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No obstante,
el Minimalismo sigue con nosotros. Tal vez no lo escuchemos
nombrar tan frecuentemente como antes porque el tiempo pasa y
es imperativo crear nuevos –ismos, pero lo que el
Minimalismo representa es todavía, contemporáneo y actual.
Abajo están algunas de sus características:
-Abstracción
-Economía de lenguaje y medios
-Austeridad y falta de ornamentación
-Purismo estructural y funcional
-Orden
-Geometría rectilínea
-Desmaterialización
-Precisión en los acabados
-Síntesis y reduccionismo.
Probablemente, la principal razón aducida para atenuar al
Minimalismo haya sido el considerarlo algo frío, y si esto ha
ocurrido es porque este ismo parece ser el exacto
opuesto del arte barroco: ambos son extremos.
La
emergencia de esta tendencia en diseño de interiores tiene, al
menos, una explicación simplísima: lo primero que se ve al
salir de la casa son edificios, autos, publicidades, miles de
personas, todos con diversidad de tamaños, colores y formas.
La respuesta a este caos es el Minimalismo: orden, austeridad,
simplicidad y purismo estético. Sin embargo, muchos prefieren
volver a un hogar “acogedor” (en contraposición a la
geometrización radical de espacio), y eso es también
perfectamente lógico.
Los
muebles de vidrio
transparente pueden ser el mejor aliado cuando se intenta
lograr un estilo Minimalista –y el mejor amigo del hombre
cuando se trata de optimizar los espacios en habitaciones
estrechas: la transparencia del vidrio crea la gran ilusión de
desmaterialización. Una
mesa de vidrio
transparente no resulta invasiva, sino sugestiva y sutil.

En el mismo orden de cosas, los
muebles de vidrio de color son ideales para generar otro
efecto: el reflejo espejado; sobre todo en una
mesa
negra o roja.

¿Podríamos
concebir un mueble donde dos opuestos del diseño (Minimalismo
y Barroco) se toquen? Si la pregunta a esta repuesta es sí,
entonces una combinación de materiales es imprescindible. En
este caso la
mesa de centro
Dragón de MueblesParaMi.com,
que combina vidrio (material de la modernidad) y madera
(básico, clásico y tradicional), expresa la posibilidad de tal
combinación.

Desde luego,
esta pieza no puede ser considerada Minimalista en lo
absoluto, ni mucho menos barroca –a pesar de los detalles de
las piezas que unen la base de madera con la parte superior de
la mesa- ni de estilo oriental. El único término que puedo
encontrar para describir esta pieza –pieza que parece
resistirse a toda categorización- es la de híbrido. Muchos
asociarán rápidamente esta palabra con la biología, la
biogenética, etc, sin embargo, este término es también
utilizado en literatura.
La crónica
de Álvar Nuñez Cabeza de Vaca (Jerez de la Frontera, 1507 -
Sevilla, 1559), Naufragios, es ahora
estudiado por la literatura y considerado un híbrido. No es
sorpresa que este texto que pertenecía a los dominios de la
historia haya sido literaturizado. Es que el desafío de esta
clase de textos que se enmarcan en la denominación genérica de
“Crónicas de Indias” fue encontrar la forma de narrar algo
absolutamente nuevo, sin precedentes en modelos ni en códigos
literarios.
Si en el
Siglo de Oro español “libar” de las fuentes clásicas y
prestigiosas era lo primordial –después lo primordial sería la
originalidad de la obra, pero más adelante la presencia de
fuentes literarias en la obra sería revalorizada, bajo el
concepto de intertextualidad; como lo utilizaría en sus
ficciones, para mencionar otro escritor de la península, un
gran conocedor de la crítica literaria: Juan Goytisolo-
entonces el único modelo literario a la altura de la
circunstancia sería el de La Odisea homérica, así lo hizo
Cristóbal Colón, al escribir su diario y afirmar haber visto
una criatura mitológica en su paso por las Islas del Caribe.
La riqueza
híbrida de la relación
Naufragios
residiría no en la fuente clásica sino en el hecho de que en
primer lugar, este texto fue escrito para presentar ante el
tribunal que habría de juzgar el gran fracaso de la expedición
de Pánfilo de Narváez, entonces hay una intención retórica:
Álvar no es el responsable del fracaso. Es lo que nota Silvia
Molloy cuando dice que “tomar el leme” (”…así, yo tomé el leme.”,
dice Cabeza de Vaca) es el momento simbólico donde Álvar se
hace responsable, es cuando él se convierte en el centro del
texto y “lo autoriza”. La mezcla híbrida entre documento
oficial, la presencia de la historia y de la historiografía
medieval, la vertiente autobiográfica, la importancia
evangelizadora del yo y el ritmo expostivo del diario
-que crea la ilusión de simultaneidad-, es lo que hace de este
texto un híbrido, además de las oscilaciones en las posturas
identitarias del narrador.
El valor de
los híbridos es inmenso, y resultan interesantísimos, porque
representan un desafío para los que quieren estudiarlo,
debiendo rastrear los componentes de base y determinar cual es
el efecto que la combinación de modelos, códigos e intertextos
produce.
Nos tomaremos la libertad de denominar a esta mesa de centro
como híbrido. Y para los ávidos de nuevos -ismos
vamos a clasificar este estilo como hibridismo. Désele el
nombre que se le de, esta es una
mesa de café para
que los amantes de los objetos raros la tengan en cuenta.
Artículo enviado por Jane
Sassure Sassure
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