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HISTORIA Y
EVOLUCIÓN DEL JUEGO
Platón fue uno de los primeros en mencionar y reconocer el
valor práctico del juego, dada la prescripción que hace en Las
Leyes, de que los niños utilicen manzanas para aprender mejor
las matemáticas y que los niños de tres años, que mas tarde
serán constructores, se sirvan de útiles auténticos, sólo que
a tamaño reducido.
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El mismo Aristóteles que se ocupa de los problemas
educativos para la formación de hombres libres, menciona en
varios lugares de su obra ideas que remiten a la conducta de
juego en los niños, por ejemplo «hasta la edad de cinco años,
tiempo en que todavía no es bueno orientarlos a un estudio, ni
a trabajos coactivos, a fin de que estos no impida el
crecimiento, se les debe, no obstante permitir movimientos
para evitar la inactividad corporal; y este ejercicio puede
obtenerse por varios sistemas, especialmente por el juego». En
otro fragmento menciona que «la mayoría de los juegos de la
infancia, deberían ser imitaciones de las ocupaciones serias
de la edad futura».
En la Edad Media el juego tenía escasa reglamentación y una
estructura sencilla, y se utilizaban pocos objetos. La mayor
parte se realizaban al aire libre, rudimentarios, lentos y sin
pasión por el resultado.
En el Renacimiento se produce un cambio de mentalidad. Lo
individual venia a sustituir a lo colectivo; ya no giraba todo
en torno a Dios. Los juegos populares y tradicionales
adquieren fuerza, justifican y refuerzan la posición de clase
que los practica o que los contempla.
En la segunda mitad del siglo XIX, aparecen las primeras
teorías psicológicas sobre el juego de Spender (1855), Lázarus
(1883) y Groos (1898, 1901). E iniciado ya el siglo XX, nos
encontramos con Hall (1904) y Freíd. Todas las teorías que
desarrollan van a adquirir mucha importancia para la
explicación del juego, y serán desarrolladas más a delante.
En tiempos más recientes el juego ha sido estudiado e
interpretado de acuerdo a los nuevos planteamientos teóricos
que han ido surgiendo en Psicología de Piaget (1932, 1946,
1962, 1966) que ha destacado tanto en sus escritos teóricos
como en sus observaciones clínicas la importancia del juego en
los procesos de desarrollo. Sternberg (1989), también aporta a
la teoría piagetiana. Son muchos los autores que, de acuerdo
con la teoría piagetiana, han insistido en la importancia que
tiene para el proceso del desarrollo humano la actividad que
el propio individuo despliega en sus intentos por comprender
la realidad material y social. Los educadores, influidos por
la teoría de Piaget revisada, llegan a la conclusión de que la
clase tiene que ser un lugar activo, en el que la curiosidad
de los niños sea satisfecha con materiales adecuados para
explorar, discutir y debatir (Berger y Thompson, 1997).
Además, Piaget también fundamenta sus investigaciones sobre el
desarrollo moral en el estudio del desarrollo del concepto de
norma dentro de los juegos. La forma de relacionarse y
entender las normas de los juegos es indicativo del modo cómo
evoluciona el concepto de norma social en el niño.
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