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La mezcla como
monstruosidad en arte y diseño.
Categorizar
parece ser una de las necesidades del ser humano en su afán de
instaurar un orden ya sea este orden basado en fenómenos
naturales o artificiales (literatura, escuelas de pensamiento,
etc.). Nietzsche se preguntó por qué decimos “hoja” para
referirnos a las hojas de los árboles cuando todas las hojas
son diferentes y éste, claro, ya es un problema del lenguaje
(el ejemplo más común son las comunidades de esquimales que
tiene varias palabras para designar la “nieve”, mientras que
otras poseen solo una, es decir, solo “nieve”). Los
pensamientos de Nietzsche no solo deben ser analizados desde
la problemática con el lenguaje sino también, por su odio –si
bien en el campo intelectual esta palabra no es demasiado
feliz- a la filosofía kantiana.
En literatura existen varias
denominaciones que sirven para encasillar obras y escritores
dentro de corrientes estético-literarias, como Clasicismo,
Romanticismo, Neo-Romanticismo, Realismo, Naturalismo,
Modernismo, Surrealismo, Realismo Mágico, etc., etc. Sin
embargo, existen obras difíciles de encasillar; dificultad que
aporta indudablemente a su riqueza y a su imposibilidad de ser
“domesticadas”. La palabra domesticada es un concepto
interesante y es una manera de denominar aquellas obras que se
resisten a ser leídas solo de una manera, obras o escritos en
que la ilegibilidad es una característica anhelada y cuya
resistencia al sentido inequívoco descoloca a muchos lectores,
seduce a otros e inevitablemente, frustra a muchos. Un ejemplo
de obras “rebeldes” es Trilce, el poemario del vanguardista
César Vallejo. La
riqueza de estas obras descansa en el hecho de que pueden ser
leídas siempre de maneras diferentes, que se resisten a una
sola y única lectura y por eso, además de tener un alto grado
de ilegibilidad, son altamente “indomables”.
¿Existen muebles únicos y
bizarros, casi imposibles de categorizar? (Decimos casi
imposible porque en la necesidad humana de encasillar, estas
piezas pueden ser categorizadas como incategorizables). Al
hablar de
muebles
lo que
verdaderamente importa son las posibilidades de inclusión en
un espacio así como las posibilidades de combinación con otras
piezas de mobiliario. Estas son piezas que, sin dudar a dudas,
capturan la atención y se establecen como el mueble central de
cada habitación. Muebles cuyo protagonismo obliga a la
habitación y al diseño de la misma a adaptarse a ellos, y no a
la inversa. |
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La
silla Traforata ha
sido descripta como la silla del rey, las asociaciones son
obvias y saltan a la vista, el meticuloso y detallado trabajo
en la madera de la silla nos remonta a los muebles de
antigüedades y a la época barroca. Nótese además la figura de
la cabeza de un león en el apoyabrazos e incluso, en las patas
delanteras, las garras del animal. Pero el tapizado es lo que
hará toda la diferencia: Si se elige el clásico tapizado rojo
con tachas doradas y la madera marrón oscura, se logra un
estilo ya visto, ya procesado.
Si, en cambio, la madera es negra y el tapizado no
convencional ni típico del mueble de antigüedad se obtiene
una silla que se puede denominar como
híbrida. En otras
palabras, una silla única, y opuesta a lo kitsch (entendemos
por kitsch aquello que no provoca una emoción nueva, aquello
que se ha convertido en un modelo que el lector, espectador,
destinatario en fin, ya posee los medios para interpretarlo y
que no implica un trabajo de decodificación ni mucho menos de
imaginación, lo kitsch es aquello que no mueve, que no
conmueve).
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Muchas obras de arte se proponen lograr un impacto, esta
silla es sin duda impactante y hasta
si se quiere monstruosa. Un lector medio interpretara lo
monstruoso como algo negativo, pero recordemos que algo
monstruoso puede ser denominado como tal por su tamaño, por
sus combinaciones y por su descolocación. Lo monstruoso es
aquello que resulta como tal justamente porque es
inclasificable, es aquello que no puede ser asimilado y que,
si es finalmente incorporado, deja de ser monstruoso. César
Aira –brillante crítico literario- ha denominado la prosa del
escritor argentino
Roberto Arlt como
monstruosa debido a la falta de distancia entre el narrador y
el lector.
La monstruosidad del escritor del Juguete Rabioso, Los Siete
Locos y Los Lanzallamas, entre otros títulos no solo radica en
la complejidad del narrador sino también en el vocabulario no
convencional a la literatura (asociado a aquello que Beatriz
Sarlo ha denominado “saberes de pobre”), y en los personajes
(donde se encuentra el motivo del doble entre Erdosain y
Barsut). Mas importantemente, la monstruosidad arltiana radica
en primer lugar en su hibridismo (la mezcla entre
expresionismo alemán, existencialismo norteamericano y
futurismo italiano) así como en la radical falta de
adscripción a una ideología. La sociedad secreta en la que se
involucra el personaje, mezcla discursos fascistas y
comunistas, espirituales y tecnológicos, religiosos y
ateístas.
Esta incorporación de discursos contradictorios y de
ideologías supuestamente contrarias es lo que lleva a un
descreimiento total de cualquier ideología, y a la ideología
como mentira (la alusión a la mentira metafísica es
constante). La monstruosidad de la escritura de Arlt llevó a
que críticos contemporáneos menospreciasen al autor diciendo
simplemente que Roberto Arlt no sabia escribir. Sucede que el
violentamiento de la escritura correcta hacia una escritura
deforme y agresiva incomodó a muchos de los críticos
literarios (es necesario mencionar que Los Siete Locos,
escrito en 1929 anticipa el golpe de estado argentino de 1930,
lo que muestra la lucidez de Arlt y su capacidad de entender
la sociedad argentina de su momento y de decodificar todos los
discursos en circulación).
Es por estos motivos y otros más (como la posibilidad de
interpretar la obra de Arlt de manera siempre diferente de
acuerdo a cada momento histórico y su carácter de indomable y
de inencasillable) lo que lleva a críticos literarios
argentinos reconocer el valor literario de Arlt por encima del
afamadísimo Jorge Luis Borges (claro que se trata de estilos
completamente diferentes, además que si Borges trabaja sobre
la orilla, Arlt trabaja sobre la totalidad –de la angustia,
del encarcelamiento, de la locura, etc.).
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Es claro que
incorporar mobiliario de tamañas características supone gran
desafío. La silla Traforata en su variante negra con tapizado
blanco y negro supone esta mezcla monstruosa entre silla de
realeza con un motivo campestre en el tapizado y requiere de
grandes conocimientos en diseño de interiores para darle un
contexto en el cual la hibridez de esta silla pueda ser
llevada a primer plano y complementada con otros muebles. Es
sin duda una pieza para aquellos que, desdeñosos de lo kitsch,
buscan una nueva sensibilidad, para aquellos que se proponen
lograr un diseño de interiores impactante en el sentido mas
potente, iracundo y hasta violento de la palabra.
Artículo enviado por
R.B.Casares
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