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LOS REPTILES

 

Reptiles. Clasificación de reptiles

 
   

Información general sobre los reptiles:

Reptil, nombre común de los miembros de la clase Reptilia (véase Animal), que engloba a las serpientes, los lagartos, las tortugas, los cocodrilos, el tuátara y numerosas especies extintas. Hay unas 7.000 especies vivas que se encuentran en una gran variedad de hábitats terrestres y acuáticos.

 

 

Reptiles. Reptil corriendo sobre el agua

 

Reptil

 

 

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Los reptiles son seres vertebrados

Los reptiles son vertebrados, es decir, animales con columna vertebral. A pesar de que comparten características con otros vertebrados como peces, anfibios, aves y mamíferos, los reptiles muestran una combinación única de características que les distingue de todos estos grupos. Los reptiles modernos, como los anfibios, son animales ectotérmicos o de “sangre fría” (véase Poiquilotermia). Esto significa que no son capaces de regular su temperatura corporal, es decir, no pueden generar calor, por lo que dependen del que reciben del Sol. Por eso, ajustan su comportamiento para adaptarse a los cambios de la radiación solar y, de esa manera, regular la temperatura de su cuerpo. Como las aves, la mayoría de los reptiles nacen de huevos con cáscara que la madre deposita sobre el terreno. Respiran a través de pulmones, como la mayoría de los anfibios adultos, las aves y los mamíferos. Además, como los anfibios y los mamíferos, la mayoría de los reptiles, con la excepción de las tortugas, tienen dientes. Su piel dura, seca y escamosa es única en el reino Animal. No es húmeda ni permeable, como la de los anfibios, ni con plumas, como la de las aves, ni cubierta con pelo, como la de los mamíferos.

 

 

Los reptiles habitan en casi todos los lugares del planeta, incluyendo la mayoría de los océanos del mundo. Los encontramos en un gran número de hábitats, desde el fondo de los estanques y lagos hasta en la vegetación arbórea de gran altitud. Sin embargo, son especialmente abundantes y diversos en los trópicos y en los desiertos. El único factor que parece limitar su distribución geográfica es su incapacidad para generar su propio calor corporal. Este es el motivo por el que no hay reptiles en la helada Antártida ni en los océanos polares, y sólo algunos en el círculo polar ártico.

Características físicas de los reptiles

Su característica piel seca y escamosa impide que sus tejidos internos se sequen. En muchas especies también juega un papel importante en la defensa y el apareamiento. Las escamas de los reptiles están formadas principalmente por queratina y derivan de la capa exterior de la piel o epidermis, a diferencia de las escamas de los peces que son estructuras óseas y dérmicas. La capa interior de la piel o dermis contiene muchos vasos sanguíneos y nervios, además de células con pigmentación que proporcionan a muchas especies sus vistosos colores.

El color de la mayoría de los reptiles presenta matices verdes, pardos y grises, lo que permite a los animales adaptarse mejor a su entorno. Sin embargo, muchas tortugas, lagartos y serpientes muestran marcas brillantes en azul, verde, amarillo, naranja o incluso púrpura. Algunos reptiles, en especial los camaleones y los lagartos del género Anolis, son capaces de cambiar el color de la piel mediante la dispersión o concentración de unas células portadoras de pigmentos denominadas cromatóforos. Los cambios en la pigmentación les permiten mimetizarse con el entorno y, de esa manera, evitar ser descubiertos por sus depredadores. Estos cambios de color también son importantes para comunicarse con otros reptiles, por ejemplo, para atraer a una hembra o atemorizar a un rival (véase Comunicación animal). A medida que crecen, los reptiles mudan regularmente la capa exterior de la piel bien perdiendo trozos a intervalos o bien, como las serpientes y las culebrillas ciegas (véase Anfisbénido), mudando la piel de una sola vez.

Los reptiles se valen de sus sentidos para buscar alimentos y evitar a los depredadores. Las especies que cazan para alimentarse suelen tener los ojos en la parte anterior de la cabeza, lo que les permite tener una visión binocular. Muchos lagartos, como los camaleones, pueden mover los ojos de forma independiente para ver en distintas direcciones a la vez. Las serpientes y algunos lagartos presentan una membrana transparente protectora cubriendo cada ojo y carecen de párpados que se abren y se cierran, por lo que dan la impresión de que miran implacablemente.

Los reptiles poseen un órgano olfativo especial, denominado órgano de Jacobson, situado en la parte superior de la boca. Se trata de una pequeña cavidad equipada con detectores sensoriales que reconoce las moléculas olorosas y permite a los reptiles localizar a sus presas, encontrar pareja y, en general, obtener información del medio que les rodea. Los varanos y las serpientes sacan continuamente sus bífidas lenguas fuera de la boca para recoger las partículas olorosas y llevarlas al órgano de Jacobson. La serpiente de cascabel y el mocasín buscan sus presas utilizando las fosetas termosensitivas que tienen en la cabeza y que detectan el calor corporal. Por medio de esta extraordinaria capacidad las víboras de foseta pueden incluso perseguir y matar a sus presas en la oscuridad. Las boas y las pitones también tienen receptores térmicos.

El esqueleto de los reptiles está osificado casi en su totalidad (no es cartilaginoso). Su cráneo está unido a la columna vertebral por un único cóndilo, o superficie articular, como ocurre también en las aves. Las costillas torácicas están unidas al esternón y, cuando existe un hueso sacro (parte de la espina dorsal conectada a la pelvis), las costillas sacras se articulan con la cintura pélvica. Pueden tener dos juegos completos de extremidades o haber perdido uno o ambos, como ocurre en las serpientes y algunos lagartos.

Tienen un sistema nervioso más avanzado que los anfibios. Respiran por medio de pulmones; carecen de branquias. En la mayor parte de las serpientes y algunos lagartos sólo hay un pulmón funcional; en otros reptiles, ambos pulmones están igualmente desarrollados. El tórax y el abdomen no están separados por un diafragma y la respiración se realiza con la ayuda de músculos de la pared del cuerpo. Presentan un corazón formado por tres cámaras: dos aurículas y un ventrículo. En los cocodrilos, no obstante, el ventrículo está casi totalmente dividido en dos cámaras por un septo o tabique.

El material procedente del intestino, del aparato urinario y del aparato reproductor se vierte a una cámara posterior que recibe el nombre de cloaca. Presentan sexos separados y la fecundación es interna. Los machos disponen de un órgano copulador para introducir el esperma en el sistema genital femenino.

Comportamiento de los reptiles

Aunque es común referirse a los reptiles como animales de sangre fría, sin embargo son capaces de mantener la temperatura corporal prácticamente constante. La diferencia importante en lo que se refiere a la fisiología de la temperatura corporal es que los reptiles dependen de fuentes externas de calor para mantenerla, mientras que los mamíferos generan el calor por procesos internos. Los reptiles regulan su temperatura aprovechando diferentes fuentes de calor externo, como la luz solar directa o el calor que despiden las piedras, los troncos y el suelo. Mediante el uso equilibrado de estas fuentes, las diferentes especies de reptiles mantienen una temperatura corporal más o menos constante, característica de cada especie, que suele ser superior a la del aire que les rodea. Sólo cuando el animal está en estado latente o inactivo la temperatura de su cuerpo es más o menos igual que la de su entorno.

Cuando la cabeza y el cerebro están demasiados calientes en relación al resto del cuerpo, los reptiles abren su boca para permitir que la humedad interior se evapore, creando así un efecto refrescante. Este comportamiento se observa muy a menudo en los cocodrilos. Algunos lagartos del desierto jadean, como los perros, para bajar la temperatura al evaporar la saliva de su boca. Lagartos y serpientes pueden desplazarse a zonas frías o cálidas según el momento del día, e incluso pueden adoptar posiciones distintas en los árboles. Las tortugas semiacuáticas y los cocodrilos pueden moverse desde la tierra al agua y viceversa, y los reptiles acuáticos pueden nadar en las partes más frías o más cálidas del agua según les interese.

Cuando hace frío, muchas especies buscan un lugar seguro bajo tierra o en madrigueras para pasar el invierno en una estado letárgico o de inactividad, muy parecido a la hibernación. Las tortugas suelen retirarse al fondo de los estanques donde permanecen incluso después de que queden cubiertos por el hielo. Son capaces de absorber todo el oxígeno que necesitan del agua a través de los pliegues de la boca y la garganta, la piel y de unos sacos de paredes muy delgadas que se encuentran en su cloaca. Cuando en primavera la temperatura mejora, salen a la superficie para comenzar una nueva temporada de actividad y reproducción.

Defensa y territorialidad de los reptiles

Los reptiles son presas buscadas por muchos depredadores, como peces grandes, aves, mamíferos y otros reptiles. Muchas especies pueden morder si son amenazadas, aunque su primera iniciativa para defenderse es esconderse o escapar. Cuando la escapatoria no es posible, algunos pueden realizar elaborados sistemas de aviso para asustar o confundir al depredador, y otros pueden aparentar un tamaño mayor del que realmente tienen. El lagarto de Kingy hace frente a su enemigo desplegando el ancho volante que tiene en torno a su cuello, a la vez que abre la boca. La inofensiva serpiente de hocico de cerdo puede emitir silbidos y expandir el cuello como las cobras, además de despedir un olor desagradable a través de sus escamas. Si estas acciones no consiguen espantar a su rival, esta serpiente puede revolcarse en el fango y darse la vuelta sobre su espalda, como si estuviera muerta. Muchos reptiles intentan aparentar el aspecto y el comportamiento de otras especies más peligrosas. Por ejemplo, las bandas brillantes en rojo, amarillo y negro de la coral ratonera, una especie no venenosa, son similares a las de la serpiente coral, extremadamente venenosa. Para las serpientes venenosas un buen ataque puede ser la mejor defensa: la cobra escupidora puede escupir veneno a los ojos del depredador, alcanzando a veces objetivos de más de 3 metros.

A menudo, los reptiles tienen conflictos con miembros de su propia especie sobre el control del territorio. En algunas especies de lagartos, los machos realizan ritos para poner de manifiesto sus derechos sobre un terreno. Por ejemplo, en muchas especies de varanos, los machos que rivalizan por un territorio se mantienen sobre sus patas traseras empujándose unos a otros para tratar de derribarse. Algunas serpientes, como las serpientes de cascabel, también realizan estas exhibiciones. A veces, las tortugas macho golpean sus caparazones para elegir al macho dominante.

Alimentación de los reptiles

Las serpientes y algunos otros reptiles son carnívoros. Los lagartos se suelen alimentar de insectos mientras que las serpientes comen pequeños vertebrados, como pájaros, roedores, peces, anfibios e incluso otros reptiles. Para muchas serpientes, los huevos de aves y reptiles son un bocado suculento. Muchas tortugas, además de algunas especies de lagartos como la iguana común o iguana verde, son herbívoras y se alimentan de hojas y frutos. Otras tortugas, como la tortuga pintada, son omnívoras; es decir, se alimentan tanto de carne de otros animales como de materia vegetal.

Las especies carnívoras tienen formas muy diferentes de capturar a sus presas. Algunas tortugas acuáticas cazan a sus presas con un movimiento rápido de sus largos cuellos, a la vez que se meten agua en la boca para tragar mejor a la presa. Muchas serpientes pequeñas, como la serpiente piloto y la serpiente real, además de especies grandes, como la pitón o la boa, golpean y agarran a sus presas, enroscándose a su alrededor para estrangularlas antes de tragarlas. Casi todas las serpientes pueden dislocar sus mandíbulas para engullir presas más grandes que su propia cabeza. Aunque no es usual, se han visto pitones africanas tragarse impalas: pequeños antílopes de 1 m de altura. Las serpientes venenosas muerden a sus presas y les inyectan veneno y, normalmente, en vez de luchar con ellas, las dejan marcharse mientras el veneno hace su efecto. Después, utilizan la lengua y el órgano de Jacobson para encontrar el cuerpo. Los camaleones tienen una lengua larga y pegajosa que lanzan con precisión y velocidad extremas a los insectos que pretenden engullir. Los enormes varanos a veces acechan a otros animales de presa pero suelen alimentarse de carroña. Los cocodrilos comen peces pequeños aunque también son capaces de capturar grandes mamíferos, como ciervos o vacas que estén bebiendo agua en la orilla de un río o lago.

Reproducción y ciclo de vida de los reptiles

La mayoría de los reptiles llevan a cabo ritos de apareamiento (véase Cortejo y apareamiento). Los lagartos acompañan su cortejo con cambios de color. Por ejemplo, los camaleones macho experimentan cambios de color durante el cortejo y las hembras preñadas muestran una coloración viva para indicar que no están disponibles. El lagarto anolis macho infla su papada para impresionar a las hembras e intimidar a sus rivales. Las tortugas macho pueden incitar a las hembras agitando su cabeza o tocando la cara de la hembra con las uñas de sus extremidades. Los tuátaras macho caminan en lentos círculos alrededor de la hembra hasta que ésta desaparece en su madriguera o permite al macho cruzarse con ella. Las serpientes hembra atraen a sus compañeros expulsando aromas químicos llamados feromonas. Cuando el macho encuentra a una hembra receptiva la corteja pasando por encima de ella varias veces y luego alinea su cola con la de ella de manera que se pueda producir la fecundación.

La fecundación de los reptiles es interna: los óvulos se unen con el esperma del macho dentro del cuerpo de la hembra. Las tortugas y los cocodrilos macho sólo tienen un pene pero los lagartos y las serpientes macho tienen dos, llamados hemipenes, que se encuentran protegidos por pliegues y espinas que mantienen al pene en posición durante el apareamiento. Estos animales sólo utilizan un hemipene cada vez que se aparean. En las especies que se aparean sucesivamente, los machos alternan sus hemipenes. Los tuátaras macho no tiene pene, por lo que utilizan la abertura muscular de su cloaca para introducir el esperma en la hembra.

La mayoría de los reptiles son ovíparos (ponen huevos), pero muchas especies de serpientes y lagartos son ovovivíparas (alumbran crías vivas). El huevo con cáscara dura que presentan los reptiles permitió a este grupo independizarse del medio acuático. Este huevo consta de una serie de membranas extraembrionarias que posibilitan el desarrollo del embrión: un amnios protector, común a los reptiles, aves y mamíferos, que impide que el huevo se seque, de modo que las primeras fases del ciclo vital de estos animales no tiene que depender del agua; un alantoides respiratorio o membrana vascular fetal, que sirve como superficie respiratoria; y el corion que regula el paso de oxígeno y dióxido de carbono. Rodeando a estas membranas está la cáscara calcárea o coriácea exterior.

El número de huevos o de crías de los reptiles varía mucho de una especie a otra e incluso dentro de una misma especie. Por ejemplo, ciertas tortugas africanas de pequeño tamaño sólo ponen un huevo en cada puesta, mientras que algunas tortugas marinas ponen hasta 150 huevos. La serpiente de jarretera puede dar a luz entre 3 y 100 crías.

Los reptiles normalmente depositan sus huevos en un nido excavado en la arena, en la tierra o sobre las hojas, pero luego los abandonan y no se ocupan de las crías recién nacidas. La pitón es una excepción, ya que se mantiene cerca de los huevos para protegerlos de los depredadores. Las hembras de cocodrilo, y a veces también los machos, vigilan sus nidos. Si una de las crías tiene problemas para salir del cascarón, sus padres la ayudan metiéndose el huevo en la boca y rompiendo la cáscara con suavidad, sin dañar a la cría.

Los reptiles se encuentran totalmente desarrollados y preparados para llevar una vida independiente desde que nacen. Sin embargo, las crías de los reptiles, en particular las crías de las tortugas marinas, tienen muy pocas posibilidades de sobrevivir durante los primeros meses de vida. Estos animales son la presa favorita de muchas aves, serpientes, mamíferos e, incluso en el caso de las tortugas marinas, de tiburones. Son muy pocos los reptiles que sobreviven al primer año de vida, pero los que lo hacen suelen tener una larga existencia. Por ejemplo, se cree que algunas tortugas viven hasta 120 años en condiciones de libertad y los tuátara parece que también pueden alcanzar esa edad. Los caimanes viven cerca de 70 años. Por el contrario, algunos lagartos de pequeño tamaño sólo viven 4 o 5 años.

Clasificación de los reptiles

Los primeros reptiles aparecieron durante el periodo carbonífero dentro de la era paleozoica. Muchas formas evolucionaron y florecieron durante el mesozoico, también conocido como “era de los reptiles”. La clase Reptilia se divide en 3 subclases: Anápsidos, Diápsidos y Sinápsidos. Los Anápsidos, representados en la actualidad sólo por las tortugas, presentan rasgos primitivos, con cráneos sin abertura temporal. En la subclase Diápsidos se incluyen lagartos, serpientes, cocodrilos y tuátaras. Los cráneos de los Diápsidos, aunque en los grupos actuales pueden estar muy modificados, presentaban en las condiciones ancestrales dos pares de aberturas temporales.

Los Diápsidos se subdividen en 3 superórdenes: Lepidosaurios, que incluye a los reptiles actuales, excepto tortugas y cocodrilos, y a los extintos ictiosaurios; Arcosaurios, formado por los cocodrilos y por grupos extintos como los dinosaurios; y Sauropterigios, que incluye varios reptiles marinos que se han extinguido. La subclase Sinápsidos, con cráneos con un único par de aberturas temporales, incluye grupos extintos de reptiles como los perteneciente al orden Terápsidos que dio lugar a los mamíferos. De los 23 órdenes que engloban estas 3 subclases sólo 5 incluyen especies vivas. A continuación se mencionan los órdenes más conocidos.

Reptiles rincocéfalos

Son reptiles similares a lagartos, diferenciándose de éstos por características osteológicas. Los rincocéfalos o esfenodontos fueron abundantes en el triásico y el jurásico, pero hoy están todos extintos, a excepción del tuátara de Nueva Zelanda, que pertenece al género Sphenodon.

Reptiles escamosos

Este orden, formado por lagartos, serpientes y culebrillas ciegas, constituye el mayor grupo de reptiles vivientes e incluye el 95% de todas las especies vivas. Se divide en tres subórdenes: el suborden Lacertilios o Saurios (los lagartos), el suborden Anfisbenios (las culebrillas ciegas), y el suborden Serpientes. Los lagartos aparecen por primera vez en el registro fósil en el pérmico, las serpientes a finales del cretácico y las culebrillas ciegas a principios del cenozoico.

Reptiles testudines

Este orden, también llamado Quelonios, se había diferenciado ya de los demás reptiles en el triásico, y en nuestros días comprende a las tortugas marinas y a las tortugas terrestres. Se caracterizan porque están cubiertas de una coraza que consta de un caparazón dorsal o espaldar y un plastrón ventral. Las especies de este orden son únicas, en el sentido de que tienen costillas planas sobre las que descansa el caparazón; dado que esta coraza ósea hace que las paredes del cuerpo sean rígidas, los animales tienen que respirar utilizando un proceso similar a la deglución, en vez de recurrir a los músculos de la pared del cuerpo. Véase Tortugas: Tortugas Marinas; Tortugas Terrestres.

Reptiles crocodilios

Los cocodrilos y caimanes aparecieron a finales del triásico y son los parientes vivos más próximos de los dinosaurios y las aves. Su corazón está casi totalmente dividido en cuatro cámaras; el cerebro muestra un mayor grado de desarrollo y presentan un cráneo alargado y robusto. Las especies actuales se incluyen en 3 familias: Aligatóridos (aligátores y caimanes), Crocodílidos (cocodrilos) y Gaviálidos (gaviales).

Reptiles Ictiosarios

Todos los miembros de este orden, perteneciente a la subclase Diápsidos, están extintos. Los ictiosaurios eran grandes reptiles marinos que tenían un cuerpo similar al de los delfines y extremidades en forma de pala o remo. Las especies del género típico, Ichthyosaurus, alcanzaban longitudes superiores a los 4 metros.

Reptiles Plesiosaurios

Este orden de animales extintos, incluido en el superorden Sauropterigios dentro de la subclase Diápsidos, englobaba individuos acuáticos de cuello largo con grandes cuerpos y extremidades adaptadas para deslizarse a través del agua.

Reptiles Saurisquios y Omitisquios

Los dinosaurios, reptiles de cuello y cola largos que aparecen por primera vez en los estratos correspondientes al triásico, se incluyen en los órdenes Saurisquios y Ornitisquios. Llegaron a ser comunes en tiempos posteriores hasta el final del mesozoico, cuando se extinguieron. Véase Dinosaurio.

Reptiles pterosaurios

Son reptiles voladores extintos provistos de alas membranosas, parecidas a las de los murciélagos. El orden Pterosaurios se engloba en el superorden Arcosaurios, en el que también se sitúan los dinosaurios (véase Pterosaurio).

Reptiles Terápsidos

El orden Terápsidos, perteneciente a la subclase Sinápsidos, incluye reptiles similares a los mamíferos, que vivieron durante el pérmico y el triásico. Algunos eran herbívoros y otros carnívoros. Se cree que los mamíferos descienden de esta línea.

 

 

 




 

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