La corrida de toros es
un espectáculo que consiste en lidiar varios
toros bravos, a pie o
a caballo, en un recinto cerrado a tal fin generalmente
llamado
plaza de toros.
Participan varias personas en
la lidia, llamadas
toreros, que siguen un
estricto protocolo tradicional,
reglamentado y regido por una
intención estética, en la que sólo puede participar personal
con categoría para hacerlo, algo que se adquiere mediante la
alternativa. Es el
espectáculo de masas más antiguo de
España y uno de los
más antiguos del mundo. Como espectáculo moderno realizado a
pie, fija sus normas y adopta su orden actual a finales del
siglo XVIII
en España. En ese país, la corrida finaliza con la muerte del
toro, luego de agonizar hasta no aguantar más, a través de
sucesivos pinchazos a lo largo del espectáculo.
Las corridas pueden
clasificarse, según la edad y el
trapío del toro que se
lidia, en becerradas,
novilladas y corridas
de toros propiamente dichas, y pueden desarrollarse a pie o a
caballo. Si se ejecutan las suertes a lomos de un equino, el
festejo recibe el nombre de corrida de rejones o
rejoneo.
Cuando se combinan ambas disciplinas en un mismo festejo, se
denominan corridas mixtas.
Servicios relacionados con los toros:
Orígenes e
historia de los toros
El
riojano Juanito
Apiñani, retratado por
Goya
en la serie La
Tauromaquia,
saltando con garrocha por encima del toro en la antigua plaza
de Madrid.
Desde tiempos inmemoriales,
recorrían los pueblos de España los llamados «matatoros» o
«toreadores», divirtiendo al público (y cobrando por ello)
mediante la práctica del toreo a pie de forma más o menos
rudimentaria (sorteando o recortando a los toros, dándoles
lanzadas o saltos, etc.). Además, estaban los
pajes que, como parte
de su servicio, ayudaban a los caballeros a lancear o rejonear
a caballo, realizando los quites cuando fuera necesario. Con
la prohibición de torear a caballo que en 1723
Felipe V
impuso a sus cortesanos, los modestos matatoros y los pajes
empezaron a torear por su cuenta en las ciudades más
importantes y a desatar el entusiasmo del gran público.
Siglo XVIII del toreo
Aunque la lidia de toros se
practica desde muy antiguo, en la segunda mitad del siglo
XVIII se produjeron en España una serie de novedades en su
práctica que dio lugar a las corridas de toros en su sentido
moderno:
El toreo a pie sustituye
al de a caballo.
Los protagonistas ya no
son caballeros pertenecientes a clases altas, sino gente del
pueblo que se profesionaliza y cobra por su actuación.
Nacen las ganaderías
bravas y se comienza a seleccionar los toros para la lidia,
frente a la situación anterior de mera espontaneidad.
Se construyen las primeras
plazas de toros
como edificios permanentes destinados al festejo.
Se escriben las primeras
tauromaquias, que fijan la técnica y las normas y van
definiendo el arte de torear.
Existieron dos corrientes
regionales de cuya combinación surgió el toreo a pie: el
ámbito vasconavarro y el andaluz. La tauromaquia vasconavarra
se basaba en los saltos, en los recortes y en las banderillas,
sin mayor sofisticación, mientras que la andaluza se
desarrollaba con lienzos y
capas para engañar a
los toros. Durante algunas décadas ambos estilos se disputaron
la primacía del público, saliendo victorioso el modelo
andaluz. De la tauromaquia vasconavarra dejó constancia
gráfica
Francisco de Goya, que
presenció los saltos de garrocha de Martincho, del licenciado
de Falces o de Juanito Apiñani en las plazas de Zaragoza y de
Madrid. La actual suerte de
banderillas
es el único legado que ha perdurado de aquel toreo navarro en
las corridas de toros, si bien siguen muy vivos los
espectáculos de saltos y recortadores en festejos populares.
Con diversas variaciones, se
van estableciendo a lo largo del siglo XVIII todos los
elementos de las corridas modernas. Se considera al
rondeño
Francisco Romero el
padre del toreo moderno. Romero, fundador de una célebre
dinastía, había tomado parte en las últimas corridas
caballerescas. Inventó la
muleta, dividió la
lidia en tres tercios (varas, banderillas y muerte) y
subordinó la cuadrilla a las exigencias del diestro. Sin
embargo, será su hijo
Juan
Romero y sobre todo
Pedro Romero (nieto de
Francisco),
Pepe-Hillo y
Costillares,
las primeras figuras conocidas, quienes ya en la década de los
setenta del siglo XVIII impongan de forma definitiva su visión
del toreo frente a la tradición navarra, muy semejante ya a la
actual.
Una vez decantado el toreo en
favor de la idea andaluza, surge una nueva disputa entre
toreros andaluces a finales del siglo XVIII: los partidarios
del estilo rondeño y los del sevillano. Ambos se basaban en el
toreo con capa, pero discrepaban en la finalidad de la lidia:
para los rondeños lo fundamental era la estocada, por lo que
todo se supeditaba a la preparación de la muerte del toro.
Cuantos menos capotazos mejor, para no agotar al toro y
poderlo matar recibiendo (no conocían el
volapié).
En cambio, los sevillanos consideraban que lo importante era
lucirse con la capa, mientras que la muerte era solo una forma
de poner fin a la faena cuando el toro ya estaba agotado.
Costillares inventó la
verónica
y el matar a volapié (fundamental, para poder dar muerte a
toros aplomados tras numerosos pases). También logró supeditar
la labor de los picadores a las necesidades de la lidia a pie.
Siglo XIX del toreo
Este primer periodo triunfal de
la fiesta llega a su fin con la
Guerra de la Independencia Española.
Tras la guerra, retiradas o desaparecidas las grandes figuras
anteriores, tiene lugar un periodo de decadencia de la fiesta.
Pero en la década de 1830 aparece otra gran figura del toreo,
"Paquiro",
conocido como el «napoleón de los toreros», quien une a la
escuela rondeña y sevillana y demuestra que ambas son
compatibles, es decir, que efectividad y brillantez pueden
aunarse en la lidia. Le siguen "Cúchares",
"Lagartijo"
y "Frascuelo",
quienes dieron a la corrida la estructura definitiva que se
mantiene hasta el presente.
Rafael Guerra "Guerrita",
que se inició en la cuadrilla de Lagartijo, le sucedió como
gran figura y dominó absolutamente la fiesta de los toros
durante la última década del siglo XIX.
Siglo XX del toreo
Tras el dominio de Guerrita,
retirado en 1899, se abrió un periodo de transición durante la
primera década del siglo XX, con nombres tales como Rafael
González "Machaquito"
o
Ricardo Torres "Bombita".
Dieron paso a la llamada «época dorada» del toreo, que se
extendió durante la década de 1910 a 1920 y que tuvo como
máximas figuras a
Juan
Belmonte y a
José
Gómez "Joselito".
Son unánimemente considerados los dos diestros más importantes
del toreo moderno: Belmonte, como el creador de la estética
moderna («parar, templar y mandar») y Joselito como el torero
total, dominador de todas las suertes y de todos los aspectos
de la tauromaquia (desde la idea de construir grandes plazas
monumentales hasta los detalles de la selección del toro
bravo), que aglutinó lo mejor del toreo antiguo y anunció la
técnica que habría de imponerse en el futuro.
Posteriormente a la
Guerra Civil Española
se produce un potente resurgimiento del mundo taurino,
especialmente gracias a la figura de
Manolete, para muchos
el más vertical de los toreros en la historia. De este auge
siguen figuras como
Luis
Miguel Dominguín, el
mexicano Carlos Arruza, Pepe Luis Vázquez,
Pepín Martín Vázquez y
Agustín Parra "Parrita". Si bien esta época se cierra con el
fallecimiento de Manolete en la tragedia de Linares, surge
entonces otra famosa rivalidad taurina que apasiona al mundo
taurino, la de
Domiguín y
Antonio Ordóñez.
Ya en los años cincuenta se
alza la figura de particular elegancia del venezolano
César Girón, quien
lidera en dos ocasiones (1954 y 1956) el escalafón taurino en
España, hazaña que repetiría su hermano
Curro en 1959 y 1961.
Destacan en los años sesenta, además del mencionado Curro
Girón, toreros como
Paco
Camino,
El
Viti y
Diego Puerta, además
de la sensación que causó el surgimiento del poco ortodoxo y
revolucionario pero muy triunfador
Manuel Benítez "El Cordobés".
Las décadas de los setenta y ochenta son las de mayor
expansión comercial del mundo de los toros, llegando a haber
corrida incluso en el Astrodome de
Houston con la
participación de El Cordobés. Las grandes figuras de esta
época son:
José
Mari Manzanares,
Pedro Gutiérrez Moya "El Niño de la Capea",
Dámaso González,
Francisco Rivera "Paquirri",
Antoñete y
Juan
Antonio Ruiz "Espartaco",
líder de la estadística en forma consecutiva desde 1985 hasta
1991.
Siglo XXI del toreo
Las nuevas figuras del toreo,
algunas de ellas triunfadoras ya desde la década de 1990,
presentan gran diversidad en su estilo y proyección:
personalidades tan particulares y de técnica tan depurada como
César Rincón, colombiano que abrió 5 veces la puerta grande de
Madrid,
Enrique Ponce,
Julián
López "El Juli",
Manuel
Jesús "El Cid",
Cayetano Rivera Ordóñez,
Sebastián Castella,
Miguel Ángel Perera o
José
Tomás, quién el 5 de
junio de
2008
batió un récord de 36 años en la plaza de Las Ventas, al
cortar las cuatro orejas de sus dos toros en una misma tarde,[1]
han llevado el toreo al siglo XXI.
Participantes en
el toreo
Matador de toros:
también conocido como diestro o
espada, es aquel
torero que ha recibido la
alternativa y que, en
la lidia, realiza la parte principal de la faena y mata al
toro con el
estoque. Es sin duda
el personaje central en una corrida de toros. Según las
características de la lidia (a pie o a caballo) se les llama "toreros
de a pie" o
rejoneadores. El
torero de a pie es el responsable sostener la lidia al toro
con el capote, llevarlo al caballo, realizar la faena con la
muleta y darle muerte. Los matadores de toros comienzan su
aprendizaje toreando erales, generalmente a una temprana edad.
Aproximadamente dos años después comienza su etapa como
novillero, el que lidia
novillos
debido a su menor tamaño y fuerza con una edad de 3 años y un
peso aproximado a los 400 kilos. Por último, se convierten en
matadores tras tomar la alternativa, la cual es concedida por
otro torero.
Subalternos:
Personal que ayuda al matador en lo que necesite y en las
situaciones que les están permitidas (ocasionalmente llevar al
toro a un punto determinado, distraer al mismo durante el
cambio de espada entre otras actividades). Lo forman los
banderilleros, los picadores y el mozo de espadas. Al conjunto
formado por los subalternos y el matador se le denomina
cuadrilla.
Banderilleros:
Actúan en el segundo tercio de banderillas y, cuando no lo
hace el propio matador, son los encargados de la colocación de
los pares de banderillas.
Mozo de espadas:
Es la persona que colabora directamente con el matador, su
labor es ayudar al cambio de muletas, capotes y espadas.
Picador:
Es la persona que, montada a caballo, utiliza una vara larga
con una punta metálica (puya) para castigar al toro y producir
desgarramiento de los tejidos ubicados en la cruz del mismo
con el objetivo de probar su bravura, detectar sus
características y evitar que el animal embista levantando la
cabeza.
Personal de la plaza:
Son aquellas personas que colaboran en la plaza haciendo
posible la celebración de esta fiesta. Entre ellos destacan
los taquilleros, los colocadores, el personal del callejón,
los paramédicos, el torilero y los
areneros.
Presidente:
Es aquella persona que preside un festejo, generalmente un
representante de la municipalidad donde se efectúe. Se encarga
de mantener el orden en la plaza y entre sus funciones se
encuentran la de ordenar el comienzo del festejo, los cambios
de tercio y otorgar los premios –orejas y rabo– a los
matadores.
Alguacilillos:
Son los agentes encargados de transmitir las órdenes del
presidente durante las corridas. Es su función principal
recoger la llave de los
toriles,
entregar los premios a los toreros y preceder a las cuadrillas
durante el paseíllo.
Monosabios:
Son los mozos que acompañan y ayudan al picador en la plaza,
sobre todo cuando el toro derriba al caballo para evitar que
ni el picador ni el caballo resulten heridos.
Mulilleros:
personal a cargo del tiro de
mulillas
con las que arrastran el cuerpo muerto del toro para sacarlo
de la plaza.
Areneros:
Mozos encargados de mantener en condiciones adecuadas el
albero
de la plaza. Tienen su importancia, como lo ilustra el hecho
de que desfilen en el paseo de cuadrillas.
La lidia
del toro a pie
El tipo de corrida más
extendido actualmente, la corrida
española, tiene como
fin principal llevar el toro a muerte (en
Portugal el
espectáculo termina con la suerte de muleta) mediante la
presentación de diversos lances de estilo coreográfico que el
encargado de la lidia (torero,
rejoneador) induce al
toro de manera que parezca coordinada y permitan el lucimiento
del mismo. Para este fin se ocasiona al astado pinchazos con
instrumentos que varían en longitud y se distinguen por la
intención de los mismos (las
banderillas,
además de ocasionar el sangrado en el toro, adquieren valor en
cuanto adornos; las varas de pica, con una punta reglamentaria
de 6 a 8 cm, se utilizan para dosificar la fuerza del toro y
medir su bravura).
Si bien la corrida culmina casi
siempre con la muerte del toro, que se causa con un
estoque de dos, tres o
hasta cuatro canales, que reglamentariamente tiene que ser
menor de 80 cm, que se clava entre los
omóplatos del toro
para llegar al
corazón y que la
muerte sea instantánea. No siempre se consigue a la primera,
al necesitarse mucha precisión. Si no se consigue en dos o
tres veces, se toma un estoque con un tope cerca de la punta y
se clava entre las cervicales del toro, con el fin de cortar
la médula espinal («descabello»). Si el toro cae pero no
muere, un mozo le da la puntilla, con un puñal corto, del
mismo modo que en el descabello. En ocasiones, donde el
reglamento de la plaza lo permite y a petición del torero o el
público, antes de dar muerte al toro, en casos bravura y porte
particularmente distintivos el presidente de la corrida puede
conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se mata al toro
sino que se devuelve a los
corrales para que
regrese al campo como
semental.
Por lo general en un evento
taurino se lidian seis toros (casi siempre de una misma
ganadería) por parte
de tres matadores, aunque también se ofrecen eventos con dos
matadores (llamados "mano a mano") eventos con cuatro, eventos
de seis matadores (en los que corresponde un ejemplar a cada
uno) o encierros con uno sólo matador. En el
siglo XIX,
las corridas podían tener muchos más matadores y toros.
Orden de
la corrida
La corrida comienza con el
paseíllo, en el que
desfilan los matadores seguidos de sus cuadrillas y del
personal de la
plaza de toros.
Una corrida de toros se divide
en tres partes, denominadas "tercios" y 2 suertes (de
capote y de
muleta):
Tercio de varas. Durante el
tercio de varas el matador torea con el capote y el toro
recibe una serie de puyazos en el morrillo (zona abultada
entre la nuca y el lomo del toro) por parte del picador. El
objetivo de estos puyazos es medir la bravura del toro y su
disposición a la embestida, además de dosificar la fuerza del
toro para facilitar la posterior labor del matador. En la
antigüedad era esta suerte la más esperada por los
espectadores, siendo los toreros de a pie sólo auxiliares de
esta labor, con el paso del tiempo estos últimos cobraron
mayor fama entre la multitud y la lidia comenzó a girar en
torno a su labor, pasando a ser los protagonistas del
espectáculo ya a mediados del
siglo XVIII, si bien
la nobleza continuaba prefiriendo el toreo a
caballo,
de lo que se separó el toreo de rejones.
Suerte de capote (más
comúnmente conocido como "tercio de quites"). La faena a
capote la desarrolla el torero para medir la embestida del
toro así como su fuerza y disposición. Es más apreciada en
América que en
España. Existen
diferentes estilos de uso indistinto en la lidia; los lances
de verónica, chicuelina y las gaoneras (así llamadas por
haberlas inventado el
mexicano
Rodolfo Gaona)
son los de uso más común, si bien hay muchos otros.
Tercio de banderillas. Durante
este tercio los banderilleros clavan sobre el lomo del toro
unos adornos llamados comúnmente banderillas o rehiletes
(instrumentos consistentes en una vara de
madera adornado con
flecos de papel de
colores
con un arpón en la punta).La función de dichos instrumentos es
la de avivar al animal, tras el tercio de varas, por el
movimiento de las mismas. De ahi el termino, menos conocido,
de avivadores.
Tercio de muerte. Durante este
tercio tiene lugar el enfrentamiento del matador con el toro.
El matador realiza la faena de la suerte de muleta y
posteriormente le da muerte con el
estoque.
Suerte de muleta. Esta suerte
es solo efectuada por el matador de toros, pudiendo ser
sustituido por el alternante de más antigüedad solo en caso de
verse impedido a terminar el tercio si ha sufrido algún
percance. Los lances más comunes son: el natural (abierto y
con la mano izquierda) y el derechazo (con la derecha y la
espada en el paño de la muleta para extender la superficie del
mismo), además del remate de
pecho.
Una vez que el matador ha
demostrado su maestría con el toro, que para ahora está casi
anulado, se prepara para matar. Este es el momento culminante
de la
lidia. El matador se
asegura de que la posición del toro sea la ideal para la
estocada, o sea con
las patas delanteras juntas. Entonces se acerca al toro, se
estira por encima de los cuernos y le clava el
estoque entre los
omóplatos, tratando al mismo tiempo de evitar cualquier
sacudida repentina de los cuernos. La estocada perfecta corta
la
aorta y provoca la
muerte
casi instantánea del animal, si bien una mayoría de veces se
precisan reintentos hasta acertar la vena. En algunos casos se
requiere el golpe de gracia en la nuca.
Los toros son capaces de matar
hasta en sus últimos momentos. En los años 80, un popular
matador de veintiún años, conocido por el nombre artístico de
Yiyo,
se giró hacia el público tras dar el golpe de gracia. El toro
lo embistió y con uno de sus cuernos perforó el
corazón
del desventurado torero.
En la corrida: una especie
de toro diferente
El verdadero
toro
salvaje desapareció de
su último reducto en los bosques de
Europa central en el
siglo
XVII,
pero debido a la cría selectiva de toros de lidia, el toro
salvaje español ha sobrevivido durante los últimos trescientos
años. La principal diferencia entre un toro salvaje y uno
doméstico es la manera de reaccionar cuando se ve amenazado.
El toro bravo de origen español seguirá atacando sin cesar
mientras algo o alguien se mueva en frente de él.
Esta característica es la
esencia misma de la
tauromaquia, razón por
la que los
ganaderos españoles
tratan de mejorarla constantemente. Los toros llevan una
existencia
placentera durante
cuatro años hasta el momento decisivo en el que se ven
empujados hacia la
arena. Aunque antes de
saltar a la arena el toro bravo nunca ha visto un
matador ni un
capote
—de lo contrario, jamás olvidaría las técnicas empleadas y eso
lo haría demasiado peligroso—, su instinto lo lleva a embestir
el trapo que se mueve, sea rojo o de cualquier otro color (los
toros no distinguen los colores).
La lidia de los toros a
caballo
Conocida también como
corrida de rejones o rejoneadores. Se divide en los
mismos tercios que la faena a pie, si bien la suerte de capote
se sustituye por corridas del rejoneador frente a toros, de
igual forma para medir su fuerza. Las banderillas las coloca
el
rejoneador desde el
caballo, utilizando el
rejón de muerte de
esta misma forma. Además se colocan los rejones, adornados con
diversas divisas y colores. Una vez muerto el toro, el público
expresa su opinión sobre la faena, agitando en el aire un
pañuelo blanco si ha sido de su agrado o "pitando" (emitiendo
silbidos) en caso contrario.
A petición del torero, antes de dar
muerte al toro, y sólo en casos de extraordinaria bravura,
porte y trapío, el presidente de la corrida puede conceder el
indulto del toro, en cuyo caso no se mata al toro sino que se
devuelve a los corrales para que regrese al campo como
semental. Para el indulto se tiene muy en cuenta las veces que
el toro asistió al caballo de picar. Una vez muerto el toro,
este es arrastrado por unas
mulas
(el llamado "tiro de mulillas") hasta el desolladero.