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2 CAMBIOS SOCIALES Y TECNOLÓGICOS EN LA INFORMACIÓN
En primer lugar, están los cambios sociales y de organización.
El procesado de información se ha vuelto cada vez más visible
e importante en la vida económica, social y política. Una
prueba es el crecimiento estadístico de las ocupaciones
especializadas en actividades de la información. Estas
ocupaciones suponen hoy la mayor cuota del empleo en muchas
sociedades industrializadas. La categoría más extensa es la de
los procesadores de información —fundamentalmente trabajadores
administrativos—, seguida por la de productores de
información, distribuidores y trabajadores de infraestructura.
En segundo lugar, está el cambio tecnológico. Las nuevas
tecnologías de la información (IT) basadas en la
microelectrónica, junto con otras innovaciones, como los
discos ópticos o la fibra óptica, permiten enormes aumentos de
potencia y reducciones de coste en toda clase de actividades
de procesado de información (el término ‘procesado de
información’ cubre la generación, almacenamiento, transmisión,
manipulación y visualización de información, que incluye datos
numéricos, de texto, de sonido o de vídeo). Los aspectos de
procesado de información de todos los trabajos pueden cambiar
a través de las IT, por lo que la revolución no se limita a
las ocupaciones relacionadas con la información; por ejemplo,
los robots industriales cambian la naturaleza del trabajo en
las fábricas.
La informática y las telecomunicaciones (y también campos como
la radiotelevisión o la edición) eran en el pasado sectores
bastante diferenciados, que implicaban tecnologías distintas.
En la actualidad, estos sectores han convergido alrededor de
algunas actividades clave, como el uso de Internet. Los
actuales dispositivos informáticos y de telecomunicaciones
manejan datos en forma digital empleando las mismas técnicas
básicas. Estos datos pueden ser compartidos por muchos
dispositivos y medios, procesarse en todos ellos y emplearse
en una amplia gama de actividades de procesado de información.
El ritmo de adopción de nuevas IT ha sido muy rápido, mucho
más que el de otras tecnologías revolucionarias del pasado,
como la máquina de vapor o el motor eléctrico. A los 25 años
de su invención, el microprocesador se había convertido en
algo corriente en casi todos los lugares de trabajo y en
muchos hogares: no solo está presente en los ordenadores, sino
en una inmensa variedad de dispositivos, desde teléfonos o
televisores hasta lavadoras o juguetes infantiles.
3 EL RUMBO DE LA REVOLUCIÓN DE LA INFORMACIÓN
Algunos analistas consideran que el resultado de la revolución
de la información será tan profundo como el cambio de la
sociedad agrícola a la industrial (véase Revolución
Industrial). Otros consideran que la transformación es
esencialmente un cambio de una forma de sociedad industrial a
otra, semejante al ocurrido en anteriores revoluciones
tecnológicas.
Una cuestión fundamental es la velocidad a la que se adaptarán
las instituciones sociales para aprovechar las nuevas formas
de hacer las cosas que son posibles gracias a las nuevas IT.
Aunque algunos empleos y algunos aspectos de la vida de las
personas parecen haber cambiado muy deprisa, muchos otros dan
la impresión de haberse visto relativamente poco afectados.
Los historiadores subrayan que puede pasar mucho tiempo hasta
que se generaliza lo que más tarde parece ser la forma obvia
de emplear una nueva tecnología. Por ejemplo, los motores
eléctricos se utilizaron inicialmente como si fueran máquinas
de vapor, propulsando numerosos dispositivos mediante un motor
centralizado en lugar de usar un motor pequeño para cada
aparato.
A menudo, las nuevas IT se han introducido en sistemas de
trabajo o de vida bien establecidos sin alterarlos
radicalmente. Por ejemplo, la oficina tradicional —con
secretarias que trabajan en teclados, notas escritas sobre
papel e intercambio manual de documentos— se ha mantenido
sorprendentemente estable aunque las máquinas de escribir
hayan sido sustituidas por ordenadores.
La tecnología que suele ganar aceptación es la que encaja más
fácilmente con las formas tradicionales de hacer las cosas.
Por ejemplo, el fax, que podía aceptar documentos manuscritos
o mecanografiados, y cuyo uso se delegaba a menudo a una
secretaria, tuvo un gran éxito en la década de 1980. A
comienzos de esa década se había predicho que el fax
desaparecería pronto y sería sustituido por el correo
electrónico, pero eso demostró ser un cambio organizativo
demasiado grande (véase Ofimática).
4 TENDENCIAS EN EL EMPLEO
La tendencia a adaptar una nueva tecnología a las estructuras
establecidas, en lugar de empezar desde cero, se ha
documentado en numerosas ocasiones. Es una de las razones por
las que no se produjeron las inmensas pérdidas de empleos
administrativos que se predecían a finales de la década de
1970 y principios de la siguiente, cuando se empezaron a
utilizar los procesadores de textos a gran escala. Sin
embargo, eso no es una razón para suponer que las estructuras
actuales permanecerán inalteradas. El interés industrial en
nuevas formas de organización (tales como nuevas estructuras
de gestión, coordinación de actividades a larga distancia
mediante telecomunicaciones, teletrabajo y otras formas de
trabajo a distancia) indica la voluntad de plantearse cambios.
La llamada “empresa hueca” es uno de los esfuerzos para ganar
flexibilidad. La empresa intenta prescindir de la propiedad y
manejo directos de muchas instalaciones que tradicionalmente
habrían sido suyas, y subcontrata a otras empresas la
producción, distribución y otras tareas. Por ejemplo,
numerosas compañías de ordenadores compran muchos de sus
componentes —a veces la mayoría— a suministradores
especializados, y algunas empresas hacen poco más que diseñar
el ordenador, que es montado por otras empresas.
Una idea relacionada es la eliminación de niveles, o
aplanamiento, por la que la empresa intenta eliminar las
numerosas capas de dirección intermedia y administración que
tradicionalmente procesaban información entre los altos
directivos y los trabajadores de base. Los nuevos sistemas de
información se usan para permitir una comunicación rápida con
un número reducido de niveles organizativos.
A finales de la década de 1990 se puso de manifiesto la
integración de las IT de oficina: cada vez se intercambiaba
más material por correo electrónico (que por fin se estableció
firmemente); muchos profesionales empleaban ordenadores o
computadoras personales directamente (a menudo en casa o
durante los viajes, además de en la oficina), y cada vez más
ordenadores personales estaban conectados a una red. Sigue
siendo objeto de debate si esto llevará a una pérdida de
empleos administrativos. Algunos analistas consideran que la
destrucción de empleos en sectores basados en oficinas —como
los servicios financieros, que emplean las IT de forma
intensiva— son un indicio de lo que se avecina. Otros
argumentan que los problemas de desempleo de las sociedades
industriales están más relacionados con los cambios políticos
y económicos que con el uso de nuevas tecnologías. De hecho
están surgiendo nuevos servicios relacionados con la
información, lo que crea nuevos empleos. Aunque es posible que
hayan desaparecido algunos empleos en las oficinas, otros
empleos administrativos tradicionales han aumentado de nivel
para incluir funciones adicionales, que son posibles gracias a
las nuevas IT, tales como la autoedición, la gestión de bases
de datos o determinados servicios al cliente.
Ha habido un debate similar en torno a la calidad de la vida
laboral. La revolución de la información, ¿ha aumentado o
disminuido la cualificación de los trabajadores? ¿Ha mejorado
las condiciones de trabajo o las ha degradado? Los datos de
que se dispone hasta el momento indican un panorama de
claroscuros. Desde luego, hay algunas áreas en las que han
empeorado las condiciones y se ha perdido cualificación, y han
aparecido muchos empleos poco cualificados, por ejemplo en la
elaboración y distribución de comidas rápidas. Sin embargo,
también existe una tendencia a aumentar de nivel ciertos
empleos, y hay una gran demanda de nuevas capacidades técnicas
y de combinaciones de estas capacidades. No ha habido una
reducción masiva en la cualificación.
Sí se ha producido una polarización de la fuerza laboral en
cuanto a cualificación del trabajo y niveles salariales; al
mismo tiempo se ha ido abriendo una brecha entre los que
tienen empleo y los parados. Independientemente de que esto se
deba a la revolución de la información o a factores económicos
y políticos más o menos coincidentes, es evidente la amenaza
de una fractura social cada vez mayor entre los ‘ricos en
información’ y los ‘pobres en información’. Los primeros, a
diferencia de los segundos, disponen de conocimientos técnicos
para procesar información, de acceso a tecnologías avanzadas
en su trabajo, y de dinero para invertir en IT en sus hogares.
5 LA TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN Y EL CONSUMIDOR
A un ritmo variable, las IT están penetrando en los hogares.
La repercusión de las innovaciones en el sector de consumo
puede ser sustancial. La difusión del automóvil hizo posibles
nuevas formas de vida, con un aumento de las viviendas en la
periferia urbana y de los centros comerciales en las afueras,
así como una reducción en los servicios de trenes y autobuses.
La expansión de las IT de consumo está asociada con cambios en
la forma de trabajar (por ejemplo, el teletrabajo), de jugar
(nuevos sistemas de juegos domésticos), de hacer las compras
(telecompra) y de aprender (productos multimedia de distintos
tipos, como esta enciclopedia).
Las IT también se pueden utilizar para controlar funciones
corporales (termómetros, pulsímetros o tensiómetros digitales)
y para proporcionar un seguimiento y asesoramiento sanitario y
de estilo de vida (recomendación de niveles de ejercicio,
revisiones médicas o dietas). Hace tiempo que existen
teléfonos de consulta que ofrecen asesoramiento y servicios
médicos; estos y otros servicios se ofrecen ya en Internet, a
veces en formas rudimentarias.
6 PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓN DE LA INFORMACIÓN
La introducción masiva de los automóviles privados supuso un
fuerte desafío para el transporte público, y otros servicios
públicos, como la educación o la sanidad, podrían sufrir
desafíos similares con la revolución de la información. La
preocupación cada vez mayor por lo cambiante de las relaciones
entre la actividad pública y la privada, se refleja en amplios
debates sobre problemas potenciales, tales como:
Amenazas a la intimidad (acceso no autorizado a datos
personales, aumento de la vigilancia de espacios públicos por
cámaras de seguridad...).
El llamado ‘aislacionismo’ (una reducción en las actividades
compartidas, al dedicarse los individuos a sus propios
intereses de forma aislada).
El ámbito de participación (¿hasta qué punto pueden las
personas decidir sobre usos de las IT que les afectan?,
¿fomentan los nuevos medios de comunicación el surgimiento de
nuevos movimientos sociales y de nuevas formas de grupos de
intereses, grupos de presión y de movilización?).
Cuestiones sobre la propiedad del conocimiento (¿quién tiene
derecho a cobrar por qué tipos de información?, ¿deben amplios
sectores de los medios de comunicación estar controlados por
unas pocas empresas?, ¿cuál es el alcance de la libertad de
información que debe practicar el Estado?).
Todo esto se suma a los problemas de desigualdad de
información mencionados anteriormente. La revolución de la
información implica, sobre todo, un cambio en el papel que
desempeña en nuestra sociedad el procesado de la información.
No es sorprendente que se estén planteando cuestiones
fundamentales sobre el acceso a información de tipo íntimo o
valioso, y sobre el uso que se hace de la misma.
El resultado de la revolución de la información dependerá de
las acciones y decisiones sociales, no solo de los avances
tecnológicos. Igual que las sociedades industrializadas
adoptan diversas formas en todo el mundo, y existen muchas
formas de vida dentro de las mismas, es probable que en el
futuro haya una amplia gama de sociedades de la información.
No obstante, como las nuevas IT permiten una comunicación más
internacional, y hay cada vez más empresas que actúan en el
mercado planetario, hay unas fuerzas muy potentes para que los
elementos de distintas culturas del mundo se compartan en una
escala sin precedentes.
Artículo enviado
por Juan Quezada Marcos, Panamà.
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