Jesús de Nazaret, es la figura
central del
cristianismo;
también conocido
como Jesús, Cristo o Jesucristo.
Para la mayoría de las denominaciones cristianas, es el
Hijo de Dios
y, por extensión, una encarnación de Dios mismo. Su
importancia estriba asimismo en la creencia de que, con su
muerte y posterior
resurrección,
redimió al
género humano.
En el
Islam,
donde es conocido por el nombre de
Isa, lo
consideran también como uno de sus
profetas
más importantes. Es uno de los personajes que han ejercido una
mayor influencia en la
cultura
occidental.
Jesucristo
Servicios en Internet:
Según la
opinión mayoritariamente aceptada en medios académicos, basada
en una lectura crítica de los textos sobre su figura,
Jesús de Nazaret fue un predicador
judío
que vivió a comienzos del
siglo I
en las regiones de
Galilea
y
Judea y
fue
crucificado
en
Jerusalén
en torno al año
30.
Lo que se
conoce de Jesús depende casi absolutamente
de la tradición cristiana, especialmente de la utilizada para
la composición de los
evangelios sinópticos,
redactados, según opinión mayoritaria, unos 30 ó 40 años, como
mínimo, después de su muerte. La mayoría de los estudiosos
considera que mediante el estudio de los evangelios es posible
reconstruir tradiciones que se remontan a contemporáneos de
Jesús, aunque existen grandes discrepancias entre los
investigadores en cuanto a los métodos de análisis de los
textos y las conclusiones que de ellos pueden extraerse.
Existe una minoría que niega la existencia histórica de Jesús
de Nazaret.
Jesús en
el Nuevo Testamento
Lo que
figura a continuación es un relato de la vida de Jesús tal y
como aparece en los cuatro evangelios incluidos en el Nuevo
Testamento, considerados libros sagrados por todas las
confesiones cristianas. El relato evangélico es la fuente
principal para el conocimiento de Jesús, y constituye la base
de las interpretaciones que de su figura hacen las diferentes
ramas del cristianismo. Aunque puede contener elementos
históricos, expresa fundamentalmente la fe de las comunidades
cristianas en la época en que estos textos fueron escritos, y
la visión que por entonces tenían de Jesús de Nazaret
Nacimiento e infancia de Jesús
Los relatos
referentes al nacimiento e infancia de Jesús proceden
exclusivamente de los evangelios de Mateo (Mt 1,18-2,23) y de
Lucas (Lc 1,5-2,52), si bien presentan diferencias entre sí.
No hay relatos de este tipo en los evangelios de Marcos y
Juan.
Según Mateo, María y su esposo, José, viven (según parece,
pues no se relata ningún viaje) en Belén. María queda
inesperadamente embarazada y José resuelve repudiarla, pero un
ángel le anuncia en sueños que el embarazo de María es obra
del Espíritu Santo y profetiza, con palabras del profeta
Isaías (Is 7,14), que su hijo será el Mesías que esperan los
judíos (Mt 1,19-21). Unos magos de Oriente llegan a Jerusalén
preguntando por el "rey de los judíos que acaba de nacer" con
la intención de adorarlo, lo que alerta al rey de Judea,
Herodes el Grande, que decide acabar con el posible rival. Los
magos, guiados por una estrella, llegan a Belén y adoran al
niño.
De nuevo, el
ángel visita a José (Mt 2,13) y le advierte de la inminente
persecución de Herodes, por lo que la familia huye a Egipto y
permanece allí hasta la muerte del monarca (que es notificada
a José por el ángel, que se le presenta por tercera vez: Mt
2,19-29).
En el
evangelio de Lucas, María y José viven en la ciudad galilea de
Nazaret. La historia de la concepción de Jesús se entrelaza
aquí con la de Juan el Bautista —ya que en este evangelio
María e Isabel, madre del Bautista, son parientes— y el
nacimiento de Jesús es notificado a María por el ángel Gabriel
(lo que se conoce como Anunciación: Lc 1,26-38).
El emperador
Augusto ordena un censo en el cual cada uno debe empadronarse
en su lugar de nacimiento y José debe viajar a Belén, por ser
originario de este lugar. Jesús nace en Belén mientras se
encuentran de viaje y es adorado por pastores. Lucas añade
además breves relatos sobre la circuncisión de Jesús, sobre su
presentación en el Templo y su encuentro con los doctores en
el Templo de Jerusalén, en un viaje realizado con motivo de la
Pascua, cuando contaba doce años.
En los
evangelios de Mateo y de Lucas aparecen sendas genealogías de
Jesús (Mt 1, 2-16; Lc 3, 23-38). La de Mateo se remonta al
patriarca Abraham, y la de Lucas a Adán, el primer hombre
según el Génesis. Estas dos genealogías son idénticas entre
Abrahán y David, pero difieren a partir de este último, ya que
la de Mateo hace a Jesús descendiente de Salomón, mientras
que, según Lucas, su linaje procedería de Natam, otro de los
hijos de David. En ambos casos, lo que se muestra es la
ascendencia de José, a pesar de que, según los relatos de la
infancia, éste solo habría sido el padre putativo de Jesús.
Bautismo y Tentaciones de Jesucristo
La llegada de Jesús fue profetizada por Juan el Bautista (su
primo según el Evangelio de Lucas), por quien Jesús fue
bautizado en el río Jordán. Durante el bautismo, el Espíritu
de Dios, en forma de paloma, descendió sobre Jesús, y se
escuchó la voz de Dios.
Según los sinópticos, el Espíritu condujo a Jesús al desierto,
donde ayunó durante cuarenta días y superó las tentaciones a
las que fue sometido por el Demonio. No se menciona este
episodio en el Evangelio de Juan. Después Jesús marchó a
Galilea, se estableció en Cafarna15] y comenzó a predicar la
llegada del Reino de Dios.
Vida pública
Acompañado por sus seguidores, Jesús recorrió las regiones de
Galilea y Judea predicando el evangelio y realizando numerosos
milagros. El orden de los hechos y dichos de Jesús varía según
los diferentes relatos evangélicos. Tampoco se indica cuánto
tiempo duró la vida pública de Jesús, aunque el Evangelio de
Juan menciona que Jesús celebró la fiesta anual de la Pascua
judía (Pésaj) en Jerusalén en tres ocasiones. Los sinópticos
se refieren solo a una fiesta de Pascua, durante la cual Jesús
fue crucificado.
Gran parte de los hechos de la vida pública de Jesús narrados
en los evangelios tienen como escenario la zona septentrional
de Galilea, en las cercanías del mar de Tiberíades, o lago de
Genesaret, especialmente la ciudad de Cafarnaúm, pero también
otras, como Corozaín o Betsaida. También visitó, en el sur de
la región, localidades como Caná o Naín, y la aldea en la que
se había criado, Nazaret, donde fue recibido con hostilidad
por sus antiguos convecinos. Su predicación se extendió
también a Judea (según el Evangelio de Juan, visitó Jerusalén
en tres ocasiones desde el comienzo de su vida pública), y
estuvo en Jericó y Betania (donde resucitó a Lázaro).
Escogió a sus principales seguidores (llamados en los
evangelios Apóstoles; en griego, «enviados»), en número de
doce, de entre el pueblo de Galilea. En los sinópticos se
menciona la lista siguiente: Simón, llamado Pedro y su hermano
Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y
Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y
Tadeo; Simón el celoso y Judas Iscariote, el que
posteriormente traicionaría a Jesús (Mt 10,2-4; Mc 3,16-19; Lc
6, 13-16). Algunos de ellos eran pescadores, como las dos
parejas de hermanos formadas respectivamente por Pedro y
Andrés, y Juan y Santiago. Mateo se identifica generalmente
con Leví el de Alfeo, un publicano de quien en los tres
sinópticos se relata brevemente cómo fue llamado por Jesús (Mt
9,9; Mc 2,14; Lc 5,27-28). lo que acarreó a Jesús numerosos
reproches de los fariseos.
El Evangelio de Juan sólo menciona los nombres de nueve de los
apóstoles, aunque en varios pasajes hace referencia a que eran
doce.
Predicó tanto en sinagogas como al aire libre, y las
muchedumbres se congregaban para escuchar sus palabras. Entre
sus discursos, destaca el llamado Sermón de la Montaña, en el
Evangelio de Mateo (Mt 5-7). Utilizó a menudo parábolas para
explicar a sus seguidores el Reino de Dios. Las parábolas de
Jesús son breves relatos cuyo contenido es enigmático (a
menudo han de ser después explicadas por Jesús). Tienen en
general un contenido escatológico y aparecen exclusivamente en
los evangelios sinópticos. Entre las más conocidas están la
parábola del sembrador (Mt 13,3-9; Mc 4,3-9; Lc 8,5-8), cuyo
significado explica Jesús a continuación; la de la semilla que
crece (Mc 4,26-29); la del grano de mostaza (Mt 13,31-32; Mc
4,30-32), la de la cizaña (Mt 13,24-30), la de la oveja
perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7), la del siervo despiadado (Mt
18, 23-35), la de los obreros enviados a la viña (Mt 20,1-16),
la de los dos hijos (Mt 21,28-32), la de los viñadores
homicidas (Mt 21,33-42; Mc 12,1-11; Lc 20,9-18); la de los
invitados a la boda (Mt 22, 1-14), la de las diez vírgenes (Mt
25,1-13), la de los talentos (Mt 25,14-30; Lc 19,12-27). Dos
de las más conocidas aparecen solo en el Evangelio de Lucas:
se trata de las parábolas del samaritano (Lc 10,30-37) y del
hijo pródigo (Lc 15,11-32). En las parábolas, utiliza Jesús
frecuentemente imágenes relacionadas con la vida campesina.
Mantuvo controversias con miembros de algunas de las más
importantes sectas religiosas del judaísmo, y muy
especialmente con los fariseos, a quienes acusó de hipocresía
y de no cuidar lo más importante de la Torá: la justicia, la
compasión y la lealtad (Mt 12, 38-40; Lc 20, 45-47)
La originalidad de su mensaje radicaba en la insistencia en el
amor al enemigo (Mt 5,38-48;Lc 6, 27-36) así como en su
relación estrechísima con Dios a quien llamaba en arameo con
la expresión familiar Abba (Padre) que ni Marcos (Mc 14,36) ni
Pablo (Rm 8, 15; Gal 4, 6) traducen. Se trata de un Dios
cercano que busca a los marginados, a los oprimidos (Lc 4, 18)
y a los pecadores (Lc 15) para ofrecerles su misericordia. La
oración del Padre nuestro (Mt 6,9-13: Lc 11,1-4), que
recomendó utilizar a sus seguidores, es clara expresión de
esta relación de cercanía con Dios antes mencionada.
Milagros de jesús
Según los evangelios, durante su ministerio Jesús realizó
varios milagros. En total, en los cuatro evangelios canónicos
se narran 27 milagros, de los cuales 14 son curaciones de
distintas enfermedades, cinco exorcismos, tres resurrecciones,
dos prodigios de tipo natural y tres signos extraordinarios.
Los evangelios narran las siguientes curaciones milagrosas
obradas por Jesús:
Sanó la
fiebre de la suegra de Pedro, en su casa en Cafarnaúm,
tomándola de la mano (Mc 1,29-31; Mt 5,14-15; Lc 4,38-39);
Sanó a un leproso galileo mediante la palabra y el contacto de
su mano (Mc 1,40-45; Mt 8,1-4; Lc 5,12-16); Sanó a un
paralítico en Cafarnaúm que le fue presentado en una camilla y
al que había perdonado sus pecados, ordenándole que se
levantara y se fuera a su casa (Mc 2, 1-12; Mt 9,1-8; Lc
5,17-26); Sanó a un hombre con la mano seca en sábado en una
sinagoga, mediante la palabra (Mc 3,1-6; Mt 12,9-14;Lc
6,6-11); Sanó a una mujer que padecía flujo de sangre, que
sanó al tocar el vestido de Jesús (Mc 5,25-34; Mt 9,18-26; Lc
8,40-56); Sanó a un sordomudo en la Decápolis metiéndole los
dedos en los oídos, escupiendo, tocándole la lengua y
diciendo: "Effatá", que significa "ábrete" (Mc 7,31-37); Sanó
a un ciego en Betsaida poniéndole saliva en los ojos e
imponiéndole las manos (Mc 8,22-26); Sanó a Bartimeo, el ciego
de Jericó (Mt 20,29-34; Mc 10,46-52;Lc 18,35-45); Sanó a
distancia al criado del centurión de Cafarnaúm (Mt 8,5-13, Lc
7,1-10, Jn 4,43-54; Jn 4,43-54); Sanó a una mujer que estaba
encorvada y no podía enderezarse, mediante la palabra y la
imposición de manos (Lc 13,10-17).
Esta
curación tuvo lugar también en sábado y en una sinagoga; Sanó
a un hidrópico en sábado, en casa de uno de los principales
fariseos (Lc 14, 1-6). Sanó a diez leprosos, que encontró de
camino a Jerusalén, mediante la palabra (Lc 17,11-19). Sanó a
un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, en
Jerusalén, en sábado (Jn 5,1-9). Sanó a un ciego de nacimiento
untándolo con lodo y saliva, tras lo cual le ordenó lavarse en
la piscina de Siloé (Jn 9,1-12). En los evangelios canónicos
aparecen cinco relatos de expulsiones de espíritus
impuros
(exorcismos) realizados por Jesús:
Expulsó a un
demonio en la sinagoga de Cafarnaúm (Mc 1,21-28; Lc 4,31-37);
a otro en la región de Gerasa (Mt 8,28-34; Mc 5,1-21; Lc
8,26-39); a otro que poseía a la hija de una mujer sirofenicia
(Mt 15,21-28;Mc 7,24-30); a otro que atormentaba a un
epiléptico (Mt 17,24-20; Mc 9,14-27; Lc 9,37-43); a un
"demonio mudo" (Lc 11,14; Mt12,22). Además, hay varios pasajes
que hacen referencia de modo genérico a exorcismos de Jesús (Mc
1,32-34;Mc 3,10-12).
Según los evangelios, Jesús obró tres resurrecciones:
Resucitó una
niña de doce años, la hija de Jairo (Mc 5,21-24, Mt 9,18-26,
Lc 8,40-56). Jesús afirmó que la niña no estaba muerta, sino
solo dormida (Mt 9,24;Mc 5,39;Lc 8,52). al hijo de la viuda de
Naín (Lc 7,11-17). a Lázaro (Jn 11,1-44).
Jesús obró
también, según los evangelios, dos prodigios de tipo natural,
en los que se pone de manifiesto la obediencia de las fuerzas
naturales (el mar y el viento) a su autoridad. Jesús ordena a
la tempestad que se calme y ésta obedece (Mt 8,23-27; Mc
4,35-41; Lc 8,22-25). Jesús camina sobre las aguas (Mt
14,22-33; Mc 6,45-52; Jn 6,16-21).
Tres signos extraordinarios, que tienen un sentido
acusadamente simbólico:
Multiplicación de los panes y los peces. Es el único de todos
los milagros de Jesús que es registrado por todos los
evangelios (Mc 6,32-44; Mt|14,13-21; Lc 9,10-17; Jn 6,1-13).
Ocurre en dos ocasiones según los evangelios de Marcos (Mc
8,1-10) y Mateo (Mt 15,32-39); la pesca milagrosa (Lc 5,1-11;
Jn 21,1-19); la conversión del agua en vino en las bodas de
Caná (Jn 2,1-11).
En esos tiempos, los escribas, fariseos y otros, atribuyeron a
una confabulación con Belcebú este poder de expulsar a los
demonios. Jesús se defendió enérgicamente de estas
acusaciones. Según los relatos evangélicos, Jesús no solo
tenía el poder de expulsar demonios, sino que transmitió ese
poder a sus seguidores. Incluso se menciona el caso de un
hombre que, sin ser seguidor de Jesús, expulsaba con éxito
demonios en su nombre.
Arresto de Jesucristo
Tras la
cena, según los sinópticos, Jesús y sus discípulos fueron a
orar al huerto de Getsemaní. Los apóstoles, en lugar de orar,
se quedaron dormidos, y Jesús sufrió un momento de fuerte
angustia con respecto a su destino, aunque decidió acatar la
voluntad de Dios.
Judas había efectivamente traicionado a Jesús, para entregarlo
a los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de Jerusalén
a cambio de treinta piezas de plata. Acompañado de un grupo
armado de espadas y garrotes, enviado por los príncipes de los
sacerdotes y los ancianos, llegó a Getsemaní y reveló la
identidad de Jesús besándole la mejilla. Jesús fue arrestado.
Por parte de sus seguidores hubo un conato de resistencia,
pero finalmente todos se dispersaron y huyeron.
Juicio de Jesucristo
Tras su
detención, Jesús fue llevado al palacio del sumo sacerdote
Caifás (según el Evangelio de Juan, fue llevado primero a casa
de Anás, suegro de Caifás). Allí fue juzgado ante el Sanedrín.
Se presentaron falsos testigos, pero como sus testimonios no
coincidían no fueron aceptados. Finalmente, Caifás preguntó
directamente a Jesús si era el Mesías, y Jesús dijo: "Tú lo
has dicho". El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras ante lo
que consideraba una blasfemia. Los miembros del Sanedrín
escarnecieron cruelmente a Jesús. En el Evangelio de Juan,
Jesús fue llevado primero ante Anás y luego ante Caifás. Solo
se detalla el interrogatorio ante Anás, bastante diferente del
que aparece en los sinópticos. Pedro, que había seguido a
Jesús en secreto tras su detención, se encontraba oculto entre
los sirvientes del sumo sacerdote. Reconocido como discípulo
de Jesús por los sirvientes, le negó tres veces (dos según el
Evangelio de Juan), como Jesús le había profetizado.
A la mañana siguiente, Jesús fue llevado ante Poncio Pilato,
el procurador romano. Tras interrogarle, Pilato no le halló
culpable, y pidió a la muchedumbre que eligiera entre liberar
a Jesús o a un conocido bandido, llamado Barrabás. La
multitud, persuadida por los príncipes de los sacerdotes,
pidió que se liberase a Barrabás, y que Jesús fuese
crucificado. Pilato se lavó simbólicamente las manos para
expresar su inocencia de la muerte de Jesús.
Crucifixión de Jesús
Jesús fue azotado, lo vistieron con un manto rojo, le pusieron
en la cabeza una corona de espinas y una caña en su mano
derecha. Los soldados romanos se burlaban de él diciendo:
"Salud, rey de los Judíos". Fue obligado a cargar la cruz en
la que iba a ser crucificado hasta un lugar llamado Gólgota,
que significa, en arameo, "lugar del cráneo". Le ayudó a
llevar la cruz un hombre llamado Simón de Cirene.
Dieron de beber a Jesús vino con hiel. Él probó pero no quiso
tomarlo. Tras crucificarlo, los soldados se repartieron sus
vestiduras. En la cruz, sobre su cabeza, pusieron un cartel en
arameo, griego y latín con el motivo de su condena: "Este es
Jesús, el Rey de los Judíos", que a menudo en pinturas se
abrevia INRI ("Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum", literalmente
"Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos"). Fue crucificado entre
dos ladrones.
Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó: "Elí, Elí, lemá
sabactani", que en arameo significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado?", según los evangelios de Mateo y
Marcos. Las palabras finales de Jesús difieren en los otros
dos evangelios. También hay diferencia entre los evangelios en
cuanto a qué discípulos de Jesús estuvieron presentes en su
crucifixión: en Mateo y Marcos, son varias de las mujeres
seguidoras de Jesús; en el Evangelio de Juan se menciona
también a la madre de Jesús y al "discípulo a quien amaba"
(según la tradición cristiana, se trataría del apóstol Juan,
aunque en el texto del evangelio no se menciona su nombre).
Sepultura
Un seguidor
de Jesús, llamado José de Arimatea, solicitó a Pilato el
cuerpo de Jesús la misma tarde del viernes en que había
muerto, y lo depositó, envuelto en una sábana, en un sepulcro
excavado en la roca. Cubrió el sepulcro con una gran piedra.
Según el Evangelio de Mateo (no se menciona en los otros
evangelios), al día siguiente, los "príncipes de los
sacerdotes y los fariseos" pidieron a Pilato que colocase
frente al sepulcro una guardia armada, para evitar que los
seguidores de Jesús robasen su cuerpo y difundieran el rumor
de que había resucitado. Pilato accedió.
Resusección y ascensión
Los cuatro evangelios relatan que Jesús resucitó de entre los
muertos al tercer día después de su muerte y se apareció a sus
discípulos en varias ocasiones. En todos ellos, la primera en
descubrir la resurrección de Jesús es María Magdalena. Dos de
los evangelios (Marcos y Lucas) relatan también su ascensión a
los cielos. Los relatos sobre Jesús resucitado varían, sin
embargo, según los evangelios:
En el Evangelio de Mateo, María Magdalena y "la otra María"
fueron al sepulcro en la mañana del domingo. Sobrevino un
terremoto, y un ángel vestido de blanco removió la piedra del
sepulcro y se sentó sobre ella. Los guardias, que presenciaron
la escena, temblaron de miedo y "se quedaron como muertos" (Mt
28, 1-4). El ángel anunció a las mujeres la resurrección de
Jesús, y les encargó que dijeran a los discípulos que fueran a
Galilea, donde podrían verle. Al regresar, el propio Jesús les
salió al encuentro, y les repitió que dijeran a los discípulos
que fueran a Galilea (Mt 28, 5-10). Entre tanto, los guardias
avisaron a los príncipes de los sacerdotes de lo ocurrido.
Éstos les sobornaron para que divulgaran la idea de que los
discípulos de Jesús habían robado su cuerpo (Mt 28, 11-15).
Los once apóstoles fueron a Galilea, y Jesús les hizo el
encargo de predicar el evangelio (Mt 28, 16-20).
En el Evangelio de Marcos, tres seguidoras de Jesús, María
Magdalena, María la de Santiago y Salomé, fueron al sepulcro
el domingo, muy de mañana, con la intención de ungir a Jesús
con perfumes (Mc 16, 1-2). Vieron que la piedra que cubría el
sepulcro estaba removida. Dentro del sepulcro, descubrieron a
un joven vestido con una túnica blanca, quien les anunció que
Jesús había resucitado, y les ordenó que dijesen a los
discípulos y a Pedro que fuesen a Galilea para allí ver a
Jesús. Se indica que María y sus compañeras no dijeron nada a
nadie, pues tenían miedo (Mc 16, 3-8). A continuación, se dice
que Jesús se apareció a María Magdalena (sin mencionar a las
otras mujeres), y que esta dio al resto de los seguidores de
Jesús la buena noticia, pero no fue creída (Mc 16, 9-11).
Jesús volvió a aparecerse, esta vez a dos que iban de camino:
cuando estos discípulos contaron lo ocurrido, tampoco se les
creyó (Mc 16, 12-13). Finalmente, se apareció a los once
apóstoles, a los que reprendió por no haber creído en su
resurrección. Les encomendó predicar el evangelio, y subió a
los cielos, donde está sentado a la derecha de Dios (Mc 16,
14-20).
En el Evangelio de Lucas, algunas mujeres, María Magdalena,
Juana y María de Santiago, y otras cuyos nombres no se
mencionan, acudieron al sepulcro para ungir a Jesús con
perfumes. Encontraron removida la piedra del sepulcro,
entraron en él y no encontraron el cuerpo (Lc 24, 1-3).
Entonces se les aparecieron dos hombres con vestiduras
deslumbrantes, quienes les anunciaron la resurrección de Jesús
(Lc 24, 4-7).
Las mujeres
anunciaron la resurrección a los apóstoles, pero estos no las
creyeron (Lc 24,8-11), excepto Pedro, que fue al sepulcro y
comprobó que el cuerpo había desaparecido (Lc 24, 12). Ese
mismo día, Jesús se apareció a dos discípulos que caminaban de
Jerusalén a Emaús, que lo reconocieron en el momento de la
fracción del pan (Lc 24, 13-35). Poco después se presentó ante
los once, que creyeron que se trataba de un espíritu, pero les
demostró que era él en carne y huesos, y comió en su presencia
(Lc24,36-43). Les explicó el sentido de su muerte y
resurrección (Lc 24,44-49), y, más tarde, los llevó cerca de
Betania, donde ascendió al cielo (Lc 24,50-53).
En el Evangelio de Juan, María Magdalena fue al sepulcro muy
de madrugada y descubrió que la piedra había sido removida.
Corrió en busca de Pedro y del "discípulo a quien Jesús amaba"
para avisarles (Jn 20,1-2). Los dos corrieron hacia el
sepulcro. El discípulo amado llegó primero, pero no entró en
el sepulcro. Pedro entró primero y vio las fajas y el sudario,
pero no el cuerpo. El otro discípulo entró después, "y vio y
creyó" (Jn 20, 3-10). Magdalena se quedó fuera, y se le
aparecieron dos ángeles vestidos de blanco. Le preguntaron:
"¿Por qué lloras, mujer?", y ella contestó: "Porque han tomado
a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". Se volvió hacia
atrás, y vio a Jesús resucitado, quien le preguntó a su vez
por qué lloraba. Magdalena le confundió con el hortelano, y le
preguntó dónde había puesto a Jesús. Jesús la llamó:
"¡María!", y ella lo reconoció, respondiendo: "¡Rabbuní!".
Jesús le pidió que no lo tocara, ya que aún no había subido al
Padre, y pidió que avisara a sus hermanos de que iba a subir
al Padre. Magdalena fue a anunciar lo ocurrido a los
discípulos (Jn 20, 11-18).
Ese mismo
día, por la tarde, Jesús se apareció al lugar en que los
discípulos se encontraban ocultos por temor de los judíos. Les
saludó diciendo "La paz sea con vosotros", les mostró la mano
y el costado, y, soplando, les envió el Espíritu Santo. Uno de
los once, Tomás, no estaba con el resto cuando tuvo lugar la
aparición de Jesús, y no creyó que el aparecido fuera
realmente Jesús (Jn 20, 19-25). Ocho días después, Jesús
volvió a aparecerse a todos los discípulos, incluido Tomás.
Para vencer su incredulidad, Jesús le dijo que tocara su mano
y su costado. Tomás creyó en él (Jn 20, 26-29). Más adelante,
Jesús volvió a aparecerse a siete de sus discípulos cuando
estaban pescando junto al Mar de Tiberiades. No habían pescado
nada; les pidió que volvieran a echar la red y la sacaron
llena de peces. Entonces lo reconocieron, y comieron con él
panes y peces (Jn 21,1-14). Tras esto, se relata una
conversación entre Jesús y Pedro, en la que interviene también
el "discípulo amado" (Jn 21,15-23).
Profecías en el Antiguo Testamento concernientes a Jesús
Según los
autores del Nuevo Testamento, la vida de Jesús supuso el
cumplimiento de algunas profecías formuladas en ciertos libros
del Antiguo Testamento. Los libros bíblicos más citados en
este sentido por los primeros cristianos fueron Isaías,
Jeremías, los Salmos, Zacarías, Miqueas y Oseas. Para los
autores del Nuevo Testamento, en una visión compartida por los
cristianos posteriores, en estos textos se anuncia la venida
de Jesús de Nazaret, que sería el Mesías que esperaba el
pueblo de Israel.
A menudo los
redactores de los evangelios, sobre todo el autor del
Evangelio de Mateo, citan explícitamente estos textos para
subrayar el cumplimiento de estas profecías en la vida y
muerte de Jesús. Entre otras cosas, consideran que fueron
profetizadas las circunstancias y el lugar de nacimiento de la
muerte de Jesús (Is 7,14; Miq 5,2); su relación con Galilea (Is
9,1); su condición mesiánica (Is 9, 6-7; Is 11, 1-9; Is 15,
5); el papel de precursor de Juan el Bautista (Is 40,3) e
incluso su pasión y muerte sacrificial (a este respecto se
citan sobre todo cuatro poemas, incluidos en el Deutero
Isaías, o "Segundo Isaías", que presentan la figura de un
"Siervo de Yahvé", a cuyo sacrificio se atribuye un valor
redentor, pero también otros muchos pasajes.
Los judíos, que también consideran sagrados estos libros, no
aceptan la creencia cristiana de que estas profecías se
refieren a Jesús de Nazaret. Para la investigación histórica
actual, el principal interrogante es hasta qué punto estos
libros contribuyeron a moldear los relatos evangélicos.
Jesús según la investigación histórica
A diferencia
de lo que ocurre con otros personajes de la Antigüedad, pero
al igual que sucede con otros muchos, no existen evidencias
arqueológicas que permitan verificar la existencia de Jesús de
Nazaret. La explicación principal que se da a este hecho es
que Jesús no alcanzó mientras vivía una relevancia suficiente
como para dejar constancia en fuentes arqueológicas, dado que
no fue un importante líder político, sino un sencillo
predicador itinerante. Si bien los hallazgos de la arqueología
no pueden ser aducidos como prueba de la existencia de Jesús
de Nazaret, sí confirman la historicidad de gran número de
personajes, lugares y acontecimientos descritos en las
fuentes. Según Hugh J. Schonfield, el hecho de que no
haya testimonios arqueológicos sobre Jesús se debe a las
guerras posteriores de los judíos contra Roma.
Por otro lado, Jesús, como otros muchos destacados dirigentes
religiosos y filósofos de la Antigüedad, no escribió nada, o,
al menos, no hay constancia alguna de que así haya sido. Todas
las fuentes para la investigación histórica de Jesús de
Nazaret son, por lo tanto, textos escritos por otros autores.
El más antiguo documento inequívocamente concerniente a Jesús
de Nazaret es el llamado papiro P52, que contiene un fragmento
del Evangelio de Juan y que data, según los cálculos más
extendidos, de hacia 125, es decir, aproximadamente un siglo
después de la fecha probable de la muerte de Jesús (hacia el
año 30).
Si bien los testimonios materiales referentes a la vida de
Jesús son muy tardíos, la investigación filológica ha logrado
reconstruir la historia de estos textos con un alto grado de
probabilidad, lo que arroja como conclusión que los primeros
textos sobre Jesús (algunas cartas de Pablo) son posteriores
en unos veinte años a la fecha probable de su muerte, y que
las principales fuentes de información acerca de su vida (los
evangelios canónicos) se redactaron en la segunda mitad del
siglo I. Existe un amplio consenso acerca de esta cronología
de las fuentes, al igual que es posible datar algunos (muy
escasos) testimonios acerca de Jesús en fuentes no cristianas
entre la última década del siglo I y el primer cuarto del
siglo II.
En el estado actual de conocimientos acerca de Jesús de
Nazaret, la opinión predominante en medios académicos es que
se trata de un personaje histórico, cuya biografía y mensaje
fueron significativamente alterados por los redactores de las
fuentes, que actuaron movidos por intereses religiosos.
Existe, sin embargo, una minoría de estudiosos que, desde una
crítica radical de las fuentes, consideran probable que Jesús
no fuese un personaje histórico real, sino una entidad mítica,
similar a otras figuras objeto de culto en la Antigüedad.
Fuentes
Solo las
fuentes cristianas, obviamente parciales, proporcionan
información acerca de Jesús de Nazaret. Los textos cristianos
reflejan principalmente la fe de las comunidades primitivas, y
no pueden considerarse, sin más, documentos históricos.
Los textos en los que la crítica actual cree posible hallar
información acerca del Jesús histórico son, principalmente,
los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas).
Secundariamente, proporcionan también información acerca de
Jesús de Nazaret otros escritos del Nuevo Testamento
(Evangelio de Juan, epístolas de Pablo de Tarso), algunos
evangelios apócrifos (como los de Tomás y Pedro), y otros
textos cristianos.
Por otro lado, existen referencias a Jesús en unas pocas obras
no cristianas. En algunos casos se ha puesto en duda su
autenticidad (Flavio Josefo), o que se refieran al mismo
personaje cuya vida relatan las fuentes cristianas (Suetonio).
Apenas aportan alguna información, excepto que fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato (Tácito), que llamó la atención
por sus "hechos portentosos" (Flavio Josefo) y que fue
considerado un embaucador por los judíos ortodoxos. Sin
embargo, estas escuetas referencias confirman que no se dudó
de la existencia de Jesús en la Antigüedad.
Fuentes cristianas
Son muy
numerosos los escritos cristianos de los siglos I y II en los
que se encuentran referencias a Jesús de Nazaret. Sin embargo,
solo una pequeña parte de los mismos contiene información útil
acerca de él. Todos ellos reflejan, en primer lugar, la fe de
los cristianos de la época, y solo secundariamente revelan
información biográfica sobre Jesús.
Los principales son:
Las cartas de Pablo de Tarso: escritas, según la datación más
probable, entre los años 50 y 60. Son los documentos más
tempranos acerca de Jesús, pero la información biográfica que
proporcionan es escasa.
Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), incluidos
por la Iglesia en el canon del Nuevo Testamento. En general,
suelen datarse entre los años 70 y 90. Proporcionan gran
cantidad de información, pero reflejan principalmente la fe de
los primeros cristianos, y son documentos bastante tardíos.
El Evangelio de Juan, también incluido en el Nuevo Testamento.
Fue escrito probablemente hacia 90-100. Suele considerarse
menos fiable que los sinópticos, ya que presenta concepciones
teológicas mucho más evolucionadas. Sin embargo, no puede
excluirse que contenga tradiciones sobre el Jesús histórico
bastante más antiguas.
Algunos de los llamados evangelios apócrifos, no incluidos en
el canon del Nuevo Testamento. Una gran parte de estos textos
son documentos muy tardíos que no aportan información sobre el
Jesús histórico. Sin embargo, algunos de ellos, cuya datación
es bastante controvertida, podrían transmitir información
sobre dichos o hechos de Jesús: entre aquellos a los que suele
concederse una mayor credibilidad están el Evangelio de Tomás,
el Evangelio Egerton, el Evangelio secreto de Marcos y el
Evangelio de Pedro.
Las cartas de Pablo de Tarso
Los textos
más antiguos conocidos relativos a Jesús de Nazaret son las
cartas escritas por Pablo de Tarso, consideradas anteriores a
los evangelios. Pablo no conoció personalmente a Jesús. Su
conocimiento de él y de su mensaje, según sus propias
afirmaciones, puede provenir de una doble fuente: por un lado,
sostiene en sus escritos que se le apareció el propio Jesús
resucitado para revelarle su evangelio, una revelación a la
que Pablo concedía gran importancia (Gal 1,11-12); por otro,
también según su propio testimonio, mantuvo contactos con
miembros de varias comunidades cristianas, entre ellos varios
seguidores de Jesús. Conoció, según él mismo afirma en la
Epístola a los Gálatas, a Pedro (Gal 2, 11-14), Juan (Gal 2,
9), y Santiago, al que se refiere como "hermano del Señor" (Gal
1, 18-19; 1 Cor 15, 7).
Aunque en el Nuevo Testamento se atribuyen a Pablo catorce
epístolas, solo existe consenso entre los investigadores
actuales en cuanto a la autenticidad de siete de ellas, que se
datan generalmente entre los años 50 y 60 (1 Tesalonicenses,
Filipenses, Gálatas, 1 Corintios, 2 Corintios, Romanos y
Filemón). Estas epístolas son cartas dirigidas por Pablo a
comunidades cristianas de diferentes lugares del Imperio
Romano, o a individuos particulares. En ellas se tratan
fundamentalmente aspectos doctrinales del cristianismo. Pablo
se interesa sobre todo por el sentido sacrificial y redentor
que según él tienen la muerte y resurrección de Jesús, y son
escasas sus referencias a la vida de Jesús o al contenido de
su predicación.
Sin embargo, las epístolas paulinas sí proporcionan alguna
información. En primer lugar, se afirma en ellas que Jesús
nació "según la Ley" y que era del linaje de David, "según la
carne" (Rom 1,3), y que los destinatarios de su predicación
eran los judíos circuncisos (Rom 15,8). En segundo lugar,
refiere ciertos detalles acerca de su muerte: indica que murió
crucificado (2 Cor 13,4), que fue sepultado y que resucitó al
tercer día (1 Cor 15,3-8), y atribuye su muerte a los judíos
(1 Tes 2, 14) y también a los “poderosos de este mundo” (1 Cor
2,8). Además, la Primera Epístola a los Corintios contiene un
relato de la Última Cena (1 Cor,23:27), semejante al de los
evangelios sinópticos (Mt 26, 26-29; Mc 14,22-25; Lc
22,15-20).
Evangelios sinópticos
Los estudiosos están de acuerdo en que la principal fuente de
información acerca de Jesús se encuentra en tres de los cuatro
evangelios incluidos en el Nuevo Testamento, los llamados
sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas, cuya redacción se sitúa
generalmente entre los años 70 y 100.
El punto de vista dominante en la crítica actual es que los
evangelios no fueron escritos por testigos personales de la
actividad de Jesús. Se cree que fueron escritos en griego por
autores que no tenían conocimiento directo del Jesús
histórico. Algunos autores, sin embargo, continúan manteniendo
el punto de vista tradicional sobre esta cuestión, que los
atribuye a personajes citados en el Nuevo Testamento.
Aunque no es aceptada por la totalidad de los críticos, las
afinidades entre estos evangelios suelen ser explicadas por la
llamada teoría de las dos fuentes, propuesta ya en 1838 por Ch.
Weisse, y que fue luego significativamente matizada por B.H.
Streeter en 1924. Según esta teoría, el evangelio más antiguo
es Marcos (y no Mateo, como se creía anteriormente). Tanto
Lucas como Mateo son posteriores, y utilizaron como fuente
Marcos, lo que explica el material común entre los tres
sinópticos, denominado "de triple tradición". Pero, además,
existió una segunda fuente, a la que se dio el nombre de Q,
que contenía casi exclusivamente palabras de Jesús, lo cual
explica el llamado material de doble tradición, que se
encuentra en Mateo y Lucas, pero no en Marcos (Q es hoy
considerado un documento independiente, del que incluso
existen ediciones críticas). Por último, tanto Lucas como
Mateo contienen material propio, que no se encuentra en
ninguna de las dos fuentes hipotéticas.
El grado de fiabilidad que se concede a los evangelios depende
de los estudiosos. La opinión más extendida es que son
principalmente textos apologéticos, es decir, de propaganda
religiosa, cuya intención principal es difundir una imagen de
Jesús acorde con la fe de las primitivas comunidades
cristianas, pero que contienen, en mayor o menor medida, datos
acerca del Jesús histórico. Se ha demostrado que contienen
varios errores históricos y geográficos, numerosas
incongruencias narrativas y abundantes elementos
sobrenaturales que son sin duda expresiones de fe y de los que
se discute si tienen o no un origen histórico. Sin embargo,
sitúan a Jesús en un marco histórico verosímil, en general
acorde con lo conocido mediante fuentes no cristianas, y
esbozan una trayectoria biográfica bastante coherente.
La corriente de investigación llamada "Historia de las
Formas", cuyos máximos representantes fueron Rudolf Bultmann y
Martin Dibelius, se orientó sobre todo a estudiar la
"prehistoria" literaria de los evangelios. Estos autores
determinaron que los evangelios (incluido Q, considerado como
un "protoevangelio") son compilaciones de unidades literarias
menores, denominadas perícopas, que pertenecen a géneros
literarios diferentes (narraciones de milagros, diálogos
didácticos, enseñanzas éticas, etc.). Estas perícopas tienen
su origen último en la tradición oral sobre Jesús, pero solo
algunas de ellas se refieren a dichos y hechos verdaderos del
Jesús histórico. Más adelante, otra escuela, denominada
"Historia (o Crítica) de la Redacción", destacó el hecho de
que, a la hora de compilar y unificar narrativamente el
material de que disponían, los autores de los evangelios
respondían a motivaciones teológicas.
Para datar los evangelios sinópticos, un aspecto de particular
importancia son las referencias a la destrucción del Templo de
Jerusalén. Estudiando estas referencias, la mayoría de los
autores coinciden en afirmar que los tres sinópticos, en su
estado actual, son posteriores a la destrucción del templo
(año 70), en tanto que Q es muy probablemente anterior.
Los autores de los evangelios responden a motivaciones
teológicas concretas. En sus obras, intentan armonizar las
tradiciones recibidas acerca del Jesús histórico con la fe de
las comunidades a las que pertenecen.
Documento Q: la existencia de este "protoevangelio", como se
ha dicho antes, se ha inducido a partir de la investigación
textual de las afinidades entre los sinópticos. En la
actualidad, se ha avanzado mucho en la reconstrucción de este
texto hipotético. Se considera que fue escrito en griego, que
contenía principalmente dichos de Jesús, y que fue redactado,
probablemente en Galilea en un momento anterior a la guerra
judía, probablemente entre los años 40 y 60. En cuanto a su
contenido, se han encontrado importantes paralelos entre Q y
un evangelio apócrifo de difícil datación, el Evangelio de
Tomás.
Evangelio de Marcos: fue escrito en griego, posiblemente en
Siria, o tal vez en Roma, y se data generalmente en torno al
año 70, por lo cual se trata del evangelio más antiguo que se
conserva. Se considera básicamente una recopilación de
materiales de tradición escrita y oral, entre los cuales
destaca, por su unidad estructural, la narración de la Pasión,
pero que incluyen también antologías de milagros, tradiciones
apocalípticas (especialmente Mc 13) y disputas y diálogos
escolares.
Evangelio
de Mateo
fue escrito
en griego, posiblemente en Siria, y es más tardío que Marcos,
al que utiliza como fuente. Probablemente se redactó en los
años 80 del siglo I. Combina como fuentes Q, Marcos, y otras,
y su intención principal es destacar la figura de Jesús como
plenitud de la Ley y los profetas del Antiguo Testamento, por
lo cual utiliza abundantemente citas de las Escrituras judías.
Evangelio de Lucas: es la primera parte de una obra unitaria
cuya segunda parte es el texto conocido como Hechos de los
Apóstoles, dedicada a narrar los orígenes del cristianismo. Al
igual que Mateo, utiliza como fuentes Q y Marcos.
Evangelio de Juan
Generalmente
se considera que el Evangelio de Juan es más tardío que los
sinópticos (data en torno al año 100) y que la información que
ofrece acerca del Jesús histórico es menos fiable. Muestra una
teología más desarrollada, ya que presenta a Jesús como un ser
preexistente, sustancialmente unido a Dios, enviado por él
para salvar al género humano. Sin embargo, parece que utilizó
fuentes antiguas, en algunos casos independientes de los
sinópticos, por ejemplo, en lo relativo a la relación entre
Jesús y Juan el Bautista, y al proceso y ejecución de Jesús.
Relata pocos milagros de Jesús (solo siete), para los que
posiblemente utilizó como fuente un hipotético "Evangelio de
los Signos". En este evangelio son muy numerosas las escenas
de la vida de Jesús que no tienen un paralelo en los
sinópticos (entre ellas, algunas de los más conocidas, como
las bodas de Caná o la resurrección de Lázaro de Betania).
Evangelios apócrifos
Se denomina
evangelios apócrifos a aquellos textos sobre hechos o dichos
de Jesús no incluidos en el canon del Nuevo Testamento. Como
señala Antonio Piñero, la mayor parte de los apócrifos no
aportan información válida sobre el Jesús histórico, ya que se
trata de textos bastante tardíos (posteriores a 150), y que
utilizan como fuentes los evangelios canónicos.
Existen, sin embargo, algunas excepciones notables: el
Evangelio de Pedro, el Papiro Egerton 2 y el Papiros de
Oxirrinco y, muy especialmente, el Evangelio de Tomás. Sobre
la datación de estos textos no hay acuerdo entre los
especialistas, pero la posición mayoritaria es que pueden
contener información auténtica acerca de Jesús. Dado su
carácter fragmentario, sin embargo, se han utilizado sobre
todo para confirmar informaciones que también transmiten los
evangelios canónicos.
Otros textos cristianos
Dichos
atribuidos a Jesús en otros libros del Nuevo Testamento: estos
dichos son denominados convencionalmente agrapha, es decir "no
escritos". Dejando aparte las cartas de Pablo, ya mencionadas,
se encuentran dichos atribuidos a Jesús en Hechos de los
Apóstoles (Hch 20, 35); en la Epístola de Santiago y en la
Primera epístola de Pedro.
Referencias
de otros escritores cristianos de los siglos II y III, entre
las que destacan la primera y segunda epístolas de Clemente;
las cartas de Ignacio de Antioquía; y un texto perdido,
atribuido a Papías, titulado Exposición de las palabras del
Señor, que supuestamente recogía tradiciones orales sobre
Jesús, y del que se conocen solo fragmentos por citas de
autores posteriores, como Ireneo de Lyon y Eusebio de Cesarea.
La historicidad de estas referencias es considerada en general
bastante dudosa.
Fuentes no cristianas
Artículo principal: Referencias históricas no cristianas sobre
Jesús de Nazaret
Apenas hay menciones de Jesús en fuentes no cristianas de los
siglos I y II. Ningún historiador se ocupó por extenso de su
historia: solo existen alusiones de pasada, algunas de ellas
ambiguas y una (el "Testimonio Flaviano") de la que se
sospecha que se trata de una falsificación posterior.
Estas fuentes pueden dividirse en:
Fuentes judías
Dos menciones en una obra del historiador judío Flavio Josefo,
Antigüedades judías.
El primer pasaje de la citada obra que menciona a Jesús es
conocido con el nombre de "Testimonio Flaviano". Se encuentra
en Ant., 18, 63. Fue objeto de interpolaciones posteriores por
copistas cristianos, y se discute incluso si en su versión
original aludía a Jesús.
El segundo pasaje tiene mayores visos de verosimilitud, ya que
está estrechamente relacionado con el contexto de la obra y
parece improbable que se trate de una interpolación. Se
encuentra en Ant., 20, 200, y se refiere a la lapidación de
Santiago, que el texto identifica como hermano de Jesús, un
personaje que es identificado del mismo modo en algunos textos
de Pablo de Tarso. Tampoco hay consenso acerca de este pasaje,
pero la mayor parte de los autores lo considera auténtico.
Menciones en el tratado Sanhedrin del Talmud babilónico: no
está claro si estos pasajes se refieren a Jesús de Nazaret. En
Sanh., 43 a. se dice que Yeshu fue colgado "la víspera de
Pascua", por haber practicado la hechicería y por incitar a
Israel a la apostasía. Se menciona incluso el nombre de cinco
de sus discípulos: Matthai, Nakai, Nezer, Buni y Todah. La
mayor parte de los estudiosos data esta referencia en fecha
muy tardía, y no la considera una fuente de información
independiente.
Fuentes romanas
Brevísimas menciones en sendas obras de Plinio el Joven
(62-113), Tácito (61-117) y Suetonio (m. 160). Son más bien
referencias a la actividad de los cristianos:
A comienzos del siglo II, Plinio el Joven, en una carta al
emperador Trajano, menciona que los cristianos "le cantan
himnos a Cristo (casi Dios, según dicen)" (Epístolas 10:96).
Hacia 116 ó 117, el historiador Tácito, hablando de las
persecuciones de Nerón, comenta que los cristianos toman su
nombre "de un tal Cristo, que en época de Tiberio fue
ajusticiado por Poncio Pilato" (Anales, 15:44:2-3).
Suetonio, hacia 120, menciona a los cristianos y en otro
pasaje de la misma obra, hablando del emperador Claudio, dice
que a "los judíos, instigados por Chrestus, los expulsó de
Roma por sus hábitos escandalosos" (De Vita Caesarum. Divus
Claudius, 25). El nombre "Chrestus" ha sido interpretado como
una lectura deficiente de "Christus"; sin embargo, no puede
excluirse que el pasaje haga referencia a un agitador judío en
la Roma de los años 50.
Existe otro texto que, aunque es bastante dudoso, podría ser
una referencia a Jesús de Nazaret: se trata de una carta,
conservada en siríaco, escrita por un tal Mara Bar-Serapion,
en la que se habla de un "rey sabio" condenado a muerte por
los judíos. No hay acuerdo sobre si esta carta data del siglo
I, II o III de nuestra era, y tampoco está claro si es o no
una referencia a Jesús de Nazaret.
La escasez de fuentes no cristianas indica sin duda que la
actividad de Jesús no llamó la atención en su época, a pesar
de que, según las fuentes cristianas, su predicación congregó
a multitudes. Estas fuentes no aportan absolutamente nada
nuevo al conocimiento de Jesús como personaje histórico, y
únicamente han sido aducidas para demostrar su existencia.
Metodología i cristianismo
La
investigación histórica de las fuentes cristianas sobre Jesús
de Nazaret exige la aplicación de métodos críticos que
permitan discernir las tradiciones que se remontan al Jesús
histórico de aquellas que constituyen adiciones posteriores,
correspondientes a las primitivas comunidades cristianas.
La iniciativa en esta búsqueda partió de investigadores
cristianos. Durante la segunda mitad del siglo XIX, su
aportación principal se centró en la historia literaria de los
evangelios.
Los principales criterios sobre los que existe consenso a la
hora de interpretar las fuentes cristianas son, según Antonio
Piñero, los siguientes:
Criterio de desemejanza o disimilitud: según este criterio,
pueden darse por ciertos aquellos hechos o dichos atribuidos a
Jesús en las fuentes que sean contrarios a concepciones o
intereses propios del judaísmo anterior a Jesús o del
cristianismo posterior a él. Contra este criterio, se han
formulado objeciones, ya que, al desvincular a Jesús del
judaísmo del siglo I, se corre el peligro de privarle del
contexto necesario para entender varios aspectos fundamentales
de su actividad.
Criterio de
dificultad: pueden considerarse también auténticos aquellos
hechos o dichos atribuidos a Jesús que resulten incómodos para
los intereses teológicos del cristianismo.
Criterio de
atestiguación múltiple: pueden considerarse auténticos
aquellos hechos o dichos de Jesús de los que pueda afirmarse
que proceden de diferentes estratos de la tradición. A este
respecto, suelen considerarse que, al menos parcialmente,
aportan fuentes independientes entre sí Q, Marcos, el material
propio de Lucas, el material propio de Mateo, el Evangelio de
Juan, ciertos evangelios apócrifos (muy especialmente, en
relación con los dichos, el Evangelio de Tomás, pero también
otros como el Evangelio de Pedro o el Evangelio Egerton), y
otros. Este criterio se refiere también a la atestiguación de
un mismo dicho o hecho en formas o géneros literarios
diferentes.
Criterio de
coherencia o consistencia: pueden darse también por ciertos
aquellos dichos o hechos que son coherentes con lo que los
criterios anteriores han permitido establecer como auténtico.
Criterio de
plausibilidad histórica: según este criterio, puede
considerarse histórico aquello que sea plausible en el
contexto del judaísmo del siglo I, así como aquello que pueda
contribuir a explicar ciertos aspectos del influjo de Jesús en
los primeros cristianos. Como resalta Piñero, este criterio
contradice al de desemejanza, enunciado en primer lugar.
No todos los
autores, sin embargo, interpretan del mismo modo estos
criterios, e incluso hay quienes niegan la validez de algunos
de ellos.
Jesús en la literatura
Desde
finales del siglo XIX, son numerosos los autores literarios
que han dado su interpretación personal de la vida de Jesús.
Entre las obras más destacadas que han tratado el tema pueden
citarse:
Fiodor Dostoievski: Los hermanos Karamázov (1880).
Mijaíl Bulgákov: El maestro y Margarita (escrito entre 1928 y
1940, publicado en 1967).
Robert Graves: Rey Jesús (1947).
Nikos Kazantzakis: Cristo Crucificado (1948) y La última
tentación de Cristo (1951), en la que se basaría Martin
Scorsese para su película homónima.
Fulton Oursler: La historia más grande jamás contada (1949).
En la que se basó la película de George Stevens.
Anthony Burgess: El hombre de Nazareth (1979), sirvió de base
para la Serie Jesús de Nazaret de Franco Zeffirelli
José Saramago: El Evangelio según Jesucristo (1991).
Norman Mailer: El Evangelio según el Hijo (1997).
Fernando Sánchez Dragó: Carta de Jesús al Papa (2001).
Gore Vidal: En directo desde el Gólgota (1992); también
parcialmente basado en la historia de Jesús de Nazaret,
Mesías, 1955.
El misterio
de la vida de Jesús ha sido también el tema de algunas obras
de literatura de consumo, a veces en géneros como la ciencia
ficción o la novela de misterio:
Mirza Ghulam Ahmad: Jesús en la India 1899
Andreas Faber-Kaiser: Jesús vivió y murió en Cachemira
Juan José Benítez: Caballo de Troya (1984-2006; saga de varios
volúmenes).
Fida Hassnain: La historia de Jesús (1995)
Jesús en el cine
Artículo
principal: Jesús de Nazaret en el cine
La vida de Jesús según los relatos del Nuevo Testamento, y
generalmente desde una perspectiva cristiana, ha sido un tema
frecuente en el cine casi desde su misma aparición. De hecho,
Jesús de Nazaret es uno de los personajes más interpretados en
el cine. Ya en 1898 la vida de Jesús fue llevada a la pantalla
por Georges Hatot y Louis Lumière, en un filme titulado La vie
et la passion de Jésus-Christ. En el cine mudo destaca la
superproducción Rey de reyes (1927), de Cecil B. DeMille.
El tema fue abordado después en varias ocasiones, y desde muy
numerosos puntos de vista: desde las superproducciones de
Hollywood, como Rey de reyes (Nicholas Ray, 1961) y La
historia más grande jamás contada (George Stevens, 1965),
hasta las visiones más austeras de cineastas como Pier Paolo
Pasolini (El Evangelio según San Mateo, 1964), o más
intelectuales como la presente en The Man from Earth, donde se
menciona la teoría de que Jesús pasó muchos años de su vida en
medio oriente, en donde conoció a Buda. Dieron su personal
interpretación de la figura de Jesús también autores como
Buñuel (Nazarín, 1958), y Dreyer (Ordet, 1954).
Algunas de las películas más recientes sobre la vida de Jesús
no han estado exentas de polémica: es el caso de La última
tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese, basada en la
novela homónima de Nikos Kazantzakis, muy criticada en general
por su interpretación de Jesús, bastante apartada del punto de
vista cristiano tradicional. El filme de Mel Gibson, La Pasión
de Cristo (2004) suscitó en cambio la aprobación de amplios
sectores del cristianismo, pero fue tachado de antisemita por
algunos miembros de la comunidad judía.
El personaje de Jesús ha sido tratado en el cine desde muy
variados ángulos. No faltan, por ejemplo, aproximaciones
paródicas a la figura del iniciador del cristianismo, como La
vida de Brian (Terry Jones, 1979), musicales, como la célebre
Jesucristo Superstar (Norman Jewison, 1973), e incluso filmes
de animación, como The Miracle Maker (Derek W. Hayes y
Stanislav Sokolov, 2000).
Jesús en el teatro musical
La vida de
Jesús también ha sido convertida en musical y llevada a los
escenarios en lugares como Broadway. Entre las aproximaciones
líricas a la vida y obra de Jesús destacan Jesucristo
Superstar, ópera rock con música de Andrew Lloyd Webber y
libreto de Tim Rice, representada por primera vez en 1970.
Mucho más alternativa es la obra Godspell, con música de
Stephen Schartz y libreto de John-Michael Tebelak,
representada por primera vez en 1971.