La Gripe
es una enfermedad infecto-contagiosa aguda del tracto
respiratorio que afecta de manera especial a la tráquea. Un
episodio de gripe no complicada cursa con un cuadro que
incluye tos seca, dolor de garganta, taponamiento y secreción
nasal abundante e irritación ocular. En los casos más
complejos se añaden escalofríos, fiebre de rápida
instauración, cefalea, dolores musculares y articulares y, en
ocasiones, síntomas digestivos. En el primer caso los síntomas
y la fiebre remiten paulatinamente en el transcurso de pocos
días. Sin embargo, cuando el proceso se acompaña o va seguido
de una neumonía viral o bacteriana, la mortalidad aumenta.
Virus de la gripe
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Desde el
siglo XVI se han descrito más de 31 pandemias (epidemias de
amplísima extensión). La epidemia más devastadora de la era
moderna tuvo lugar en 1918, y se calcula que provocó la muerte
de unos 20 millones de personas.
Hay tres virus causales denominados A, B y C, que fueron
identificados en 1933, 1940 y 1950 respectivamente; los dos
primeros son los causantes de las epidemias. En 1941 se
demostró que es posible controlar esta enfermedad a través de
la administración de vacunas virales. Debido a las diferencias
antigénicas entre los 3 virus de la gripe, la vacunación no es
del todo eficaz porque no se desarrolla inmunidad cruzada; a
este problema se añade otro, consecuencia de la propiedad
excepcional de los virus de la gripe de mutar sus
características antigénicas con cierta periodicidad para
eliminar cualquier respuesta inmune por parte del organismo
infectado; por ello la eficacia de la vacunación es sólo
transitoria. La solución a este problema ha sido el desarrollo
de vacunas polivalentes: se combinan las vacunas contra los
diferentes tipos y subtipos de virus, que se modifican en
función de las transformaciones de éstos. Para cumplir estos
propósitos tuvo que establecerse un sistema de vigilancia a
escala mundial capaz de identificar las nuevas formas virales
con rapidez para permitir la preparación de las vacunas
adecuadas. Puesto que vacunar al conjunto de la población
mundial cada vez que los virus de la gripe sufren una mutación
supondría un coste difícil de asumir, la vacunación se reserva
a la población susceptible de padecer otras enfermedades de
manera simultánea (ancianos, personas con problemas
respiratorios).
Las variantes antigénicas del virus de la gripe aparecen en
ciclos: por ejemplo la variante que apareció en 1978-1979 era
idéntica al virus más extendido a principios de las décadas de
1950 y 1960. Ciertas evidencias que hacen pensar que una misma
forma de virus puede provocar epidemias que reaparecen cada 60
o 70 años. Esta teoría permite frenar mediante campañas
masivas de vacunación, determinadas epidemias en el momento en
que aparecen los primeros casos.
El fármaco hidrocloruro de amantadina, que se administra por
vía oral, es eficaz en la prevención, e incluso en el
tratamiento de la gripe producida por el tipo A de virus. Se
utiliza como tratamiento coadyuvante en los pacientes de
riesgo. Sin embargo la vacunación es considerada como el
método más eficaz para combatir la enfermedad.