El Fósil es, en
geología, un término usado para describir cualquier evidencia
directa de un organismo con más de 10.000 años de antigüedad.
Un fósil puede consistir en una estructura original, por
ejemplo un hueso, en el que las partes porosas han sido
rellenadas con minerales, como carbonato de calcio o sílice,
depositados por aguas subterráneas; este proceso protege al
hueso de la acción del aire y le da un aspecto de piedra. Un
fósil puede ser también una sustancia diferente, como la
madera, cuyas moléculas han sido reemplazadas por materia
mineral.
Fósiles
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El término fósil puede
ser aplicado en un sentido más amplio a cualquier residuo de
carbono que permanezca con la misma forma que el organismo
original, el cual habría experimentado probablemente un
proceso de destilación; este es el caso de muchos fósiles de
helechos. Los moldes naturales formados tras la disolución por
las aguas subterráneas de las partes duras de algunos
organismos también son fósiles; las cavidades resultantes se
rellenan más tarde de sedimentos endurecidos que forman
réplicas del original.
Otros tipos incluyen huellas, restos intactos conservados en
terrenos congelados, en lagos de asfalto y en turberas,
insectos atrapados en la resina endurecida de antiguas
coníferas —en la actualidad se denomina ámbar—, y excrementos
fosilizados conocidos como coprolitos, que suelen contener
escamas de peces y otras partes duras de animales devorados.
Los estromatolitos son montículos formados por láminas de roca
que contienen grandes cantidades de fósiles primitivos y los
restos más antiguos de la existencia de vida en el planeta. Se
consideran signos de actividad microbiana, concretamente, de
sedimentos y sustancias que fueron utilizadas y transformadas
por numerosos microbios.
Los fósiles suministran un registro del cambio evolutivo a lo
largo de 3.000 millones de años en la escala de tiempos
geológicos. Aunque los organismos multicelulares han podido
ser abundantes en los mares que existían en el precámbrico
—hace 4.600 millones de años— eran exclusivamente criaturas
con cuerpos blandos, incapaces de crear fósiles. Por lo tanto,
la vida precámbrica apenas ha dejado rastro. El registro fósil
se enriqueció mucho más cuando aparecieron las cubiertas duras
y los cuerpos con esqueleto al comienzo de la era paleozoica,
hace 570 millones de años. Los geólogos del siglo XIX
utilizaron esta riqueza fósil para establecer una cronología
de los últimos 500 millones de años.
En la actualidad, se ha planteado la utilización de los
fósiles estromatolitos como única prueba de una actividad
biológica prehistórica. Según un informe publicado en octubre
en la revista Nature, estos fósiles tienen una antigüedad de
3.500 millones de años, primera fecha que dan los geólogos
para la existencia de vida en la Tierra. Según un artículo que
acompaña al reciente informe, se han encontrado restos de los
microbios actuales en los estromatolitos de 3.500 millones de
años, demostrando así que existía vida en la Tierra hace
tantos millones de años; sin embargo, el nuevo estudio
considera algunas dudas sobre el hecho de que todos los
estromatolitos contengan pruebas de esa vida.