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La muerte ni
tomará nada, ni nos dará nada
En el Día de Todos los Santos, millones de personas se acercan
cada año de una forma especial a la muerte, a través del
recuerdo de sus seres queridos. Pero, ¿sirve esto para
reflexionar de forma seria y consecuente sobre la muerte? En
el libro “Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret”,
se lee al respecto: “Una y otra vez os oigo hablar de la
muerte. ¿Qué es para vosotros la muerte? Para muchos es el
final. Pero la muerte no es otra cosa que el paso a otra forma
de existencia, en la que vivís de igual modo a como habéis
sido siendo seres humanos. La muerte no tomará nada de
vosotros, tampoco os dará nada. El alma que abandona el cuerpo
es la misma que estaba en el hombre y que el hombre reflejó.
Tras la muerte física, por tanto, no alcanzáis la
resurrección”.

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Se podría decir
que el alma es la misma después de la muerte y sin embargo es
una extraña para sí misma, porque como seres humanos en
realidad no nos conocemos, es decir no nos hemos reconocido. Y
esto es en definitiva un problema de nuestro tiempo, porque
las personas vivimos en su mayoría en una inercia que deja
pasar los días sin reconocernos en ellos. Sin embargo todo lo
que tapamos lo grabamos en el alma y esta grabación es la que
se lleva nuestra alma al más allá tras la muerte. Sí esto no
lo hemos analizado y cuestionado con sinceridad en vida, tras
la muerte seremos unos extraños para nosotros mismos. Seremos
forasteros de nosotros mismos en ámbitos en los que el alma
quiere avanzar, para regresar a su origen espiritual, al hogar
eterno divino, resultándole muy difícil.
¿Qué es lo que realmente nos llevamos al Más allá? Aquello que
hemos impregnado en nuestra alma. Y justamente eso es lo
decisivo para cada uno, es decir, que todo aquello que
realmente fuimos como ser humano, no en apariencia sino en la
realidad de nuestras intenciones y trasfondos, es lo que
realmente impregna al alma, porque todo es energía, también
nuestras sensaciones, intenciones reales y pensamientos. Por
la física moderna sabemos que ninguna energía se pierde,
tampoco el contenido de nuestros pensamientos, sentimientos,
palabras y obras, o sea todo nuestro comportamiento queda
grabado energéticamente y eso se lo lleva el alma al más allá
determinando su caminar posterior.
Si hay una certeza real en la vida, es que cada uno de
nosotros un día morirá, por ello merece la pena prepararse
para poder pasar al Más allá habiendo aprovechado la vida,
pues la única muerte real, incluso en vida, es aquella
oscuridad del alma que apenas se ha ocupado de Dios, de Cristo
y sobre todo de los Mandamientos de Dios y de las enseñanzas
de Jesús de Nazaret, y en caso de haberlo hecho, como mucho
solo se ha hablado de ellos, pero apenas se los ha puesto en
práctica.
Teresa Antequera Cerverón
73891412-W
www.editorialvidauniversal.com
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