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Viajar con el presente
Es una metáfora válida para
entender que nuestro pasado nos puede mantener anclados, e
impedir emprender la singladura que nos llevará a surcar los
mares de la existencia en toda su plenitud. ¡Olé mi niño!
Este concepto tan sencillo, la
necesidad de limpiar lo que nos obstruye desde el pasado, para
poder disfrutar el presente, se puede explicar de muy diversos
modos. Para hacerlo comprensible cualquier método puede
servirnos. ¿Y por qué no desde la visión chamánica del
toltequismo o nahualismo? Nada perdemos. Y al menos, promete
ser divertido. Hala pues.
Según este ancestral
conocimiento, lo que llamamos realidad, el mundo que
conocemos, no es más que la interpretación que hacemos de todo
lo que podemos percibir. Como personas “civilizadas”, tenemos
la creencia de que nuestros sentidos y nuestra razón son los
límites de esta percepción. Sin embargo, el chamanismo nos
dice que todo cuanto hay en el universo no es más que energía
que fluye infinita e incesantemente. Lo saben por medio de su
“ver”, que no es otra cosa que aprehender energía
directamente, sin el filtro de la interpretación. Una hazaña
que se consigue tras una vida de extraordinaria disciplina
llamada “el camino del guerrero”. Nada tiene que ver con los
ojos, es una manera de hacer accesible dicho concepto. Y que
los humanos, como forma de vida autoconsciente, somos
receptáculos que solo podemos captar una ínfima parte de
energía. Esa microscópica porción es la que interpretamos y
trasformamos en la “realidad”. Por ello, nuestros sentidos y
nuestra razón, no son más que parte de esas interpretaciones.
No son reales en sí, lo son mientras así los enfoquemos.
Aunque suene a física cuántica, esos brujos lo vislumbraron y
experimentaron en profundidad muchos miles de años antes.
Siguen diciendo, que al nacer,
no vemos el mundo del mismo modo, sino que por un proceso de
socialización, vamos adaptando nuestra percepción a lo que
ellos llaman “el centro de la razón”. Vamos cambiando el punto
desde el que captamos la energía recibida, recogiendo
“emanaciones de racimos” diferentes, y por ende la
interpretación subsiguiente.
Esto ocurre, dicen, porque
todas nuestras vivencias son interrelaciones energéticas, y
que por el proceso de aprendizaje, esta energía que fluye en
cada momento de la vida, va quedando atorada en las nuevas
experiencias, atando y fijando el nuevo punto de percepción,
al que llaman “punto de encaje”, por ser donde encaja la
percepción. Al cabo de los años, por el continuo anclaje
energético vital, este punto está firmemente inmóvil en la
nueva posición, excepto cuando soñamos, o algún suceso
excepcional nos afecta (miedo, fiebre, drogas, etc.). Nuestra
realidad ya es completa. El mundo racional se ha convertido en
omnipresente. Pero no para ellos.
Desbloquear esa energía para
poder desplazar el punto de encaje, y así poder cambiar la
visión del mundo hasta límites inconcebibles para nosotros, es
una parte de su disciplina. La llaman “recapitulación”.
Literalmente, reviven su existencia, en un proceso que ahora
no viene al caso, pero que deshace esa obturación, y les
permite, por un lado, liberar el punto encaje, y por otro, con
la energía recuperada, desplazarlo a voluntad. Es una especie
de psicoanálisis (de magnitud brutal, y sofisticación
abrumadora), pero sin ninguna connotación psicológica, siendo
un acto pragmático, orientado hacia una consecución meramente
práctica en el campo energético.
Ese reordenamiento energético
que consigue zafar una obcecada visión antropocéntrica del
mundo, es muy similar en el fondo a otras muchas formas de
metodología humana. Visualizar el pasado para liberar traumas
por medio de auto hipnosis, reprogramar la mente con mensajes
subliminales, eliminando creencias negativas anquilosadas en
el subconsciente, perdonar los viejos pecados para estar bien
con Dios, psicoanalizarse buscando somatizar momentos
angustiosos lejanos, y muchos más. En fin, ya se sabe, “si no
haces las paces con tu pasado, te puede arruinar el
presente”.
Resumiendo, la ciencia, la
psicología, las religiones, o el chamanismo, todos acaban
diciendo cosas muy parecidas. Cambia la forma, pero no tanto
el fondo: Debemos eliminar el lastre innecesario de nuestro
equipaje, y a ser posible, cambiarlo por elementos útiles que
nos sirvan para continuar progresando. El método que
utilicemos no es la clave, siempre que sirva a nuestros fines.
Como dijo Arístides de Aquenalusa, “no importa el problema,
importa la solución” (no lo busquéis, no existe, pero queda
bonito, y si cuela, cuela). Cada uno, cada naturaleza, escoge
el suyo. No sirve lo mismo para todos. Pero, ¡Rediós!, hagamos
algo, que son cuatro días y luego se acaba.
Y mejor me callo la boca, que
de pequeño me decían que cuando callaba, estaba muy guapo.
Xavier
http://www.autoayudaysuperacion.com
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