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Los reptiles son
seres vertebrados
Los reptiles son vertebrados, es decir, animales con columna
vertebral. A pesar de que comparten características con otros
vertebrados como peces, anfibios, aves y mamíferos, los
reptiles muestran una combinación única de características que
les distingue de todos estos grupos. Los reptiles modernos,
como los anfibios, son animales ectotérmicos o de “sangre
fría” (véase Poiquilotermia). Esto significa que no son
capaces de regular su temperatura corporal, es decir, no
pueden generar calor, por lo que dependen del que reciben del
Sol. Por eso, ajustan su comportamiento para adaptarse a los
cambios de la radiación solar y, de esa manera, regular la
temperatura de su cuerpo. Como las aves, la mayoría de los
reptiles nacen de huevos con cáscara que la madre deposita
sobre el terreno. Respiran a través de pulmones, como la
mayoría de los anfibios adultos, las aves y los mamíferos.
Además, como los anfibios y los mamíferos, la mayoría de los
reptiles, con la excepción de las tortugas, tienen dientes. Su
piel dura, seca y escamosa es única en el reino Animal. No es
húmeda ni permeable, como la de los anfibios, ni con plumas,
como la de las aves, ni cubierta con pelo, como la de los
mamíferos.
Los reptiles habitan en casi todos los lugares del planeta,
incluyendo la mayoría de los océanos del mundo. Los
encontramos en un gran número de hábitats, desde el fondo de
los estanques y lagos hasta en la vegetación arbórea de gran
altitud. Sin embargo, son especialmente abundantes y diversos
en los trópicos y en los desiertos. El único factor que parece
limitar su distribución geográfica es su incapacidad para
generar su propio calor corporal. Este es el motivo por el que
no hay reptiles en la helada Antártida ni en los océanos
polares, y sólo algunos en el círculo polar ártico.
Características físicas de los reptiles
Su característica piel seca y escamosa impide que sus tejidos
internos se sequen. En muchas especies también juega un papel
importante en la defensa y el apareamiento. Las escamas de los
reptiles están formadas principalmente por queratina y derivan
de la capa exterior de la piel o epidermis, a diferencia de
las escamas de los peces que son estructuras óseas y dérmicas.
La capa interior de la piel o dermis contiene muchos vasos
sanguíneos y nervios, además de células con pigmentación que
proporcionan a muchas especies sus vistosos colores.
El color de la mayoría de los reptiles presenta matices
verdes, pardos y grises, lo que permite a los animales
adaptarse mejor a su entorno. Sin embargo, muchas tortugas,
lagartos y serpientes muestran marcas brillantes en azul,
verde, amarillo, naranja o incluso púrpura. Algunos reptiles,
en especial los camaleones y los lagartos del género Anolis,
son capaces de cambiar el color de la piel mediante la
dispersión o concentración de unas células portadoras de
pigmentos denominadas cromatóforos. Los cambios en la
pigmentación les permiten mimetizarse con el entorno y, de esa
manera, evitar ser descubiertos por sus depredadores. Estos
cambios de color también son importantes para comunicarse con
otros reptiles, por ejemplo, para atraer a una hembra o
atemorizar a un rival (véase Comunicación animal). A
medida que crecen, los reptiles mudan regularmente la capa
exterior de la piel bien perdiendo trozos a intervalos o bien,
como las serpientes y las culebrillas ciegas (véase
Anfisbénido), mudando la piel de una sola vez.
Los reptiles se valen de sus sentidos para buscar alimentos y
evitar a los depredadores. Las especies que cazan para
alimentarse suelen tener los ojos en la parte anterior de la
cabeza, lo que les permite tener una visión binocular. Muchos
lagartos, como los camaleones, pueden mover los ojos de forma
independiente para ver en distintas direcciones a la vez. Las
serpientes y algunos lagartos presentan una membrana
transparente protectora cubriendo cada ojo y carecen de
párpados que se abren y se cierran, por lo que dan la
impresión de que miran implacablemente.
Los reptiles poseen un órgano olfativo especial, denominado
órgano de Jacobson, situado en la parte superior de la boca.
Se trata de una pequeña cavidad equipada con detectores
sensoriales que reconoce las moléculas olorosas y permite a
los reptiles localizar a sus presas, encontrar pareja y, en
general, obtener información del medio que les rodea. Los
varanos y las serpientes sacan continuamente sus bífidas
lenguas fuera de la boca para recoger las partículas olorosas
y llevarlas al órgano de Jacobson. La serpiente de cascabel y
el mocasín buscan sus presas utilizando las fosetas
termosensitivas que tienen en la cabeza y que detectan el
calor corporal. Por medio de esta extraordinaria capacidad las
víboras de foseta pueden incluso perseguir y matar a sus
presas en la oscuridad. Las boas y las pitones también tienen
receptores térmicos.
El esqueleto de los reptiles está osificado casi en su
totalidad (no es cartilaginoso). Su cráneo está unido a la
columna vertebral por un único cóndilo, o superficie
articular, como ocurre también en las aves. Las costillas
torácicas están unidas al esternón y, cuando existe un hueso
sacro (parte de la espina dorsal conectada a la pelvis), las
costillas sacras se articulan con la cintura pélvica. Pueden
tener dos juegos completos de extremidades o haber perdido uno
o ambos, como ocurre en las serpientes y algunos lagartos.
Tienen un sistema nervioso más avanzado que los anfibios.
Respiran por medio de pulmones; carecen de branquias. En la
mayor parte de las serpientes y algunos lagartos sólo hay un
pulmón funcional; en otros reptiles, ambos pulmones están
igualmente desarrollados. El tórax y el abdomen no están
separados por un diafragma y la respiración se realiza con la
ayuda de músculos de la pared del cuerpo. Presentan un corazón
formado por tres cámaras: dos aurículas y un ventrículo. En
los cocodrilos, no obstante, el ventrículo está casi
totalmente dividido en dos cámaras por un septo o tabique.
El material procedente del intestino, del aparato urinario y
del aparato reproductor se vierte a una cámara posterior que
recibe el nombre de cloaca. Presentan sexos separados y la
fecundación es interna. Los machos disponen de un órgano
copulador para introducir el esperma en el sistema genital
femenino.
Comportamiento de los reptiles
Aunque es común referirse a los reptiles como animales de
sangre fría, sin embargo son capaces de mantener la
temperatura corporal prácticamente constante. La diferencia
importante en lo que se refiere a la fisiología de la
temperatura corporal es que los reptiles dependen de fuentes
externas de calor para mantenerla, mientras que los mamíferos
generan el calor por procesos internos. Los reptiles regulan
su temperatura aprovechando diferentes fuentes de calor
externo, como la luz solar directa o el calor que despiden las
piedras, los troncos y el suelo. Mediante el uso equilibrado
de estas fuentes, las diferentes especies de reptiles
mantienen una temperatura corporal más o menos constante,
característica de cada especie, que suele ser superior a la
del aire que les rodea. Sólo cuando el animal está en estado
latente o inactivo la temperatura de su cuerpo es más o menos
igual que la de su entorno.
Cuando la cabeza y el cerebro están demasiados calientes en
relación al resto del cuerpo, los reptiles abren su boca para
permitir que la humedad interior se evapore, creando así un
efecto refrescante. Este comportamiento se observa muy a
menudo en los cocodrilos. Algunos lagartos del desierto
jadean, como los perros, para bajar la temperatura al evaporar
la saliva de su boca. Lagartos y serpientes pueden desplazarse
a zonas frías o cálidas según el momento del día, e incluso
pueden adoptar posiciones distintas en los árboles. Las
tortugas semiacuáticas y los cocodrilos pueden moverse desde
la tierra al agua y viceversa, y los reptiles acuáticos pueden
nadar en las partes más frías o más cálidas del agua según les
interese.
Cuando hace frío, muchas especies buscan un lugar seguro bajo
tierra o en madrigueras para pasar el invierno en una estado
letárgico o de inactividad, muy parecido a la hibernación. Las
tortugas suelen retirarse al fondo de los estanques donde
permanecen incluso después de que queden cubiertos por el
hielo. Son capaces de absorber todo el oxígeno que necesitan
del agua a través de los pliegues de la boca y la garganta, la
piel y de unos sacos de paredes muy delgadas que se encuentran
en su cloaca. Cuando en primavera la temperatura mejora, salen
a la superficie para comenzar una nueva temporada de actividad
y reproducción.
Defensa y territorialidad de los reptiles
Los reptiles son presas buscadas por muchos depredadores, como
peces grandes, aves, mamíferos y otros reptiles. Muchas
especies pueden morder si son amenazadas, aunque su primera
iniciativa para defenderse es esconderse o escapar. Cuando la
escapatoria no es posible, algunos pueden realizar elaborados
sistemas de aviso para asustar o confundir al depredador, y
otros pueden aparentar un tamaño mayor del que realmente
tienen. El lagarto de Kingy hace frente a su enemigo
desplegando el ancho volante que tiene en torno a su cuello, a
la vez que abre la boca. La inofensiva serpiente de hocico de
cerdo puede emitir silbidos y expandir el cuello como las
cobras, además de despedir un olor desagradable a través de
sus escamas. Si estas acciones no consiguen espantar a su
rival, esta serpiente puede revolcarse en el fango y darse la
vuelta sobre su espalda, como si estuviera muerta. Muchos
reptiles intentan aparentar el aspecto y el comportamiento de
otras especies más peligrosas. Por ejemplo, las bandas
brillantes en rojo, amarillo y negro de la coral ratonera, una
especie no venenosa, son similares a las de la serpiente
coral, extremadamente venenosa. Para las serpientes venenosas
un buen ataque puede ser la mejor defensa: la cobra escupidora
puede escupir veneno a los ojos del depredador, alcanzando a
veces objetivos de más de 3 metros.
A menudo, los reptiles tienen conflictos con miembros de su
propia especie sobre el control del territorio. En algunas
especies de lagartos, los machos realizan ritos para poner de
manifiesto sus derechos sobre un terreno. Por ejemplo, en
muchas especies de varanos, los machos que rivalizan por un
territorio se mantienen sobre sus patas traseras empujándose
unos a otros para tratar de derribarse. Algunas serpientes,
como las serpientes de cascabel, también realizan estas
exhibiciones. A veces, las tortugas macho golpean sus
caparazones para elegir al macho dominante.
Alimentación de los reptiles
Las serpientes y algunos otros reptiles son carnívoros. Los
lagartos se suelen alimentar de insectos mientras que las
serpientes comen pequeños vertebrados, como pájaros, roedores,
peces, anfibios e incluso otros reptiles. Para muchas
serpientes, los huevos de aves y reptiles son un bocado
suculento. Muchas tortugas, además de algunas especies de
lagartos como la iguana común o iguana verde, son herbívoras y
se alimentan de hojas y frutos. Otras tortugas, como la
tortuga pintada, son omnívoras; es decir, se alimentan tanto
de carne de otros animales como de materia vegetal.
Las especies carnívoras tienen formas muy diferentes de
capturar a sus presas. Algunas tortugas acuáticas cazan a sus
presas con un movimiento rápido de sus largos cuellos, a la
vez que se meten agua en la boca para tragar mejor a la presa.
Muchas serpientes pequeñas, como la serpiente piloto y la
serpiente real, además de especies grandes, como la pitón o la
boa, golpean y agarran a sus presas, enroscándose a su
alrededor para estrangularlas antes de tragarlas. Casi todas
las serpientes pueden dislocar sus mandíbulas para engullir
presas más grandes que su propia cabeza. Aunque no es usual,
se han visto pitones africanas tragarse impalas: pequeños
antílopes de 1 m de altura. Las serpientes venenosas muerden a
sus presas y les inyectan veneno y, normalmente, en vez de
luchar con ellas, las dejan marcharse mientras el veneno hace
su efecto. Después, utilizan la lengua y el órgano de Jacobson
para encontrar el cuerpo. Los camaleones tienen una lengua
larga y pegajosa que lanzan con precisión y velocidad extremas
a los insectos que pretenden engullir. Los enormes varanos a
veces acechan a otros animales de presa pero suelen
alimentarse de carroña. Los cocodrilos comen peces pequeños
aunque también son capaces de capturar grandes mamíferos, como
ciervos o vacas que estén bebiendo agua en la orilla de un río
o lago.
Reproducción y ciclo de vida
de los reptiles
La mayoría de los reptiles llevan a cabo ritos de apareamiento
(véase Cortejo y apareamiento). Los lagartos acompañan
su cortejo con cambios de color. Por ejemplo, los camaleones
macho experimentan cambios de color durante el cortejo y las
hembras preñadas muestran una coloración viva para indicar que
no están disponibles. El lagarto anolis macho infla su papada
para impresionar a las hembras e intimidar a sus rivales. Las
tortugas macho pueden incitar a las hembras agitando su cabeza
o tocando la cara de la hembra con las uñas de sus
extremidades. Los tuátaras macho caminan en lentos círculos
alrededor de la hembra hasta que ésta desaparece en su
madriguera o permite al macho cruzarse con ella. Las
serpientes hembra atraen a sus compañeros expulsando aromas
químicos llamados feromonas. Cuando el macho encuentra a una
hembra receptiva la corteja pasando por encima de ella varias
veces y luego alinea su cola con la de ella de manera que se
pueda producir la fecundación.
La fecundación de los reptiles es interna: los óvulos se unen
con el esperma del macho dentro del cuerpo de la hembra. Las
tortugas y los cocodrilos macho sólo tienen un pene pero los
lagartos y las serpientes macho tienen dos, llamados hemipenes,
que se encuentran protegidos por pliegues y espinas que
mantienen al pene en posición durante el apareamiento. Estos
animales sólo utilizan un hemipene cada vez que se aparean. En
las especies que se aparean sucesivamente, los machos alternan
sus hemipenes. Los tuátaras macho no tiene pene, por lo que
utilizan la abertura muscular de su cloaca para introducir el
esperma en la hembra.
La mayoría de los reptiles son ovíparos (ponen huevos), pero
muchas especies de serpientes y lagartos son ovovivíparas
(alumbran crías vivas). El huevo con cáscara dura que
presentan los reptiles permitió a este grupo independizarse
del medio acuático. Este huevo consta de una serie de
membranas extraembrionarias que posibilitan el desarrollo del
embrión: un amnios protector, común a los reptiles, aves y
mamíferos, que impide que el huevo se seque, de modo que las
primeras fases del ciclo vital de estos animales no tiene que
depender del agua; un alantoides respiratorio o membrana
vascular fetal, que sirve como superficie respiratoria; y el
corion que regula el paso de oxígeno y dióxido de carbono.
Rodeando a estas membranas está la cáscara calcárea o coriácea
exterior.
El número de huevos o de crías de los reptiles varía mucho de
una especie a otra e incluso dentro de una misma especie. Por
ejemplo, ciertas tortugas africanas de pequeño tamaño sólo
ponen un huevo en cada puesta, mientras que algunas tortugas
marinas ponen hasta 150 huevos. La serpiente de jarretera
puede dar a luz entre 3 y 100 crías.
Los reptiles normalmente depositan sus huevos en un nido
excavado en la arena, en la tierra o sobre las hojas, pero
luego los abandonan y no se ocupan de las crías recién
nacidas. La pitón es una excepción, ya que se mantiene cerca
de los huevos para protegerlos de los depredadores. Las
hembras de cocodrilo, y a veces también los machos, vigilan
sus nidos. Si una de las crías tiene problemas para salir del
cascarón, sus padres la ayudan metiéndose el huevo en la boca
y rompiendo la cáscara con suavidad, sin dañar a la cría.
Los reptiles se encuentran totalmente desarrollados y
preparados para llevar una vida independiente desde que nacen.
Sin embargo, las crías de los reptiles, en particular las
crías de las tortugas marinas, tienen muy pocas posibilidades
de sobrevivir durante los primeros meses de vida. Estos
animales son la presa favorita de muchas aves, serpientes,
mamíferos e, incluso en el caso de las tortugas marinas, de
tiburones. Son muy pocos los reptiles que sobreviven al primer
año de vida, pero los que lo hacen suelen tener una larga
existencia. Por ejemplo, se cree que algunas tortugas viven
hasta 120 años en condiciones de libertad y los tuátara parece
que también pueden alcanzar esa edad. Los caimanes viven cerca
de 70 años. Por el contrario, algunos lagartos de pequeño
tamaño sólo viven 4 o 5 años.
Clasificación de los
reptiles
Los primeros reptiles aparecieron durante el periodo
carbonífero dentro de la era paleozoica. Muchas formas
evolucionaron y florecieron durante el mesozoico, también
conocido como “era de los reptiles”. La clase Reptilia
se divide en 3 subclases: Anápsidos, Diápsidos y Sinápsidos.
Los Anápsidos, representados en la actualidad sólo por las
tortugas, presentan rasgos primitivos, con cráneos sin
abertura temporal. En la subclase Diápsidos se incluyen
lagartos, serpientes, cocodrilos y tuátaras. Los cráneos de
los Diápsidos, aunque en los grupos actuales pueden estar muy
modificados, presentaban en las condiciones ancestrales dos
pares de aberturas temporales.
Los
Diápsidos se subdividen en 3 superórdenes: Lepidosaurios, que
incluye a los reptiles actuales, excepto tortugas y
cocodrilos, y a los extintos ictiosaurios; Arcosaurios,
formado por los cocodrilos y por grupos extintos como los
dinosaurios; y Sauropterigios, que incluye varios reptiles
marinos que se han extinguido. La subclase Sinápsidos, con
cráneos con un único par de aberturas temporales, incluye
grupos extintos de reptiles como los perteneciente al orden
Terápsidos que dio lugar a los mamíferos. De los 23 órdenes
que engloban estas 3 subclases sólo 5 incluyen especies vivas.
A continuación se mencionan los órdenes más conocidos.
Reptiles rincocéfalos
Son reptiles similares a lagartos, diferenciándose de éstos
por características osteológicas. Los rincocéfalos o
esfenodontos fueron abundantes en el triásico y el jurásico,
pero hoy están todos extintos, a excepción del tuátara de
Nueva Zelanda, que pertenece al género Sphenodon.
Reptiles escamosos
Este orden, formado por lagartos, serpientes y culebrillas
ciegas, constituye el mayor grupo de reptiles vivientes e
incluye el 95% de todas las especies vivas. Se divide en tres
subórdenes: el suborden Lacertilios o Saurios (los lagartos),
el suborden Anfisbenios (las culebrillas ciegas), y el
suborden Serpientes. Los lagartos aparecen por primera vez en
el registro fósil en el pérmico, las serpientes a finales del
cretácico y las culebrillas ciegas a principios del cenozoico.
Reptiles testudines
Este orden, también llamado Quelonios, se había diferenciado
ya de los demás reptiles en el triásico, y en nuestros días
comprende a las tortugas marinas y a las tortugas terrestres.
Se caracterizan porque están cubiertas de una coraza que
consta de un caparazón dorsal o espaldar y un plastrón
ventral. Las especies de este orden son únicas, en el sentido
de que tienen costillas planas sobre las que descansa el
caparazón; dado que esta coraza ósea hace que las paredes del
cuerpo sean rígidas, los animales tienen que respirar
utilizando un proceso similar a la deglución, en vez de
recurrir a los músculos de la pared del cuerpo. Véase
Tortugas: Tortugas Marinas; Tortugas Terrestres.
Reptiles crocodilios
Los cocodrilos y caimanes aparecieron a finales del triásico y
son los parientes vivos más próximos de los dinosaurios y las
aves. Su corazón está casi totalmente dividido en cuatro
cámaras; el cerebro muestra un mayor grado de desarrollo y
presentan un cráneo alargado y robusto. Las especies actuales
se incluyen en 3 familias: Aligatóridos (aligátores y
caimanes), Crocodílidos (cocodrilos) y Gaviálidos (gaviales).
Reptiles Ictiosarios
Todos los miembros de este orden, perteneciente a la subclase
Diápsidos, están extintos. Los ictiosaurios eran grandes
reptiles marinos que tenían un cuerpo similar al de los
delfines y extremidades en forma de pala o remo. Las especies
del género típico, Ichthyosaurus, alcanzaban longitudes
superiores a los 4 metros.
Reptiles Plesiosaurios
Este orden de animales extintos, incluido en el superorden
Sauropterigios dentro de la subclase Diápsidos, englobaba
individuos acuáticos de cuello largo con grandes cuerpos y
extremidades adaptadas para deslizarse a través del agua.
Reptiles Saurisquios y
Omitisquios
Los dinosaurios, reptiles de cuello y cola largos que aparecen
por primera vez en los estratos correspondientes al triásico,
se incluyen en los órdenes Saurisquios y Ornitisquios.
Llegaron a ser comunes en tiempos posteriores hasta el final
del mesozoico, cuando se extinguieron. Véase
Dinosaurio.
Reptiles pterosaurios
Son reptiles voladores extintos provistos de alas membranosas,
parecidas a las de los murciélagos. El orden Pterosaurios se
engloba en el superorden Arcosaurios, en el que también se
sitúan los dinosaurios (véase Pterosaurio).
Reptiles Terápsidos
El orden Terápsidos, perteneciente
a la subclase Sinápsidos, incluye reptiles similares a los
mamíferos, que vivieron durante el pérmico y el triásico.
Algunos eran herbívoros y otros carnívoros. Se cree que los
mamíferos descienden de esta línea.
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