Vegetal o
Planta es cualquier miembro del reino Vegetal o reino Plantas
(Plantae) formado por unas 260.000 especies conocidas de
musgos, hepáticas, helechos, plantas herbáceas y leñosas,
arbustos, trepadoras, árboles y otras formas de vida que
cubren la tierra y viven también en el agua. Se abarcan todos
los biotipos posibles: desde las plantas herbáceas (terófitos,
hemicriptófitos, geófitos) a las leñosas que pueden ser
arbustos (caméfitos y fanerófitos), trepadoras o árboles (fanerófitos).
Plantas
Servicios en Internet:
Del mismo
modo son capaces de colonizar los ambientes más extremos,
desde las heladas tierras de la Antártida en las que viven
algunos líquenes hasta los desiertos más secos y cálidos en
los que sobreviven ciertas acacias, pasando por toda una gama
de sustratos (suelo, rocas, otras plantas, agua). El tamaño y
la complejidad de los vegetales son muy variables; este reino
engloba desde pequeños musgos no vasculares, que necesitan
estar en contacto directo con el agua, hasta gigantescas
secuoyas —los mayores organismos vivientes— capaces, con su
sistema radicular, de elevar agua y compuestos minerales hasta
más de cien metros de altura.
El ser humano utiliza directamente sólo un reducido porcentaje
de las especies vegetales para procurarse alimento, cobijo,
fibras y medicinas. A la cabeza de la lista están el arroz, el
trigo, el maíz, las legumbres, el algodón, las coníferas y el
tabaco, especies de las que depende la economía de naciones
enteras. Pero aún tienen más importancia para la humanidad los
beneficios indirectos obtenidos de todo el reino Vegetal, que
lleva más de 3.000 millones de años realizando la
fotosíntesis. Las plantas nos han dejado combustibles fósiles
(como el petróleo) de los que se obtiene energía y, a lo largo
de su prolongada historia, han suministrado oxígeno suficiente
a la atmósfera para permitir que los seres vivos pudieran
desarrollarse, desde las primeras formas de vida terrestre a
la diversidad extraordinaria que conocemos en la actualidad.
La biomasa mundial está formada en una proporción abrumadora
por plantas, que no sólo constituyen la base de todas las
cadenas tróficas, sino que también modifican los climas, y
crean y sujetan los suelos, transformando así en habitables lo
que de otro modo serían masas de piedras y arena.
2 DIFERENCIACIÓN DE OTROS REINOS
Los
vegetales son organismos verdes pluricelulares; sus células
contienen un protoplasma eucariótico (con núcleo) encerrado en
el interior de una pared celular más o menos rígida compuesta
en su mayoría por celulosa. La principal característica de los
vegetales es su capacidad fotosintética, que utilizan para
elaborar el alimento que necesitan transformando la energía de
la luz en energía química; este proceso tiene lugar en unos
plastos (orgánulos celulares) verdes que contienen clorofila y
se llaman cloroplastos. Algunas especies de plantas han
perdido la clorofila y se han transformado en saprofitas o
parásitas (como los jopos, especies del género Orobanche) que
absorben los nutrientes que necesitan de materia orgánica
muerta o viva; a pesar de esto, los detalles de su estructura
demuestran que se trata de formas vegetales evolucionadas.
Los hongos, también eucarióticos y considerados durante mucho
tiempo miembros del reino Vegetal, se han clasificado ahora en
un reino independiente, porque carecen de clorofila y de
plastos, y porque la pared celular, rígida, contiene quitina
en lugar de celulosa. Los hongos no sintetizan el alimento que
necesitan, sino que lo absorben de materia orgánica viva o
muerta.
También los diversos grupos de algas se clasificaban antes en
el reino Vegetal, porque son eucarióticas y porque casi todas
tienen paredes celulares rígidas y realizan la fotosíntesis.
No obstante, debido a la diversidad de tipos de pigmentos,
tipos de pared celular y manifestaciones morfológicas
observadas en las algas, ahora se consideran parte de dos
reinos distintos que engloban organismos variados semejantes a
las plantas y de otros tipos entre los cuales no hay
necesariamente una afinidad estrecha. Se considera que una de
las divisiones o filos de algas —formada por las llamadas
algas verdes— es la predecesora de las plantas verdes
terrestres, porque los tipos de clorofila, las paredes
celulares y otros detalles de la estructura celular son
similares a los de las plantas.
También los miembros del reino Animal son pluricelulares y
eucarióticos, pero se diferencian de las plantas en que se
alimentan de materia orgánica; en que ingieren el alimento, en
lugar de absorberlo, como hacen los hongos; en que carecen de
paredes celulares rígidas; y en que, por lo general, tienen
capacidad sensorial y son móviles, al menos en alguna fase de
su vida. Véase Clasificación.
3 DIVISIONES VEGETALES
Las
numerosas especies de organismos del reino Vegetal se
organizan en varias divisiones (equivalentes botánicos de los
filos). Musgos, hepáticas y antocerotas se incluyen en la
división Bryophyta (briofitos), con más de 23.000 especies
conocidas; los helechos y plantas afines se engloban en la
división Pteridophyta, con unas 12.000 especies; y los
espermatofitos o plantas con semillas, con unas 225.000
especies, se agrupan en 2 divisiones: la división Pinophyta
que incluye las gimnospermas (plantas con semillas no
encerradas en la madurez en un fruto), con unas 850 especies;
y la división Magnoliophyta formada por las angiospermas
(plantas con semillas encerradas en la madurez en un fruto).
Los briofitos carecen de sistema vascular desarrollado para el
transporte interno de agua y nutrientes, y se han descrito
como plantas no vasculares. Las otras 3 divisiones restantes
reciben la denominación común de plantas vasculares o
cormofitos. El tejido vascular es un tejido conductor interno
que se encarga de transportar agua, minerales y nutrientes.
Hay dos tipos de tejido vascular: xilema, que conduce agua y
minerales desde el suelo hacia los tallos y hojas, y floema,
que conduce los alimentos sintetizados en las hojas hacia los
tallos, las raíces y los órganos de almacenamiento y
reproducción. Además de la presencia de tejido vascular, los
cormofitos se diferencian de los briofitos en que las plantas
con hojas son la generación asexual o productora de esporas
del ciclo vital. En la evolución de los cormofitos, la
generación esporofítica creció en tamaño y complejidad, al
tiempo que la gametofítica se reducía hasta quedar encerrada
en el tejido esporofítico. La capacidad para evolucionar hacia
esporofitos mayores y más diversificados, junto con la
propiedad de elevar agua que tiene el tejido vascular, liberó
a los cormofitos de la dependencia directa de las aguas de
superficie. De este modo colonizaron todas las regiones
continentales de la tierra, salvo las zonas árticas más altas,
y se convirtieron en fuente de alimento y refugio para los
animales que las habitan.
3.1 División Bryophyta
Los briofitos constituyen un conjunto polifilético diverso
(como el reino Hongos) de plantas no vasculares. Abundan en
lugares húmedos y sombríos, pero hay especies xerófilas que
pueden vivir en medios estacionalmente secos (como una pared o
una roca). En cualquier caso, su ciclo reproductor implica
necesariamente una fase acuosa. La mayor diversidad se alcanza
en los trópicos, pudiendo dominar en regiones boreales y
australes y en algunas comunidades de zonas templadas como las
turberas. Los ejemplares de briofitos con hojas que se conocen
corresponden a la generación sexual o productora de gametos
del ciclo vital de estos organismos. Por la falta de sistema
vascular y porque los gametos necesitan una película de agua
para dispersarse, los briofitos son, por lo general, plantas
pequeñas que tienden a vivir en condiciones húmedas, aunque
algunos ejemplares alcanzan gran tamaño en condiciones
favorables y otros (casi siempre muy pequeños) están adaptados
a la vida en el desierto, asociados a periodos estacionales
húmedos o a humedades atmosféricas altas.
Los briofitos comprenden 3 clases: Hepatopsida o
Marchantiopsida, que incluye las hepáticas; Bryopsida, formada
por los musgos; y Anthocerotopsida, que engloba las
antocerotas.
3.2 División Pteridophyta
La división Pteridophyta engloba las criptógamas vasculares,
es decir, los helechos y plantas afines (licopodios,
selaginelas y equisetos). De las aproximadamente 12.000
especies que componen la división, cerca del 80% se
distribuyen en las regiones intertropicales. Presentan un
ciclo biológico con alternancia de generaciones en el que la
generación asexuada o esporofito domina sobre la generación
sexuada o gametofito. La fecundación debe realizarse en
presencia de agua.
Se diferencian 4 subdivisiones de pteridofitos vivientes:
Lycophytina (las licofitinas o licopodios), Equisetophytina
(equisetos), Psilophytina (psilofitinas, con sólo dos géneros
vivientes) y Filicophytina (helechos verdaderos).
3.3 División Pinophyta
La división Pinophyta incluye a las gimnospermas, es decir, a
aquellas plantas vasculares cuyas semillas no están encerradas
en la madurez en un fruto. La fecundación no depende de la
presencia de agua pues el grano de polen es transportado por
el viento hasta el gemetofito femenino produciéndose la
fecundación.
Esta división incluye 4 clases con representantes vivos:
Cycadopsida (cícadas), Ginkgopsida (Ginkgo biloba),
Coniferopsida (coníferas y Taxáceas) y Gnetopsida.
3.4 División Magnoliophyta
Este grupo está integrado por las angiospermas o plantas con
flor, que constituyen la forma de vida vegetal dominante. Se
subdividen en dos clases: Magnoliopsida (dicotiledóneas) y
Liliopsida (monocotiledóneas). Las dicotiledóneas, que pueden
ser plantas herbáceas, arbustivas o arbóreas, se caracterizan
por presentar un embrión con 2 cotiledones (hojas primordiales
que proporcionan alimento a la nueva plántula). Las
monocotiledóneas, cuyo embrión sólo presenta 1 cotiledón,
suelen ser herbáceas.
4 ESTRUCTURA Y FUNCIÓN CELULAR
La enorme
variedad de especies vegetales refleja, en parte, la
diversidad de tipos de células que constituyen las diferentes
plantas. Pero entre todas estas células hay similitudes
básicas que descubren el origen común y las relaciones entre
las especies botánicas. Cada una de las células vegetales es,
al menos en parte, autosuficiente, y está aislada de sus
vecinas por una membrana celular o plasmática y por una pared
celular. Membrana y pared garantizan a las células la
realización de sus funciones; al mismo tiempo, unas conexiones
citoplásmicas llamadas plasmodesmos mantienen la comunicación
con las células contiguas.
4.1 Pared celular
La principal diferencia entre las células vegetales y animales
es que las primeras tienen pared celular. Ésta protege el
contenido de la célula y limita su tamaño; también desempeña
importantes funciones estructurales y fisiológicas en la vida
de la planta, pues interviene en el transporte, la absorción y
la secreción.
La pared celular vegetal es una estructura formada por varios
compuestos químicos; el más importante de ellos es la celulosa
(un polímero formado por moléculas del azúcar glucosa). Las
moléculas de celulosa se unen en fibrillas, que constituyen el
bastidor estructural de la pared. Otros componentes
importantes de muchas paredes celulares son las ligninas, que
aumentan la rigidez, y las ceras —como cutina y suberina— que
reducen la pérdida de agua por parte de las células. Muchas
células vegetales producen una pared celular primaria mientras
crece la célula, y otra secundaria que se forma dentro de la
primaria cuando la célula ha terminado de crecer. Los
plasmodesmos atraviesan las dos y establecen vías de
transporte de sustancias.
4.2 Protoplasto
La pared celular encierra el contenido vivo de la célula,
llamado protoplasto. Este contenido está envuelto en una
membrana celular única de tres capas. El protoplasto está
formado por citoplasma, que a su vez contiene orgánulos y
vacuolas envueltos en membrana y núcleo, la unidad hereditaria
de la célula.
4.2.1 Vacuolas
Las vacuolas son cavidades limitadas por una membrana, llenas
de savia celular, formada en su mayor parte por agua con
azúcares, sales y otros compuestos en solución.
4.2.2 Plastos
Los plastos son orgánulos —estructuras celulares
especializadas semejantes a los órganos— limitados por dos
membranas. Hay tres tipos importantes de plastos: los
cloroplastos contienen clorofila y pigmentos carotenoides; en
ellos se lleva a cabo la fotosíntesis, el proceso de captación
y fijación de la energía solar en forma de energía química
acumulada en los enlaces de diversos compuestos de carbono.
Los leucoplastos carecen de pigmentos e intervienen en la
síntesis de almidones, aceites y proteínas. Los cromoplastos
sintetizan carotenoides.
4.2.3 Mitocondrias
Mientras que los plastos intervienen de distintas formas en el
almacenamiento de energía, las mitocondrias (otros orgánulos
celulares) son las sedes de la respiración. Este proceso
consiste en la transferencia de energía química desde los
compuestos que contienen carbono al trifosfato de adenosina o
ATP, la principal fuente de energía para las células. La
transferencia tiene lugar en tres etapas: glicolisis
(producción de ácidos a partir de los hidratos de carbono),
ciclo de Krebs y transferencia de electrones. Como los plastos,
las mitocondrias están envueltas en dos membranas, la interna
muy plegada; estos pliegues internos o crestas mitocondriales
constituyen las superficies en las cuales se producen las
reacciones respiratorias.
4.2.4 Ribosomas, aparato de Golgi y retículo endoplasmático
Hay otros dos elementos celulares importantes: los ribosomas
(donde se enlazan los aminoácidos para formar proteínas), y el
aparato de Golgi, que interviene en la secreción de material
celular. Además, recorre gran parte del citoplasma un complejo
sistema de membranas llamado retículo endoplasmático, que
parece actuar como sistema de comunicación a través del cual
circulan varios tipos de sustancias de unos puntos de la
célula a otros. Los ribosomas suelen estar conectados con el
retículo endoplasmático, que se prolonga en la doble membrana
que envuelve el núcleo celular.
4.2.5 Núcleo
El núcleo determina las proteínas que deben producirse, y
controla así las funciones celulares. También mantiene y
transmite información genética a las nuevas generaciones
celulares mediante la división celular. Véase Genética.
5 TEJIDOS
La
estructura básica de la célula vegetal y sus elementos
presenta muchas variantes. Los tipos de células similares se
organizan en unidades estructurales y funcionales llamadas
tejidos que constituyen el conjunto de la planta; éstos tienen
puntos de crecimiento formados por células en división activa
en los cuales se forman células y tejidos nuevos. Los puntos
de crecimiento, llamados meristemos, se encuentran en los
extremos apicales de los tallos y las raíces (meristemos
apicales), donde causan el crecimiento primario de los
vegetales, y en las paredes de tallos y raíces (meristemos
laterales), donde inducen el crecimiento secundario. En las
plantas vasculares se reconocen tres grandes sistemas
tisulares: dérmico, vascular y fundamental.
5.1 Tejido dérmico
El tejido dérmico está formado por la epidermis o capa externa
del cuerpo de la planta. Constituye la piel que cubre hojas,
flores, raíces, frutos y semillas. Las células epidérmicas
varían mucho en cuanto a estructura y función.
En la epidermis puede haber estomas, unas aberturas a través
de las cuales la planta intercambia gases con la atmósfera.
Estas aberturas están rodeadas por células especializadas
llamadas oclusivas que al cambiar de tamaño y forma, modifican
el diámetro de la abertura estomática y de este modo regulan
el intercambio gaseoso. La epidermis está revestida por una
película de cera llamada cutícula; es impermeable, y su
función es reducir la pérdida de agua por evaporación a través
de la superficie de la planta. Si ésta experimenta crecimiento
secundario —es decir, aumento de diámetro de raíces y tallos
por actividad de los meristemos laterales— en lugar de
epidermis tendrá peridermis, tejido formado por células
impermeabilizadas casi por completo (sobre todo tejido
suberoso o de corcho) que mueren al madurar.
5.2 Tejido vascular
Hay dos clases de tejido vascular: xilema, encargado de
conducir agua, nutrientes y minerales disueltos, y floema, que
transporta alimentos. El xilema también almacena nutrientes y
contribuye a sujetar la planta.
5.2.1 Xilema
El xilema está formado por dos clases de tejido conductor:
traqueidas y vasos. Las células que los forman son en los dos
tipos alargadas, afiladas por los extremos, con paredes
secundarias y sin citoplasma, y mueren al madurar. La pared
celular tiene unas punteaduras (adelgazamientos) en las cuales
no se produce engrosamiento secundario y a través de las que
el agua pasa de unas células a otras. Los vasos suelen ser más
cortos y anchos que las traqueidas y, además de punteaduras,
tienen perforaciones carentes de engrosamiento primario y
secundario a través de las que circulan libremente el agua y
los nutrientes disueltos.
5.2.2 Floema
El floema o tejido conductor de nutrientes está formado por
células que se mantienen vivas al madurar. Las células
principales del floema son los elementos cribosos —llamados
así por los grupos de poros que tienen en las paredes— a
través de los que se conectan los protoplastos de las células
contiguas. Hay dos tipos de estos elementos: células cribosas,
con poros estrechos dispuestos en grupos bastante uniformes en
las paredes celulares, y tubos cribosos, con poros mayores en
unas paredes celulares que en otras. Aunque los elementos
cribosos contienen citoplasma también en la madurez, carecen
de núcleo y otros orgánulos. Los elementos cribosos llevan
asociadas unas células anexas que tienen núcleo y se encargan
de fabricar y segregar sustancias que entregan a los elementos
cribosos, así como de extraer de éstos los productos de
desecho que forman.
5.3 Tejido fundamental
Las plantas tienen tres tipos de tejido fundamental. El
primero, llamado parénquima, está distribuido por toda la
planta, está vivo y mantiene la capacidad de división celular
durante la madurez. En general, las células tienen sólo
paredes primarias de grosor uniforme. Estas células del
parénquima se encargan de numerosas funciones fisiológicas
especializadas: fotosíntesis, almacenamiento, secreción y
cicatrización de heridas. También hay células de este tipo en
los tejidos xilemático y floemático.
El colénquima es el segundo tipo de tejido fundamental;
también se mantiene vivo en la madurez, y está formado por
células provistas de paredes de grosor desigual. El colénquima
puede plegarse, y actúa como tejido de sostén en las partes
jóvenes de las plantas que se encuentran en fase de
crecimiento activo.
El esclerénquima, el tercer tipo de tejido, está formado por
células que pierden el protoplasto al madurar y tienen paredes
secundarias gruesas, por lo general con lignina. El
esclerénquima se encarga de sujetar y reforzar las partes de
la planta que han terminado de crecer.
6 ÓRGANOS VEGETALES
El cuerpo de
toda planta vascular está organizado en tres tipos generales
de órganos: raíces, tallos y hojas. Estos contienen a su vez
los tres tipos de tejidos que acaban de describirse, pero se
diferencian por la forma en que se especializan las células
para desempeñar distintas funciones.
6.1 Raíces
La función de las raíces es sujetar la planta al sustrato y
absorber agua y elementos minerales. Por tanto, las raíces
suelen ser subterráneas y crecer hacia abajo, en el sentido de
la fuerza gravitatoria, es decir, tienen un geotropismo
positivo. Sin embargo, en algunos casos pueden estar expuestas
al sol y, debido a la acción de la luz, adquieren un color
verdoso. A diferencia de los tallos, carecen de hojas y nudos
y están incapacitadas para formar hojas o flores. La epidermis
se encuentra justo por detrás del ápice de crecimiento de la
raíz y está cubierta de pelos radicales, que son proyecciones
de las células epidérmicas que aumentan la superficie de la
raíz y se encargan de absorber agua y nutrientes.
En su interior, las raíces están formadas en su mayor parte
por xilema y floema, aunque en muchos casos están muy
modificadas para desempeñar funciones especiales. Así, algunas
son importantes órganos de almacenamiento, como sucede en la
remolacha, la zanahoria o el rábano; estas raíces son ricas en
tejido parenquimatoso. Muchos árboles tropicales tienen raíces
aéreas de apuntalamiento, denominadas contrafuertes, que
mantienen el tronco vertical y que son típicas de las áreas
pantanosas y de manglar. Los epifitos tienen raíces
modificadas para absorber con rapidez el agua de lluvia que
escurre sobre la corteza de la planta hospedante.
La raíz aumenta de longitud con la actividad de los meristemos
apicales, y de diámetro mediante la de los meristemos
laterales. Las ramas de la raíz surgen en su interior, a
alguna distancia por detrás del ápice de crecimiento, cuando
ciertas células se transforman en meristemáticas.
6.2 Tallos
Los tallos suelen encontrarse por encima del suelo, crecen
hacia arriba y llevan hojas dispuestas de manera regular en
nudos formados a lo largo del propio tallo. La porción
comprendida entre dos nudos se llama entrenudo. Los tallos
aumentan de longitud gracias a la actividad del meristemo
apical situado en el extremo. Este punto de crecimiento (yema
apical) es también el origen de las hojas nuevas, que lo
rodean y protegen antes de abrirse. Las yemas apicales de los
árboles caducifolios, que pierden las hojas durante parte del
año, suelen estar protegidas por unas hojas modificadas
llamadas escamas.
Los tallos son más variables en aspecto externo y estructura
interna que las raíces, pero también están formados por los
tres tipos de tejidos conocidos y tienen varias
características comunes. El tejido vascular se agrupa en haces
que recorren el tallo longitudinalmente, y forma una red
continua con el tejido vascular de hojas y raíces. En las
plantas herbáceas, el tejido vascular está envuelto en tejido
parenquimático, mientras que los tallos de las leñosas están
formados por tejido xilemático endurecido. Los tallos aumentan
de diámetro mediante la actividad de los meristemos laterales,
que producen, en las especies leñosas, la corteza y la madera.
La corteza —que comprende también el floema— actúa como
cubierta externa protectora, que evita lesiones y pérdida de
agua.
Dentro del reino Vegetal se dan numerosas modificaciones del
tallo básico, como las espinas de las zarzas. Ciertos tallos,
como los zarcillos de las parras, están modificados para
crecer hacia arriba y sujetarse al sustrato. Muchas plantas
tienen hojas reducidas o carecen de ellas; en tal caso, es el
tallo el que actúa como superficie fotosintética (véase
Cactáceas). En otras ocasiones el tallo, que recibe el nombre
de filóclado o filocladio, se transforma para adquirir el
aspecto de una hoja, como ocurre en el rusco (Ruscus aculeatus).
Algunos reptan sobre la superficie del suelo y reproducen la
planta de la que proceden por medios vegetativos; es un
fenómeno común entre las gramíneas (véase Reproducción
vegetativa). Otros tallos son subterráneos y actúan como
órganos de almacenamiento de nutrientes que, en muchos casos,
aseguran la supervivencia de la planta durante el invierno;
son ejemplos los bulbos de tulipanes, azafranes o narcisos.
6.3 Hojas
Las hojas son los principales órganos fotosintéticos de casi
todas las plantas. Suelen ser láminas planas con un tejido
interior llamado mesofilo que en su mayor parte es de
naturaleza parenquimática; está formado por células poco
apretadas entre las que quedan espacios vacíos que están
llenos de aire, del cual absorben las células dióxido de
carbono y al cual expulsan oxígeno. El mesofilo está limitado
por las caras superior e inferior del limbo foliar, revestido
de tejido epidérmico. Recorre el mesofilo una red vascular que
proporciona agua a las células y conduce los productos
nutritivos de la fotosíntesis a otras partes de la planta.
El limbo foliar está unido al tallo por medio de un delgado
rabillo o peciolo formado en su mayor parte por tejido
vascular. En muchas especies brotan de la base del peciolo
unos apéndices llamados estípulas.
Hay muchas clases de hojas especializadas. Algunas se
modifican y adoptan la forma de espinas que protegen a la
planta de los depredadores. Ciertos grupos de plantas tienen
hojas muy especializadas que capturan y digieren insectos de
los que extraen nutrientes que no pueden sintetizar (véase
Plantas insectívoras). A veces las hojas adoptan colores
luminosos y forma petaloidea para atraer a los insectos
polinizadores hacia las flores, pequeñas y poco atractivas.
Las hojas más modificadas son las flores; en efecto, todas las
piezas florales —carpelos, estambres, pétalos y sépalos— son
hojas modificadas que se encargan de la reproducción.
7 CRECIMIENTO Y DIFERENCIACIÓN
El crecimiento y la diferenciación de los tejidos y órganos
vegetales están controlados por varios factores internos y
externos.
7.1 Hormonas
Las hormonas vegetales, compuestos químicos especializados
producidos por las plantas, son los principales factores
internos que controlan el crecimiento y el desarrollo. Las
hormonas se producen en cantidades muy pequeñas en unas partes
de las plantas y son transportadas a otras, donde ejercen su
acción. Una misma hormona puede desplegar efectos distintos en
diferentes tejidos de destino. Así, la auxina, una de las más
importantes hormonas vegetales, se sintetiza en las yemas
apicales de los tallos y pasa desde allí a otras partes de la
planta, donde puede tanto estimular el crecimiento como
inhibirlo. En los tallos, por ejemplo, la auxina favorece el
alargamiento de las células y la diferenciación del tejido
vascular, mientras que en las raíces inhibe el crecimiento en
la parte central y favorece la formación de raíces
adventicias. También retrasa la abscisión o caída de flores,
frutos y hojas.
Las giberelinas son otras importantes hormonas controladoras
del crecimiento vegetal; se conocen más de cincuenta tipos.
Determinan el alargamiento de los tallos e inducen la
germinación de la semilla de algunas gramíneas al desencadenar
la producción de las enzimas que descomponen el almidón en
azúcares para alimentar al embrión. Las citoquininas fomentan
el crecimiento de las yemas laterales y se oponen así a la
auxina; también favorecen la formación de yemas. Además, las
plantas producen, por descomposición parcial de ciertos
hidrocarburos, el gas etileno, que a su vez regula la
maduración y abscisión de los frutos.
7.2 Tropismos
En el desarrollo y crecimiento de las plantas intervienen
también varios factores externos, que con frecuencia actúan
junto con las hormonas. Un tipo importante de respuesta a
estímulos externos son los llamados tropismos, que determinan
el cambio de la dirección de crecimiento de la planta. Son
ejemplos el fototropismo, o inclinación del tallo hacia la
luz; y el geotropismo, o respuesta del tallo y la raíz a la
gravedad. Los tallos presentan geotropismo negativo, pues
crecen hacia arriba, mientras que las raíces lo presentan
positivo, y crecen hacia abajo. La fotoperiodicidad, o
respuesta a los ciclos de luz y oscuridad, tiene especial
importancia en la determinación del inicio de la floración, de
la foliación y de la caída de las hojas; así, ciertas plantas
son propias de días cortos, y sólo florecen cuando el periodo
de luz es inferior a cierto valor (véase Relojes biológicos).
En el complejo inicio de la floración intervienen también
otras variables, tanto internas (la edad de la planta, por
ejemplo), como externas (la temperatura o la cobertura de
otras plantas que impiden el paso del Sol). Así, muchas
plantas del estrato herbáceo de los bosques caducifolios
suelen florecer antes de que las especies arbóreas echen sus
hojas planas y grandes impidiendo el paso de la luz.
8 ECOLOGÍA
Como las plantas más comunes arraigan en el suelo, suelen
considerarse formas de vida pasivas. Pero un examen de las
elaboradas interacciones que mantienen con su medio biológico
desmiente esta idea.
8.1 Cooperación y competencia
Muchas especies vegetales tienen pies masculinos y femeninos
distintos; en tal caso, el polen de las flores masculinas debe
llegar hasta las femeninas para que tengan lugar los fenómenos
de polinización y desarrollo de la semilla. El agente
polinizador es a veces el viento (elemento del medio físico),
pero en muchos casos es un insecto, un murciélago o un pájaro
(elementos del medio biológico). Las plantas pueden también
confiar a estos agentes la dispersión de las semillas; así,
después de la polinización, el cerezo forma cerezas que atraen
a los pájaros; éstos comen los frutos y excretan los huesos a
cierta distancia del árbol. Otras plantas desarrollan frutos
espinosos que se enganchan en el pelaje de los animales,
desprendiéndose de éstos en otros lugares.
Las plantas han desarrollado muchas otras relaciones
beneficiosas con otros organismos, como las bacterias
fijadoras de nitrógeno que viven en los nódulos radiculares de
las Fabáceas (véase Leguminosas) y de otras familias como las
Betuláces (como en el aliso) o las Eleagnáceas (como en el
árbol del paraíso). Muchas gramíneas de pradera y otras
plantas que medran en terrenos abiertos dependen de distintos
herbívoros, que evitan que el bosque se cierre y les prive de
luz.
Como parte de la competencia entre las plantas por la luz,
muchas especies han aumentado de altura y han formado hojas y
copas de formas especiales para captar los rayos del sol.
Otras producen sustancias químicas que inhiben la germinación
o el arraigamiento de semillas de especies distintas en sus
cercanías; de este modo evitan la competencia por los
nutrientes minerales y la luz. Los nogales, por ejemplo,
utilizan esta forma de alelopatía o inhibición química.
8.2 La red trófica
Como las plantas son organismos autótrofos —es decir, capaces
de sintetizar el alimento que necesitan— se sitúan en la misma
base de la red trófica. Los organismos heterótrofos (incapaces
de sintetizar el alimento que necesitan) son por lo general
menos sedentarios que los vegetales, pero en última instancia
su alimentación depende de los autótrofos. Las plantas sirven
de alimento a los consumidores primarios, que son los
herbívoros, que a su vez dan de comer a los consumidores
secundarios o carnívoros. Los descomponedores actúan en todos
los niveles de la red trófica. Cada salto de esta red supone
una considerable pérdida de energía; en efecto, un nivel
cualquiera acumula sólo el 10% de la energía contenida en el
anterior. Por tanto, la mayor parte de las redes tróficas
están formadas por pocos niveles.
8.3 Las plantas y el ser humano
Desde el inicio de la agricultura en el neolítico hasta
nuestros días, la humanidad ha tomado de la naturaleza y ha
refinado sólo una pequeña proporción de especies vegetales,
que ha convertido en fuentes primordiales de alimentos,
fibras, cobijo y medicinas. Este proceso de cultivo y
selección vegetal comenzó, se supone, por casualidad,
probablemente cuando las semillas de frutos y hortalizas
silvestres amontonadas cerca de los asentamientos humanos
germinaron y empezaron a cultivarse de forma muy primaria.
Algunas plantas, como el trigo (que posiblemente surgió en el
Mediterráneo oriental hace más de 9.000 años) empezaron a
seleccionarse y replantarse año tras año por su considerable
valor alimenticio. En muchos casos, es casi imposible
determinar los ancestros silvestres o las comunidades
vegetales primitivas de las que surgieron las actuales plantas
cultivadas. Este proceso de selección se hacía al principio
sin saber nada sobre mejora vegetal, con la sola guía de la
familiaridad constante y estrecha que la humanidad mantenía
con las plantas antes de la era industrial.
Pero ahora, la relación del ser humano con las plantas es casi
la contraria: éste tiene cada vez menos contacto con sus
cultivos, y los agricultores que sí mantienen ese contacto se
especializan cada vez más en ciertos productos. Por otra
parte, el proceso de selección se ha acelerado mucho,
impulsado sobre todo por el avance de la genética; la genética
vegetal puede desarrollar ahora, en sólo unos años, razas de
maíz resistentes al viento o con otras propiedades semejantes
que multiplican el rendimiento de los cultivos.
Al mismo tiempo, la humanidad ha aumentado la demanda de
alimentos y energía hasta el extremo de que se están
destruyendo especies y ecosistemas vegetales completos, sin
dar tiempo a los científicos para inventariar y conocer las
poblaciones y especies de plantas que podrían ser útiles. La
mayor parte de las especies se conocen poco; las más
prometedoras son propias de regiones tropicales, donde el
rápido crecimiento demográfico puede reducir a gran velocidad
los suelos a extensiones arenosas áridas. El conocimiento
básico de las plantas es importante en sí mismo, pero además
resulta útil en el marco de la solución de las dificultades
que ahora afronta la humanidad. Véase Víveres mundiales.