No siempre
podemos demostrar nuestro sentimientos, obligándonos a
encubrirlos para sobrellevar la impotencia de su existencia,
sacrificando su impulso de compartir para incluirlo en la
gaveta de la intimidad. Lo mismo sucede con el ánimo que nos
invade, pero su control se encuentra en la voluntad de la
acción.
Establecemos
que el ánimo sanitario es aquel queanteponemosal
medio social para revestir la realidad que nos inunda y...preferimos
no mostrar!
Ladecisiónla
sujetamos en nuestras manos, ya que el control transita por el
camino de la voluntad, considerando que la misma tiene la
suficiente fuerza para sostener determinada situación a lo
largo delintervalo
teatralnecesario.
La
motivación que moviliza ésta actitud encubridora suele
fundamentarse tanto en lavergüenzacomo
en laubicuidad,
ya sea un factor u otro no altera la actitud, pero el hecho de
conocer su origen permite establecer la intensidad en el
esfuerzo, así como los momentos dondeliberarsede
la presión...para
reposar al ánimo!
Si
bien los factores externos son los quediagnosticanla
presencia del sanitarismo, también los mismos alteran elmatizde
su aplicación, puesto que el hecho de temer a la crítica se
encuentra dentro la clasificación íntima acerca de la
importancia de quién tenemos enfrente, ya que debido a las
consecuencias de laapreciaciónmanifiesta,
resulta el motor de nuestras acciones presentes.
En
el caso de que eldictamenajeno
genere un veredicto dañino a la imagen laboral, implica un
aumento en la potencia actoral, que fácilmente se direcciona
hacia logrotesco,
hasta rayando en elabsurdo,
lo cual puede resultar más perjudicial que la veracidad de lo
indemostrable, pero la necesidad monetaria -o la ambición-
jerarquiza al desorden y a la confusión anímica.
Cuando
el escenario social requiere de otras vestimentas que lassensacionesempáticas,
se recurre a la experiencia sobre el conocimiento de nuestro
interlocutor, tratando de satisfacer sus expectativas sin
menospreciar su capacidad, invocando a todo nuestro arsenal de
sensibilidad subjetiva para desarrollar el germen de laseducción.
Cuando
determinamos que la función sanitaria superó a la
eventualidad, deponemos la actitud paraarrojarlapor
el vacío del olvido, ya que el hecho de no haber expuesto la
sinceridad suscita cierto malestar que no condice con la
personalidad, abriendo un espacioinconcluso,
el cual se deberá explicar cuando la ocasión lo notifique con
susderivaciones.
Este
juegocircunstancialdebe
tratarse como tal, evitando su permanencia dentro de los
cuadros habituales, ya que su instalacióndesconectanuestra
presencia ante la realidad, obligándonos a madurar nuestro
ánimo a fin de permaneceríntegros,
fructificando nuestro bienestar en todos los ámbitos donde
trascendemos paracrecer.
El
desconcierto que flota en la ciénaga de los valores
personales, es la diferencia entre lahipocresía-o
cloacal- y lo sanitario, dejando claro que la primera es la
actitud defingirciertas
cualidades -o virtudes- que no se poseen, no siendo éste el
caso de tratamiento, ya que la inconsistencia de determinadas
actitudes transitorias no compadece con establecer conceptos,
sino todo lo contrario, se enarbola un escudo para luego
deponerlo...no
una espada para ganar!
Lo
estoico del sanitarismo es concedernos el argumento de la
autoprotección, asumiendo la conciencia activa de manera
consentida, a fin de amparar lafragilidadde
los sentimientos cuando no se encuentran estabilizados, y nos
decora la imposibilidad de resolverlos en el devenir
cotidiano, obligándonos a su postergación para emerger del mar
de las dudas ocasionales.