Hueso, tejido conjuntivo duro, componente principal de casi
todos los sistemas esqueléticos en los vertebrados adultos. El
hueso parece un tejido sin vida y, de hecho, la palabra
esqueleto deriva de una palabra griega que significa
‘desecado’. Sin embargo, el hueso es, en realidad, una
estructura dinámica formada por tejidos vivos, como las
células óseas, las células grasas y los vasos sanguíneos, así
como por materiales inertes como agua y minerales.
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Los huesos son estructuras con funciones múltiples que
desempeñan actividades vitales y diversas en los vertebrados.
Forman la estructura de soporte para el cuerpo, al que
sostienen y dan forma (véase Esqueleto). También presentan una
superficie para la inserción de los músculos y actúan como
brazos de palanca que permiten numerosos movimientos
complejos. Muchos huesos protegen órganos internos blandos;
por ejemplo, los huesos del cráneo protegen al cerebro, y las
costillas forman una jaula alrededor de los pulmones y el
corazón. Además de estas funciones estructurales y mecánicas,
los huesos participan también en la fisiología del organismo.
Almacenan calcio, un mineral esencial para la actividad de las
células nerviosas y musculares. La zona central blanda del
hueso, la médula ósea, es donde se forman los glóbulos rojos
de la sangre, algunos glóbulos blancos y las plaquetas (véase
Sangre).
Una persona adulta tiene 206 huesos, que representan el 14%
del peso corporal total. El hueso más largo y resistente es el
fémur, que en la madurez alcanza una longitud de 50 cm y una
anchura de 2,5 cm aproximadamente. El hueso más pequeño, el
estribo, es uno de los tres huesos diminutos alojados en el
oído medio, con tan solo 0,18 cm de longitud.
2 ESTRUCTURA Y COMPOSICIÓN DEL HUESO
El hueso está formado por células vivas ampliamente repartidas
en el interior de la matriz ósea. La matriz contiene
osteoblastos, células que son renovadas constantemente en el
hueso. Los osteoblastos fabrican y segregan colágeno, una
proteína que proporciona elasticidad al hueso para soportar
las fuerzas generadas al andar, coger peso y en otras muchas
actividades. Los osteoblastos segregan también sales minerales
formadas por calcio y fósforo que aportan dureza para que los
huesos no puedan romperse con facilidad. Si es necesario más
hueso, los osteoblastos nuevos llevan a cabo la tarea de
reconstruirlo. Cuando el tejido óseo madura, los osteoblastos
se transforman en osteocitos, células óseas maduras que llevan
a cabo las actividades celulares habituales.
Existen dos tipos principales de hueso. El hueso compacto o
cortical, que forma la mayor parte del hueso de los brazos y
las piernas, es muy denso y duro en el exterior. Las unidades
estructurales del hueso compacto son las osteonas, cilindros
alargados que actúan como pilares de soporte de carga, capaces
de soportar una fuerza mecánica aplicada al hueso. El centro
de cada osteona contiene un conducto hueco, llamado canal o
conducto de Havers, que actúa como vía de paso para los vasos
sanguíneos y los nervios.
En algunos casos, por dentro del hueso compacto existe hueso
esponjoso, también denominado hueso trabecular, formado por un
entramado, en forma de panal, de estructuras denominadas
trabéculas, que actúan como vigas de soporte. El hueso
esponjoso está diseñado para soportar fuerzas en distintas
direcciones, como la ejercida sobre la pelvis al flexionar o
extender. Los espacios entre las trabéculas están ocupados por
médula ósea roja que contiene los vasos sanguíneos que nutren
al hueso esponjoso. El hueso esponjoso está presente en los
huesos de la pelvis, costillas, esternón, vértebras, cráneo y
en los extremos de los huesos largos de brazos y piernas.
Rodeando al hueso compacto y al hueso esponjoso existe una
membrana delgada denominada periostio. La capa externa de esta
membrana contiene nervios y vasos sanguíneos que se ramifican
y distribuyen dentro del hueso. La capa interna del periostio
está formada principalmente por osteoblastos.
La región en la que se ponen en contacto dos o más huesos se
denomina articulación. Los distintos tipos de articulaciones
permiten diferentes grados de movilidad. Algunas
articulaciones presentan una movilidad muy limitada, como las
presentes entre los huesos del cráneo. Otros huesos se
mantienen unidos por estructuras de tejido conjuntivo
resistente, denominadas ligamentos, y forman articulaciones
como la articulación en bisagra del codo, que permite
movimientos solo en una dirección. La articulación en pivote
entre la primera y la segunda vértebra cervical permite girar
la cabeza de lado a lado.
Existe otro tipo de tejido conjuntivo, muy relacionado con el
hueso, denominado cartílago. El cartílago es más blando, más
elástico y más compresible que el hueso. Está presente en
zonas del cuerpo que precisan una combinación de resistencia y
flexibilidad, como los extremos de los huesos, la punta de la
nariz y la zona externa del oído.
3 FORMACIÓN Y DESTRUCCIÓN DEL HUESO
Al comienzo del desarrollo del bebé dentro del cuerpo de la
madre, el esqueleto está formado por cartílago.
Aproximadamente hacia la octava semana del desarrollo fetal
comienzan a depositarse sales de calcio y fósforo alrededor
del cartílago. Sin embargo, hacia la semana 40 del desarrollo,
los huesos fetales siguen estando formados principalmente por
cartílago blando. El cráneo consiste en varias láminas de
cartílago que aún no están unidas por completo. Los espacios
entre estas láminas se denominan puntos blandos o fontanelas.
El cartílago blando y las fontanelas permiten la compresión
del cráneo durante su paso a través del canal del parto.
Durante la infancia, el cartílago va siendo sustituido de
manera gradual por hueso, gracias a la actividad de los
osteoblastos. En el lactante existen más de 300 huesos, varios
de los cuales se fusionan conforme madura.
A lo largo de la vida, el tejido óseo es destruido y
reconstruido (proceso de remodelación) en respuesta a las
demandas del cuerpo. Por ejemplo, siempre debe haber calcio en
la sangre a una concentración determinada. Si baja la
concentración de calcio en sangre, las células denominadas
osteoclastos destruyen hueso para aportar calcio al torrente
sanguíneo. Si el ejercicio aumenta la masa muscular, los
huesos deben desarrollarse en consonancia para evitar que la
tracción de unos músculos más potentes provoque una fractura
en el hueso. En este caso, los osteoblastos promueven la
formación de hueso nuevo.
Durante la infancia y la adolescencia se forma mucho más hueso
del que se destruye, de modo que el esqueleto crece en tamaño
y en resistencia. Durante la fase inicial de la edad adulta,
la destrucción ósea comienza lentamente a superar a la
formación de hueso. Conforme la persona envejece, pierde
tejido óseo y los huesos van debilitándose, lo que aumenta su
susceptibilidad a la fractura. El ejercicio y una dieta
apropiada son fundamentales para mantener la salud del hueso
en todas las etapas de la vida. Los nutrientes, en especial
una cantidad suficiente de calcio, fósforo, vitamina D y
hormonas (hormona del crecimiento, parathormona u hormona
paratiroidea, calcitonina y hormonas sexuales), influyen en el
crecimiento del hueso.
Las fracturas o roturas del hueso son lesiones muy frecuentes.
El proceso de reparación requiere la interacción de varios
fenómenos. Aproximadamente una semana después de que se
produzca una fractura, las células presentes en el periostio
invaden la zona lesionada y producen un entramado fibroso. A
continuación, otras células producen cartílago en dicho
entramado. Por último, los osteoblastos penetran en este
entramado y convierten el cartílago en hueso. La reparación
completa puede durar semanas o incluso meses, según el estado
de salud general de la persona, su edad y otros factores. En
algunos casos se emplean férulas para el tratamiento de las
fracturas, que son objetos firmes que dan soporte a la zona
que rodea el hueso roto y limitan la movilidad. En otros
casos, es necesario inmovilizar por completo el hueso
fracturado para lograr la curación porque el movimiento podría
provocar una nueva fractura en la zona. Estas fracturas suelen
inmovilizarse con una escayola normal o de fibra de vidrio
enrollada alrededor de la zona que rodea al hueso fracturado.
4 ENFERMEDADES ÓSEAS
Distintas enfermedades pueden afectar a los huesos. Una de las
más frecuentes es la osteoporosis, que se caracteriza por un
adelgazamiento del hueso que hace que este se debilite,
fragilice y sea propenso a las fracturas. Muchos factores
pueden causar osteoporosis, como la menopausia, la falta de
ejercicio, un consumo insuficiente de calcio, la adicción al
tabaco, la medicación con corticoides y el consumo excesivo de
alcohol.
Las deficiencias dietéticas de calcio, fósforo y vitamina D
producen raquitismo, una enfermedad caracterizada por la
formación anormal de hueso y deformidades esqueléticas. El
raquitismo es más frecuente en la infancia. Las deficiencias
dietéticas de estos nutrientes en adultos o los trastornos
metabólicos que alteran la absorción de los nutrientes pueden
provocar un reblandecimiento anormal del hueso, un problema
denominado osteomalacia.
Las infecciones de los huesos denominadas osteomielitis están
causadas por bacterias, generalmente del género Staphylococcus,
que entran en el cuerpo a través de heridas abiertas y pueden
destruir los tejidos óseos. El hueso puede presentar tumores o
crecimientos anormales, aunque la mayoría son benignos. Los
tumores malignos (cáncer) son muy poco frecuentes y pueden
tener relación con una radiación excesiva, ya que muchas
sustancias radiactivas tienen afinidad por el hueso, sobre
todo por la médula ósea donde se acumulan con facilidad. Sin
embargo, la mayoría de los tumores malignos del hueso se deben
a la propagación de un cáncer desde otra región del cuerpo
(metástasis). Los cánceres que tienen origen en el hueso,
cartílago y otros tejidos conjuntivos se denominan sarcomas.
Véase también Cáncer óseo.