañeras
(pequeñas irregularidades en forma de montículos y valles). El
competidor es juzgado por la calidad y técnica de los giros y
la línea por donde los realiza. También se puntúan los saltos
y la velocidad.
Saltos. El saltador realiza
una serie de acrobacias iniciando el ejercicio lanzándose por
la pista hacia una rampa especial desde la que sale proyectado
hacia el aire. La puntuación juzga el despegue, la forma y
ejecución de la maniobra en el aire y el aterrizaje. Las
puntuaciones de los jueces se multiplican por el grado de
dificultad y se descartan las puntuaciones mayor y menor.
Historia del
esquí
El uso de algún tipo de material para trasladarse sobre la
nieve es muy antiguo. Algunos historiadores griegos mencionan
pieles, patines o zapatos especiales usados con ese propósito;
referencias similares se encuentran en la mitología nórdica.
Los primeros esquíes de los que se tiene prueba documental se
encontraron en pantanos suecos y finlandeses, cuya antigüedad
se estima en unos 4.000 o 5.000 años y son armazones alargados
y curvados cubiertos con pieles.
El deporte moderno del esquí comenzó a practicarse a mediados
del siglo XIX en Noruega y pronto se extendió a través de toda
Escandinavia. Las primeras carreras de esquí se celebraron en
Noruega en las décadas de 1850 y 1860, después de que Sondre
Nordheim desarrollara técnicas y esquíes en la provincia
noruega de Telemark. La Asociación Noruega de Esquí se fundó
en 1883 y el primer torneo internacional se celebró en 1892,
cerca de Cristianía (hoy Oslo, Noruega). El esquí de fondo y
el alpino se separaron para las competiciones, aunque los
premios se daban por los resultados obtenidos en conjunto. En
las décadas de 1880 y 1890, el esquí comenzó a alcanzar
popularidad en otros países europeos, en gran parte debido a
los testimonios escritos del explorador noruego Fridtjof
Nansen, de su viaje con esquíes en 1888 a través de
Groenlandia.
El primer club suizo de esquí se formó en 1893 y al finalizar
el siglo comenzó en los Alpes el periodo dorado del esquí de
montaña. El pionero de la técnica del esquí alpino fue el
austriaco Mathias Zdarsky, a finales del siglo XIX, y los
aficionados británicos también hicieron mucho para popularizar
el esquí y desarrollar los deportes de invierno y las
carreras. La mayoría de las expediciones importantes de esquí
se realizaron en estos años y toda la zona de los Alpes fue
explorada y marcada. El primer club de esquí alemán se formó
en 1890 y las primeras competiciones de este deporte se
celebraron allí en 1896. Después de un comienzo lento, el
esquí se implantó en Chamonix (Francia) en 1898, ganando más
adelante una gran popularidad. En Europa central y Rusia,
donde existe un terreno apropiado y nieve de calidad, pronto
ganó muchos adeptos. En España, el primer club de esquí se
creó en Barcelona en 1890, el Centro Excursionista de
Catalunya (CEC).
La I Guerra Mundial sirvió como acicate para el desarrollo del
esquí, ya que el entrenamiento y el uso de tropas especiales
de esquiadores extendió el conocimiento de las técnicas. La
Federación Internacional de Esquí, con sede en la ciudad sueca
de Estocolmo, se formó en 1924 y el esquí nórdico formó parte
de los Juegos Olímpicos de Invierno desde ese año.
En la actualidad, el esquí de competición cuenta con muchos
aficionados gracias a la televisión, que permite poder ver y
disfrutar de este deporte. El esquí nórdico dominó la
competición internacional hasta 1936, cuando el esquí alpino
fue incluido en los Juegos Olímpicos de Invierno. En 1967 se
creó la Copa del Mundo de esquí alpino. En las décadas de 1970
y 1980 se desarrollaron circuitos de Copa del Mundo de estilo
libre, esquí de fondo, salto de trampolín y nórdico combinado.
Las pruebas de esquí alpino de los Juegos de Invierno son:
descenso, eslalon, eslalon gigante, eslalon supergigante y
combinada (eslalon y descenso), competiciones de estilo libre
de saltos y figuras; salto de trampolín (sólo masculino), y
nórdico combinado.
Las
competiciones de esquí de fondo comprenden pruebas
individuales y por equipos tanto para hombres como para
mujeres. La carrera de larga distancia más famosa del mundo es
la Vasallopet, que se celebra desde 1922 sobre una
distancia de 90 km, desde Sälen hasta Mora (Suecia). Entre
hombres y mujeres participan unas 12.000 personas. Además de
los Juegos Olímpicos de Invierno y la Copa del Mundo, la
competición más importante es el Campeonato del Mundo de esquí
alpino, celebrado por primera vez en 1931 en Murren y el de
esquí nórdico, desde 1937. Un gran acontecimiento anual dentro
del programa de deportes de invierno en Escandinavia es la
semana de Holmenkollen, cerca de Oslo, que se celebra en
marzo.
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